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	<title>Revista LUTHOR</title>
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		<title>Revista LUTHOR</title>
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<item xml:lang="es">
		<title>La l&#237;rica en la &#233;poca de su reproductibilidad t&#233;cnica</title>
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		<dc:date>2012-04-29T00:00:00Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Guadalupe Campos</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;La guitarra muerta en el ropero de la teor&#237;a&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?rubrique11" rel="directory"&gt;9&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;&#191;Para qui&#233;n canto yo entonces?&lt;br /&gt;
Si los humildes nunca me entienden.&lt;br /&gt;
Si los hermanos se cansan&lt;br /&gt;
de o&#237;r las palabras que oyeron siempre.&lt;br /&gt;
Si los que saben no necesitan que les ense&#241;en.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;img src=&quot;http://www.revistaluthor.com.ar/squelettes-dist/puce.gif&quot; width=&quot;8&quot; height=&quot;11&quot; class=&quot;puce&quot; alt=&quot;-&quot; /&gt; Charly Garc&#237;a (Sui Generis)&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Aclaraciones preliminares&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Este art&#237;culo es una revisi&#243;n en base a una ponencia presentada durante el VII Encuentro Nacional de Estudiantes de Letras, que se llev&#243; a cabo en la Universidad Nacional de Cuyo el a&#241;o pasado. La reelaboraci&#243;n para un medio escrito de lo presentado entonces implica algunas limitaciones, que no siempre pueden remediarse: buena parte de lo que aqu&#237; se expone explota elementos ac&#250;sticos, que en dicha circunstancia se suplieron bastante bien con un handout, una voz y una guitarra. Los &#250;ltimos dos ser&#225;n grandes ausentes en este caso, por lo que para poder seguir la argumentaci&#243;n ser&#225; necesario, en ocasiones, abrir los enlaces hacia p&#225;ginas que pueden resolver eso.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A su vez, deber&#237;a leerse en l&#237;nea de continuidad con otros dos art&#237;culos propios publicados en esta revista: &#8220;&lt;a href=&quot;http://revistaluthor.com.ar/spip.php?article31&quot; class='spip_out' rel='external'&gt;Del otro lado del espejo&lt;/a&gt;&#8221;, en el n&#250;mero 6, y &#8220;&lt;a href=&quot;http://revistaluthor.com.ar/spip.php?article33&quot; class='spip_out' rel='external'&gt;En los trenes de piedra&lt;/a&gt;&#8221;, del 7. En t&#233;rminos estrictos, la redacci&#243;n de las ideas principales deber&#237;a situarlo entremedio de ambos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Como coment&#233; al comienzo del primero de ellos, mi objeto de inter&#233;s-estudio primario es la l&#237;rica medieval. En particular, trabajo con &lt;i&gt;cantigas d'escarnho e de mal dizer&lt;/i&gt; gallego-portuguesas del siglo XIII: un bonito conjunto de composiciones que oscilan entre la humorada ligera, la obscenidad y la denuncia amarga, con bastante mala fortuna en lo que a su historia material se refiere: s&#243;lo tenemos de ellas la escritura de las letras (en copias tard&#237;as y no precisamente excelentes), pero se sabe que todo, como ocurre con todo el resto de la l&#237;rica medieval en lenguas vern&#225;culas, se cantaba, y que si no tenemos la m&#250;sica de la inmensa mayor&#237;a de estas composiciones, es porque se perdi&#243; en los recovecos de una notaci&#243;n musical imperfecta y de una historia de copias de copias de copias perdidas. Eso implica que mi corpus de trabajo sea lamentable e inevitablemente defectivo, y que a menudo se corra el riesgo de perder esa cierta perspectiva necesaria, por la facilidad de considerar la letra escrita como hecha para ser le&#237;da por el simple hecho de que nosotros la leemos, cuando la palabra (si se quiere, todav&#237;a m&#225;s enf&#225;ticamente la palabra en lengua vern&#225;cula) l&#237;rica fue, y sigue siendo, ante todo, sonido.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Este trabajo procura, entonces, como ejercicio de reflexi&#243;n te&#243;rica (sin pretender, por ello, transferir la experiencia punto por punto a la l&#237;rica medieval, que como se afirm&#243; antes, sigue y seguir&#225; estando para nosotros tras el velo de una transmisi&#243;n incompleta, que no nos permite aventurarnos muy lejos de los bordes de la mera hip&#243;tesis respecto de la experiencia ac&#250;stica que alguna vez signific&#243;), considerar qu&#233; es lo que ocurre con la l&#237;rica cantada de la que s&#237; tenemos registros completos: como lo indica el subt&#237;tulo, aquella que tuvo la fortuna de surgir y circular en este medio en el que hay disponibilidad de herramientas para hacer un registro realmente completo del car&#225;cter ac&#250;stico y performativo de la m&#250;sica [&lt;a href='#nb1' class='spip_note' rel='footnote' title='Considero aqu&#237; la m&#250;sica luego de la posibilidad de grabaci&#243;n, y no de la (...)' id='nh1'&gt;1&lt;/a&gt;].&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Las canciones de amor, s&#243;lo m&#250;sica de fondo [&lt;a href='#nb2' class='spip_note' rel='footnote' title='O: &#8220;Por qu&#233; &#8216;Mam&#225;, me voy a una lectura de poes&#237;a' sigue siendo mejor excusa (...)' id='nh2'&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Si hemos de tomar el problema de la l&#237;rica entendida en general, sin atender a la especificidad de lo medieval, hace falta, primero, mencionar que hay un problema con la formaci&#243;n del canon: la l&#237;rica actual s&#243;lo en casos muy excepcionales llega a convertirse en objeto de estudio &#8220;serio&#8221; para los estudios literarios. Es m&#225;s com&#250;n encontrar tesis doctorales sobre oscuros poetas menores que sobre la l&#237;rica de las canciones de The Who, o sobre Enrique Molina antes que Spinetta. La excepci&#243;n son aquellos conjuntos l&#237;ricos que conforman, para alg&#250;n sector de la academia internacional, una curiosidad cultural: sea porque su tiempo de gloria pas&#243; dej&#225;ndonos un pasado m&#237;tico s&#243;lo accesible para iniciados que ha tenido, por alg&#250;n motivo normalmente externo a la l&#237;rica en s&#237;, buena fortuna acad&#233;mica (como ocurre con el blues o el tango), o porque nos lleg&#243; en forma de l&#237;rica folkl&#243;rica an&#243;nima, lo que en t&#233;rminos de estudios universitarios la cubre de un velo de inter&#233;s antropol&#243;gico antes que est&#233;tico. El inter&#233;s por la l&#237;rica, entonces, est&#225; supeditado a otros factores, y normalmente todos estos estudios tienen bastante poco para decirse entre s&#237;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Una posible raz&#243;n para esto es el culto que la Academia sigue manteniendo (m&#225;s vivo que nunca) al Genio, velado tras la exigencia m&#237;nima de originalidad y de autonom&#237;a aparente frente al mercado al potencial objeto de estudio [&lt;a href='#nb3' class='spip_note' rel='footnote' title='En el sentido de que todo lo que tiene un &#233;xito demasiado amplio de ventas (...)' id='nh3'&gt;3&lt;/a&gt;].&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La l&#237;rica cantada, en tanto, puede preocuparse menos por la recurrencia del lugar com&#250;n. La letra de &#8220;No me arrepiento de este amor&#8221; de Gilda, o &#8220;Unicornio&#8221; de Silvio Rodr&#237;guez, sin la m&#250;sica, dif&#237;cilmente despertar&#237;an algo m&#225;s que la sonrisa torcida y despectiva que se le dedica a la poes&#237;a de un adolescente triste. El imperativo de originalidad es much&#237;simo m&#225;s fuerte en la poes&#237;a escrita que en la m&#250;sica, hasta el punto en que se hace realmente dif&#237;cil escribir algo nuevo sobre sufrimientos de amor. Puede parecer una banalidad, pero volviendo a la l&#237;rica medieval, resulta incluso c&#243;mico analizar los discursos que &#8220;defienden&#8221; la saturaci&#243;n de lugares comunes archiconvencionales como un fen&#243;meno espec&#237;ficamente medieval, frente a la inmensa cantidad de boleros que rondan alrededor de la tem&#225;tica &#8220;hombre despechado que le canta a su amada que nunca va a ser feliz con otro&#8221;, o de canciones bailables de toda &#237;ndole sobre lo bien que se mueve una mujer.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Tiempo vs. Espacio&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El primer problema a relevar, el m&#225;s obvio y el m&#225;s fundamental, es la diferencia entre el car&#225;cter fundamentalmente espacial de la poes&#237;a escrita frente a la pura temporalidad de la l&#237;rica cantada: puede parecer una obviedad, pero una simple mirada a los problemas derivados de ella nos indica claramente que no, que hace falta volver sobre esto: desde mi &#225;rea, una simple mirada a las discusiones bizantinas de la cr&#237;tica textual para determinar cu&#225;l es la forma &lt;i&gt;correcta&lt;/i&gt; de presentar en la p&#225;gina el texto l&#237;rico vern&#225;culo es sintom&#225;tica: [&lt;a href='#nb4' class='spip_note' rel='footnote' title='v. el art&#237;culo de Dominique Billy (2010), enteramente dedicado a &#8220;La question (...)' id='nh4'&gt;4&lt;/a&gt;] se olvida demasiado seguido que eso no se compuso para una puesta en p&#225;gina (y de hecho, muchos cancioneros presentan los textos sin siquiera divisi&#243;n de versos), sino para ser cantado. La canci&#243;n es primariamente ac&#250;stica-temporal y la espacialidad normalmente s&#243;lo tiene un car&#225;cter secundario, como notaci&#243;n convencional de una realidad diferente, anclada en el ritmo como combinaci&#243;n ac&#250;stica de sonidos y tiempo. Para el poema, es a la inversa: el verso es primariamente una l&#237;nea de trazos escritos, y el ritmo y la temporalidad s&#243;lo se dan como producto de la lectura (no necesaria) en voz alta, o de la imagen ac&#250;stica derivada de ello.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ve&#225;moslo en dos ejemplos:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Primero, &lt;a href=&quot;http://www.elinterpretador.net/29CeciliaEraso-Poemas.html&quot; class='spip_out' rel='external'&gt;un poema de Cecilia Eraso, publicado en El Interpretador 29&lt;/a&gt;:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;Estoy en la cocina, sentada, y escucho &lt;br /&gt;
algo como un latido, un temblor, un&lt;br /&gt;
redoblante (es tropical)&lt;br /&gt;
y ya no me parece divertida la vez&lt;br /&gt;
n&#250;mero seiscientos en que no me dejan&lt;br /&gt;
dormir, estos vecinos.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ya s&#233;, ya s&#233; que no es su culpa;&lt;br /&gt;
ya s&#233; que es incorrecto.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Ah&#237; es bien clara la disociaci&#243;n entre la ac&#250;stica prosaica de la lectura (interna o en voz alta), en la que el verso irrumpe como ruptura espacial, poetizaci&#243;n de lo banal por hachazos en la espacialidad habitual de la representaci&#243;n del discurso interno. Incluso la it&#225;lica de &#8220;incorrecto&#8221; es impronunciable, es una marca gr&#225;fica que alude a usos gr&#225;ficos de una palabra en contextos escritos.
Contra esto, veamos lo que pasa con la representaci&#243;n escrita de un fragmento l&#237;rico (se trata del estribillo de &#8220;Angel de los perdedores&#8221;, de El Soldado). Pr&#225;cticamente en todos los cancioneros disponibles, la letra del estribillo aparece representada as&#237;:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;Curaste todas tus heridas con agua podrida&lt;br /&gt;
le mentiste al diablo tres veces vendiendole flores,&lt;br /&gt;
y te llevaste en andas al angel de los perdedores,&lt;br /&gt;
y te llevaste en andas al angel de los perdedores.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://youtu.be/2SZpfx8xXZM?t=1m47s&quot; class='spip_out' rel='external'&gt;Mientras que cantado suena as&#237;&lt;/a&gt; (escuchar en hiperv&#237;nculo)&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Aqu&#237; pasan varias cosas: en primer lugar, los cuatro versos son una ficci&#243;n, porque t&#233;cnicamente, desde el punto de vista ac&#250;stico, son ocho: la voz dialoga con la guitarra en un esquema pregunta-respuesta irrepresentable en la transcripci&#243;n sin notaci&#243;n musical, es decir, la m&#225;s difundida.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En segundo lugar, es posible notar c&#243;mo el ritmo de la canci&#243;n requiere una consonante euf&#243;nica extra, que como est&#225; estigmatizada por la normativa castellana vigente nunca sale representada en la transcripci&#243;n escrita: &#8220;mentistes&#8221;, &#8220;llevastes&#8221;... Adem&#225;s del hecho de que est&#225; pensada en unidades r&#237;tmicas: son cinco d&#225;ctilos con anacrusis (de hecho, la guitarra tambi&#233;n marca cuatro d&#225;ctilos), y la fon&#233;tica de las palabras se ajusta a ello independientemente de su realizaci&#243;n usual: &#8220;todas&#8221; se pronuncia /tod'as/ para ajustarse. Cosa muy dif&#237;cil de ver sin los datos musicales.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Versiones, versiones, versiones&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Esto nos lleva al segundo problema, que es el car&#225;cter performativo de la canci&#243;n: una canci&#243;n sigue siendo la misma, independientemente de la versi&#243;n. Por ejemplo, podemos escuchar estas dos versiones de una canci&#243;n de Roxette:&lt;/p&gt; &lt;ul class=&quot;spip&quot;&gt;&lt;li&gt; &lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=MB7ZmnG3q3w&quot; class='spip_out' rel='external'&gt;&#8220;Un d&#237;a sin ti&#8221;, en castellano&lt;/a&gt; para el &#225;lbum Baladas en Espa&#241;ol&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;ul class=&quot;spip&quot;&gt;&lt;li&gt; &lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=arER0ANayMI&quot; class='spip_out' rel='external'&gt;Esta otra versi&#243;n de la misma canci&#243;n&lt;/a&gt;, por la banda de cumbia Los Totora&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Y a&#250;n si cambi&#225;ramos ligeramente la letra (en este cambio de versi&#243;n, la versi&#243;n masculina frente a la femenina, por ejemplo), la canci&#243;n seguir&#225; siendo reconocible como la misma.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En la traducci&#243;n, el problema es un poco m&#225;s complicado: comp&#225;rese la letra de la versi&#243;n en espa&#241;ol de la canci&#243;n reci&#233;n citada &lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=eG0IYV6G0I0&amp;ob=av2e&quot; class='spip_out' rel='external'&gt;con su versi&#243;n original, en ingl&#233;s&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No voy a explayarme sobre esto, pero los remito a un art&#237;culo de Mart&#237;n Azar sobre el asunto (&lt;a href=&quot;http://revistaluthor.com.ar/spip.php?article14&quot; class='spip_out' rel='external'&gt;&#8220;Una que sepamos todos&#8221;, en Luthor 3&lt;/a&gt;), en el que le dedic&#243; bastante espacio al problema de la traducci&#243;n y el cover.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Pero hay otro aspecto extra no contemplado, que tambi&#233;n est&#225; estrechamente relacionado con el problema de las versiones: la diferencia entre la grabaci&#243;n y la edici&#243;n. En ambos casos, se trata de m&#233;todos de fijaci&#243;n, pero mientras un texto escrito puede editarse con diversos formatos infinidad de veces y seguir siendo el mismo (siempre y cuando se respeten los juegos espaciales originales), la canci&#243;n vive en la versi&#243;n, y se reactualiza en cada ejecuci&#243;n [&lt;a href='#nb5' class='spip_note' rel='footnote' title='En ocasiones, en todos los sentidos: pi&#233;nsese en el final de &#8220;Pap&#225; cu&#233;ntame (...)' id='nh5'&gt;5&lt;/a&gt;].&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Convencionalismos musicales y efectos de sentido&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Por otra parte, esta interacci&#243;n entre la letra y la m&#250;sica nos lleva a otro problema relacionado, que preocup&#243; a la tratad&#237;stica musical por lo menos desde Grecia cl&#225;sica: convencionalmente hay modos, secuencias, tonalidades y ritmos que asociamos con contenidos determinados: as&#237;, por ejemplo, se supon&#237;a que los modos d&#243;rico y frigio eran m&#225;s adecuados para representar y promover pasiones de coraje y templanza respectivamente (v. Grout, 1980: 8)&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Si bien nos es dif&#237;cil recuperar la asociaci&#243;n de esos antiguos tratados entre los modos y cosas tan espec&#237;ficas como qu&#233; es lo adecuado para hablar de la guerra, es cierto que mantenemos ciertos c&#243;digos culturales que asocian, por ejemplo, los acordes menores y un tempo lento con un contenido melanc&#243;lico, mientras que acordes mayores y tempos acelerados nos aportan el sentido contrario. Al combinar esas convenciones con la letra, pueden darse algunos efectos de sentido bastante curiosos. Pongamos por caso una breve secuencia de cuarteto (de Rodrigo) que todos conocemos bien:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;
Despert&#243; una ma&#241;ana y se sinti&#243; tan rara, &lt;br /&gt;
y el doctor del barrio le dijo &quot;Est&#225;s embarazada&quot;. &lt;br /&gt;
Fue corriendo hasta el colegio y lo esperaba ansiosa &lt;br /&gt;
para darle la noticia y &#233;l no dio la cara. &lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Y vol&#243;, vol&#243;. Se borr&#243;, borr&#243;. &lt;br /&gt;
Porque p&#225;jaro que come vuela, siempre lo dijo mi abuela. &lt;br /&gt;
Y vol&#243;, vol&#243;. Se borr&#243;, borr&#243;. &lt;br /&gt;
Y sus sue&#241;os quedaron vac&#237;os y en su vientre el amor y el abismo.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Pido al lector que haga el experimento de leerlo para s&#237; sin la m&#250;sica, &lt;a href=&quot;http://youtu.be/837gs3_728s&quot; class='spip_out' rel='external'&gt;o con esto de fondo, si se quiere evitar la interferencia de la m&#250;sica original en la cabeza.&lt;/a&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Es innegable que nuestra percepci&#243;n habitual de esta cancioncita est&#225; estrechamente ligada con un hecho fundamental: es una danza, y una danza r&#225;pida, lo que le resta bastante dramatismo y convierte en bastante desapasionada, hasta picaresca, la narraci&#243;n terriblemente triste que trae: una nena de quince a&#241;os que tiene la mala suerte de dirigir su enamoramiento adolescente y ciego a un hombre mayor que se aprovecha de ella, la usa como instrumento sexual y la abandona, embarazada, con su futuro hecho trizas. Esta disociaci&#243;n, sencilla y frecuente en la l&#237;rica cantada, es pr&#225;cticamente imposible sin alg&#250;n elemento performativo que la acompa&#241;e. Sin el dato de la m&#250;sica, o con una notaci&#243;n que obviara cosas tales como el tempo, la instrumentaci&#243;n y la percusi&#243;n (despu&#233;s de todo, el juego entre tonos mayores que caen al final de las estrofas a menores tampoco nos ayudar&#237;a a percibir el car&#225;cter festivo de la canci&#243;n), claramente este fragmento l&#237;rico ser&#237;a bastante diferente.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por supuesto que este breve punteo no agota ni siquiera la lista de las cuestiones que surgen de una comparaci&#243;n entre el funcionamiento de la l&#237;rica cantada y la l&#237;rica escrita. Esto no intent&#243; ser sino un peque&#241;o repaso bastante superficial de algunas de las cuestiones m&#225;s evidentes que surgen de apenas detenerse a mirar aquello que la cr&#237;tica deja al costado del camino. Esto deber&#237;a servirnos para desmontar algunas puntas del aparataje cr&#237;tico, que pretenden transplantar categor&#237;as y modos de an&#225;lisis de un modo de leer basado en nuestra formaci&#243;n como lectores en el canon universitario, con anteojeras frente a todos los dem&#225;s fen&#243;menos que ocurren a nuestro alrededor y que deber&#237;an recordarnos que los l&#237;mites de lo legible no son, por lo menos, tan simples. Si no, la entrada de textos provenientes de la parte autorizada de los discursos estigmatizados (como ocurre con la l&#237;rica en los estudios sobre po&#233;tica), o la consideraci&#243;n de objetos poco usuales para la teor&#237;a que no suele tratarlos (como la consideraci&#243;n de la temporalidad o el tejido indicial en un poema que a primera vista resulta no-narrativo) resultar&#225; tan extra&#241;a, fascinante e incomprensible como la cara de Narciso en su reflejo de agua: eso que siempre estuvo ah&#237;, y que parece maravilloso por su aparici&#243;n fuera de lo inmediatamente esperable.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Bibliograf&#237;a citada&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Azar, Mart&#237;n&lt;/strong&gt; (2011) &#8220;Una que sepamos todos&#8221;, en: Revista Luthor, N&#176;3, disponible en: &lt;http://revistaluthor.com.ar/spip.php?article14&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Billy, Dominique&lt;/strong&gt; (2010) &#8220;Identification des rimes internes et disposition des textes &#224; vers c&#233;sur&#233;s&#8221;, en: Arbor Aldea y Guiadanes (eds.), &lt;i&gt;Estudos de edici&#243;n cr&#237;tica e l&#237;rica galego-portuguesa&lt;/i&gt;. Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Bueno, Rodrigo&lt;/strong&gt; (1998) &#8220;Y vol&#243;, vol&#243;&#8221;, en: &lt;i&gt;Cuarteteando&lt;/i&gt;, C&#243;rdoba, Magenta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Eraso, Cecilia&lt;/strong&gt; (2006) &#8220;Poemas&#8221;, en: El Interpretador, N&#176; 29, disponible en: &lt;http://www.elinterpretador.net/29CeciliaEraso-Poemas.html&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;El Soldado (banda)&lt;/strong&gt; (1997) &#8220;&#193;ngel de los perdedores&#8221;, en: &lt;i&gt;Tren de fugitivos&lt;/i&gt;. Buenos Aires, Imaginario Cultural&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Gessle, Per.&lt;/strong&gt; (1991) &#8220;Spending my time&#8221;, en: Roxette, &lt;i&gt;Joyride&lt;/i&gt;. Estocolmo, EMI Svenska.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Grout, Donald&lt;/strong&gt; (1980) &lt;i&gt;A history of Western music&lt;/i&gt;. New York, Norton &amp; Company.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;p&gt;[&lt;a href='#nh1' id='nb1' class='spip_note' title='Notas 1' rev='footnote'&gt;1&lt;/a&gt;] Considero aqu&#237; la m&#250;sica luego de la posibilidad de grabaci&#243;n, y no de la notaci&#243;n musical moderna, porque a&#250;n esta implica una abstracci&#243;n de elementos performativos y ac&#250;sticos que el registro grabado s&#237; puede reproducir: el timbre de los instrumentos elegidos, las modulaciones de voz de los cantantes, los peque&#241;os desv&#237;os performativos y el lugar de la interpretaci&#243;n&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh2' id='nb2' class='spip_note' title='Notas 2' rev='footnote'&gt;2&lt;/a&gt;] O: &#8220;Por qu&#233; &#8216;Mam&#225;, me voy a una lectura de poes&#237;a' sigue siendo mejor excusa adolescente para volver tarde a casa que &#8216;Mam&#225;, me voy a zapar con los pibes', pese a que usualmente circula la misma cantidad de alcohol en los dos lados&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh3' id='nb3' class='spip_note' title='Notas 3' rev='footnote'&gt;3&lt;/a&gt;] En el sentido de que todo lo que tiene un &#233;xito demasiado amplio de ventas es autom&#225;ticamente mirado con algo de sospecha, y todo lo que se sabe que fue hecho con un prop&#243;sito estrictamente comercial (pongamos por caso, la proliferaci&#243;n de relatos de amor entre humanos y monstruos tras el &#233;xito de &lt;i&gt;Crep&#250;sculo&lt;/i&gt; de Stephenie Meyer) es autom&#225;ticamente y desde la tapa descartado como &#8220;estudiable&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh4' id='nb4' class='spip_note' title='Notas 4' rev='footnote'&gt;4&lt;/a&gt;] v. el art&#237;culo de Dominique Billy (2010), enteramente dedicado a &#8220;La question fondamentale qui se pose pour l'&#233;diteur (...) de savoir s'il doit privil&#233;gier le vers long sous-jacent ou le vers court&#8221; a la hora de disponer el texto l&#237;rico gallego-portugu&#233;s medieval en p&#225;gina&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh5' id='nb5' class='spip_note' title='Notas 5' rev='footnote'&gt;5&lt;/a&gt;] En ocasiones, en todos los sentidos: pi&#233;nsese en el final de &#8220;Pap&#225; cu&#233;ntame otra vez&#8221; de Ismael Serrano, que en la versi&#243;n del disco fue &#8220;ahora mueren en Bosnia / los que mor&#237;an en Vietnam&#8221;, y que var&#237;a el nombre de las guerras por las actuales en cada performance: &#8220;ayer mor&#237;an en Bosnia / ahora mueren en Bagdad&#8221;, por ejemplo&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Puertas y parques y ninguna flor</title>
		<link>http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article48</link>
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		<dc:date>2012-04-28T23:41:48Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Mar&#237;a Pape</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Un acercamiento al fant&#225;stico cortazariano a partir de la espacialidad.&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?rubrique11" rel="directory"&gt;9&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Casi 70 a&#241;os despu&#233;s de la publicaci&#243;n de&lt;i&gt; La otra orilla&lt;/i&gt; (1945), al enfrentarnos con los cuentos fant&#225;sticos de Julio Cort&#225;zar la pregunta sigue siendo la misma: &#191;Qu&#233; es lo particularmente cortazariano? Las lecturas son numerosas, variadas y en alg&#250;n punto compiten entre s&#237;. Beatriz Sarlo en &#8220;Una literatura de pasajes&#8221;, un homenaje al escritor argentino que hace en &lt;i&gt;Espacios&lt;/i&gt;, propone como clave para entender lo particularmente cortazariano el uso del espacio y especifica que es el movimiento entre espacios &#8211;el pasaje&#8211; el que produce la ficci&#243;n (Sarlo, 1994: 18). Sarlo misma en aquel entonces no realiz&#243; esta lectura, pero la idea sigue siendo una idea central, especialmente en cuanto a lo fant&#225;stico.
En este art&#237;culo propongo, a trav&#233;s de una lectura de los cuentos &#8220;Continuidad de los parques&#8221; y &#8220;La puerta condenada&#8221; de &lt;i&gt;Final del juego&lt;/i&gt; (1956), al uso del espacio como la ra&#237;z misma de lo fant&#225;stico cortazariano. Al hacerlo, extender&#233; y profundizar&#233; el planteo de Sarlo y donde ella en gran medida solamente propone el pasaje como el uso del espacio pondr&#233; al lado el lugar desconocido. Son dos configuraciones del espacio distintas, que no obstante son interdependientes y juntas tienen la capacidad de inquietar al lector. Reducir lo fant&#225;stico cortazariano a esta concepci&#243;n ser&#237;a dr&#225;stico ya que lo aparta de la corriente de la que &#233;l formaba parte y de su propia producci&#243;n considerada como totalidad. Por lo tanto, para terminar mostrar&#233; en una lectura de otro cuento fant&#225;stico, &#8220;Una flor amarilla&#8221;, en el cual Cort&#225;zar, a pesar de su propia concepci&#243;n lo fant&#225;stico, todav&#237;a forma parte de una corriente.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Concepciones de lo fant&#225;stico. Ruptura y ambig&#252;edad&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Antes de comenzar a desarrollar lo fant&#225;stico en los cuentos de Cort&#225;zar conviene ce&#241;ir lo fant&#225;stico en t&#233;rminos m&#225;s generales. Para comenzar con consideraciones del propio autor, Cort&#225;zar en su art&#237;culo &#8220;Del sentimiento de lo fant&#225;stico&#8221; adhiere a la definici&#243;n de Roger Caillois del prefacio de &lt;i&gt;Antolog&#237;a del cuento fant&#225;stico&lt;/i&gt; (Cort&#225;zar, 1996: 69). Caillois define lo fant&#225;stico como una intervenci&#243;n sobrenatural que produce terror (Caillois, 1967: 7). La condici&#243;n necesaria de tal definici&#243;n es la existencia de dos &#243;rdenes: un orden realista [&lt;a href='#nb1' class='spip_note' rel='footnote' title='Caillois lo llama el &#8220;mundo real&#8221; y dice que se caracteriza por ser (...)' id='nh1'&gt;1&lt;/a&gt;]. y un orden sobrenatural [&lt;a href='#nb2' class='spip_note' rel='footnote' title='Caillois no lo define muy claramente, pero que se representa por seres (...)' id='nh2'&gt;2&lt;/a&gt;], cuya coexistencia no resulta en una fusi&#243;n armoniosa. La intervenci&#243;n del orden sobrenatural en el orden realista funciona como una agresi&#243;n y resulta en &#8220;un esc&#225;ndalo, una ruptura, una irrupci&#243;n ins&#243;lita casi insoportable en el mundo real&#8221; (Caillois, 1967: 8). De esta manera, Caillois muestra la situaci&#243;n parad&#243;jica de lo fant&#225;stico &#172;&#8211;por un lado dependiente del mundo real y por otro lado una agresi&#243;n contra lo mismo&#8211; pero hace hincapi&#233; en la ruptura y el terror. En cambio, Ir&#232;ne Bessi&#232;re en su art&#237;culo &#8220;La po&#233;tica de lo incierto&#8221; hace hincapi&#233; en lo parad&#243;jico y lo ambiguo (Bessi&#232;re, 1974: 10). Para ella lo fant&#225;stico tambi&#233;n se constituye a partir de la coexistencia de dos &#243;rdenes, uno fant&#225;stico y otro realista. As&#237; plantea que &#8220;el proyecto literario fant&#225;stico es, pues, antin&#243;mico por su naturaleza: debe aliar su irrealidad primaria a un realismo secundario&#8221; (Bessi&#232;re, 1974: 16). El hecho fant&#225;stico, para ella, constituye un enigma que se intenta explicar a partir de dos probabilidades &#8211;las cuales se pueden ver an&#225;logas a los dos &#243;rdenes&#8211; una probabilidad l&#243;gica y racional y otra sobrenatural. Esto hace que las explicaciones al mismo tiempo coexistan y se anulen mutualmente y &#233;se &#8220;compuesto de continuidad y de ruptura circunscribe el vac&#237;o que funda la posibilidad de lo fant&#225;stico&#8221; (Bessi&#232;re, 1974: 17). El enigma nunca se resuelve (Bessi&#232;re, 1974: 16), sino que se transforma en una suerte de agujero negro que absorbe toda explicaci&#243;n y genera ambig&#252;edad. La misma ambig&#252;edad &#8211;o vacilaci&#243;n entre una explicaci&#243;n natural y una explicaci&#243;n sobrenatural&#8211; que Todorov tambi&#233;n plantea como la esencia de lo fant&#225;stico mismo (Todorov, 2006: 32).
Es interesante notar que Bessi&#232;re conecta esta concepci&#243;n de lo fant&#225;stico con una idea de espacio. Primero, porque lo fant&#225;stico surge de un espacio conceptual ausente, de un vac&#237;o de explicaci&#243;n. Segundo porque propone la imagen del viaje, junto a la del pasaje, como manera de explicarlo. As&#237; plantea que &#8220;lo fant&#225;stico nace de la amplificaci&#243;n del viaje; este es a la vez trayecto, observaci&#243;n, acci&#243;n, salto hacia delante y pasaje a lo desconocido&#8221; (Bessi&#232;re, 1974: 19). M&#225;s all&#225; de los dos &#243;rdenes, de las dos l&#243;gicas coexistentes que mencionan tanto Callois como Br&#232;ssiere, es este v&#237;nculo entre lo fant&#225;stico y el espacio y entre lo fant&#225;stico y el pasaje, lo que analizar&#233; en la obra de Cort&#225;zar.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Lecturas. La especializaci&#243;n de la ficci&#243;n fant&#225;stica&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El espacio en &#8220;Continuidad de los parques&#8221; y &#8220;La puerta condenada&#8221; desempe&#241;a una parte muy importante, pero de dos maneras distintas: por un lado como un pasaje y por el otro como un vac&#237;o, un lugar desconocido. Estas dos formas sin embargo est&#225;n &#237;ntimamente conectadas ya que, por un lado, lo desconocido s&#243;lo es inquietante mientras haya un pasaje a lo conocido que hace su intervenci&#243;n posible. Y por otro lado el pasaje, como indica Bessi&#232;re, tiene intr&#237;nseca la idea del trayecto a lo desconocido. Cado uno de los cuentos, como se ver&#225;, pone el &#233;nfasis en una de las concepciones: &#8220;Continuidad de los parques&#8221; en el pasaje y &#8220;La puerta condenada&#8221; en el espacio desconocido.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;Continuidad de los parques&lt;/i&gt;
&#8220;Continuidad de los parques&#8221; est&#225; claramente estructurado alrededor de la coexistencia de dos &#243;rdenes. Un orden realista representado por el mundo del hombre lector y otro sobrenatural, en este caso ficticio, representado por el mundo de la novela que lee el lector. Lo fant&#225;stico se manifiesta, en concordancia con la concepci&#243;n de Caillois &#8211; en la intervenci&#243;n del orden sobrenatural en el orden realista &#8211; en el pasaje que el amante por lo visto emprende del mundo de la novela al mundo del lector. Sin embargo, en este caso la intervenci&#243;n posible no es lo fant&#225;stico en si mismo sino que lo fant&#225;stico es el pasaje que hace posible la intervenci&#243;n. El cuento subraya la importancia del pasaje desde el principio, pues empieza con un viaje en tren que por definici&#243;n es un movimiento de un lugar a otro. Durante este viaje el hombre se pone a leer una novela, que volver&#225; a abrir en su sill&#243;n: de esta manera se conectan la literatura y el pasaje. Cuando el hombre en su sill&#243;n vuelve a abrir la novela la lectura se propone como un pasaje an&#225;logo al viaje en tren, no desde un lugar a otro, sino desde un orden a otro, de tres dimensiones a dos dimensiones. Como un viaje en tren en el cual se puede ver el paisaje pasar fuera de las ventanas, la transici&#243;n del hombre al mundo de su novela tambi&#233;n pasa gradualmente.&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando l&#237;nea a l&#237;nea de lo que lo rodeaba [&#8230;] m&#225;s all&#225; de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la s&#243;rdida disyuntiva de los h&#233;roes, dej&#225;ndose ir hacia las im&#225;genes que se concertaban y adquir&#237;an color y movimiento, fue testigo del &#250;ltimo encuentro en la caba&#241;a del monte. Primero entrababa la mujer [&#8230;] (9)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;En nada m&#225;s que tres frases se es testigo de la transici&#243;n del mundo del hombre al mundo de su novela. El hombre con cada l&#237;nea se va alejando de lo que lo rodea a medida que va entrando en la lectura y, a su vez, la lectura toma forma y solidez. Esta transici&#243;n minuciosa subraya la importancia del pasaje: el pasaje del hombre al mundo de su novela es de hecho una intervenci&#243;n en el otro orden. Al principio este pasaje no resulta parad&#243;jico a un lector de ficci&#243;n ya que &#233;ste, por su lectura de &#8220;Continuaci&#243;n de los parques&#8221;, est&#225; reflejando al hombre que en el cuento lee su novela. El lector va al mundo del cuento donde junto con el hombre va al mundo de la novela y as&#237; se crea una cadena de pasajes. El esc&#225;ndalo de la raz&#243;n viene cuando el lector cree reconocer al hombre leyendo la novela en su sill&#243;n como la victima del crimen sobre el cual est&#225; leyendo. Esta posible intervenci&#243;n produce espanto, no solo por la paradoja que constituye una intervenci&#243;n de la ficci&#243;n en el mundo real y por la amenaza al lector de la novela, sino tambi&#233;n porque esta posible intervenci&#243;n hace visible la paradoja de la primera intervenci&#243;n: la intervenci&#243;n del lector en la ficci&#243;n. Lo realmente fant&#225;stico es la posibilidad de un pasaje entre mundos, la continuidad de los parques [&lt;a href='#nb3' class='spip_note' rel='footnote' title='Por este foco sobre la figura del lector y al proceso de la lectura se (...)' id='nh3'&gt;3&lt;/a&gt;]. Cabe hacer una &#250;ltima consideraci&#243;n antes de continuar con el an&#225;lisis de los cuentos. A pesar de que la imagen central de &#8220;Continuidad de los parques&#8221; es el pasaje, la concepci&#243;n del espacio como un lugar desconocido est&#225; tambi&#233;n presente. Al nivel de la trama aparece de manera indirecta: la sorpresa del lector al final del cuento, su espanto, y as&#237; el impacto de lo fant&#225;stico se logra porque el lector, siguiendo al amante, no conoce su destino final, pues, el pasaje &#8211; en concordancia con lo que indica Br&#232;ssiere &#8211; por definici&#243;n lleva a un lugar, hasta la llegada, desconocido. Al nivel del lenguaje el lugar desconocido aparece en forma de una elipsis. El cuento termina en el momento en que el amante de la novela, con el cuchillo en la mano, llega a lo que parece ser el hombre del comienzo. Nunca se llega a saber si lo mata o no, ni siquiera si realmente es el mismo hombre que empieza a leer la novela al comienzo. El papel blanco despu&#233;s del &#250;ltimo punto se vuelve un espacio vac&#237;o que genera ambig&#252;edad, sugestivo y aun est&#225; limpio. Ser&#225; exactamente este tipo de espacio que caracteriza &#8220;La puerta condenada&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;La puerta condenada&lt;/i&gt;
En &lt;i&gt;La puerta condenada&lt;/i&gt; lo fant&#225;stico se manifiesta a trav&#233;s del llanto perturbador que viene de la habitaci&#243;n al lado de la habitaci&#243;n donde el protagonista Petrone est&#225; alojado en el hotel Cervantes. La habitaci&#243;n &#8211;a la cual Petrone no tiene acceso&#8211; es un espacio desconocido y un vac&#237;o en el conocimiento. En consecuencia el llanto que viene de ah&#237; se convierte en la representaci&#243;n de lo desconocido con lo cual sus ondas sonoras funcionan como una intervenci&#243;n del otro orden en el orden conocido. Confrontado con este orden desconocido Petrone reacciona con generar una hip&#243;tesis tras otra sin poder rechazar ninguna [&lt;a href='#nb4' class='spip_note' rel='footnote' title='Al comienzo piensa que la se&#241;ora que supuestamente vive al lado quiz&#225; est&#233; (...)' id='nh4'&gt;4&lt;/a&gt;], as&#237; se contradigan entre ellas. Su razonamiento pierde toda capacidad explicativa frente a lo desconocido por lo que el llanto termina cuestionando el propio orden conocido. As&#237;, el espacio desconocido detr&#225;s de la puerta condenada, igual que el papel blanco detr&#225;s del &#250;ltimo punto en &#8220;Continuidad de los parques&#8221;, se muestra como generador de ambig&#252;edad.
A pesar de que la concepci&#243;n del espacio m&#225;s llamativa en &#8220;La puerta condenada&#8221; claramente es la concepci&#243;n del lugar desconocido, la concepci&#243;n del pasaje tambi&#233;n est&#225; muy presente. El hotel en que Petrone se aloja se conecta desde el principio con la transici&#243;n ya que se lo recomienda un conocido al cruzar el r&#237;o [&lt;a href='#nb5' class='spip_note' rel='footnote' title='Se puede anotarse que en ambos cuentos los elementos generadores de (...)' id='nh5'&gt;5&lt;/a&gt;] . Dentro del hotel tambi&#233;n abundan s&#237;mbolos del pasaje como varias puertas, las dos ventanas de la habitaci&#243;n de Petrone, el ascensor entre otros. Si bien son todas cosas que pertenecen a un hotel, lo llamativo es que el que narrador se moleste en comentarlas una por una y no se detenga en otras. Por &#250;ltimo, la menci&#243;n frecuente de la hora de transici&#243;n como &#8220;la ca&#237;da de noche&#8221; (42), &#8220;al caer la noche&#8221; (43), &#8220;esa hora &lt;i&gt;entre &lt;/i&gt; noche y d&#237;a&#8221; (48. it&#225;licas a&#241;adidas) es decir, como espacio intermedio, muestra que tambi&#233;n se le da mucha importancia al pasaje en todo el cuento desde el principio. La puerta condenada es el s&#237;mbolo m&#225;ximo del pasaje. Para comenzar, es importante notar que el sonido s&#243;lo viene a trav&#233;s de la puerta condenada porque &#8220;de no haber estado all&#237; la puerta condenada, el llanto no hubiera vencido las fuertes espaldas de la pared&#8221; (45). Por otra parte, el narrador comenta que &#8220;alguna vez la gente hab&#237;a entrado y salido por ella [la puerta condenada], &lt;i&gt;d&#225;ndole vida una vida que todav&#237;a estaba presente&lt;/i&gt; en su madera tan distinta de las paredes&#8221; (44. it&#225;licas a&#241;adidas). El narrador termina atribuy&#233;ndole una vida a la puerta. Esto cobra a&#250;n m&#225;s fuerza en la descripci&#243;n del llanto que &#8220;no era un llanto f&#225;cil de confundir, m&#225;s bien una serie irregular de gemidos muy d&#233;biles&#8221; (45). La palabra &#8220;gemidos&#8221; viene del verbo &#8220;gemir&#8221; y as&#237; el llanto se asocia con la puerta misma. Adem&#225;s, cuando la tercera noche Petrone hace que el llanto pare lo hace peg&#225;ndose a la puerta y imitando &#8220;en falsete, imperceptiblemente, un quejido como el que ven&#237;a del otro lado&#8221; (49). A ra&#237;z de lo antedicho se puede ver que Petrone no se est&#225; comunicando con nadie al otro lado, sino con la puerta misma. Esto lleva a pensar que lo que realmente lo mantiene despierto es tanto lo desconocido representado por el llanto como el pasaje posible a lo desconocido representado por la puerta [&lt;a href='#nb6' class='spip_note' rel='footnote' title='De hecho, se ve la misma idea de la puerta como el s&#237;mbolo de la irrupci&#243;n, (...)' id='nh6'&gt;6&lt;/a&gt;] [&lt;a href='#nb7' class='spip_note' rel='footnote' title='Es llamativo que el lugar de lo fant&#225;stico se presenta como irremediablemente' id='nh7'&gt;7&lt;/a&gt;] .&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Despu&#233;s de demostrar c&#243;mo se puede ver el uso de espacio como la ra&#237;z misma de lo fant&#225;stico en &#8220;Continuidad de los parques&#8221; y &#8220;La puerta condenada&#8221; queda comentar que no son los &#250;nicos que se dirigen seg&#250;n esta concepci&#243;n, sino s&#243;lo son representativos. As&#237; &#8220;La noche boca arriba&#8221; es otro ejemplo de un cuento cuyo fant&#225;stico surge del pasaje. En &#233;l un motociclista tiene un accidente y termina en el hospital donde por una oscilaci&#243;n entre vigilia y lo que al comienzo parece ser s&#243;lo un sue&#241;o pasa al mundo del &#8220;sue&#241;o&#8221;, un mundo azteca. &#8220;Lejana&#8221; es un ejemplo de lo mismo. En este una chica de la clase media duerme y piensa tanto en una mujer mendiga que al encontrarla acaba convirtiendo se en ella. Ac&#225; el concepto del pasaje no es igual de evidente, pero como Sarlo apunta ser otro s&#243;lo es posible &#8220;porque es posible transcurrir entre espacios&#8221; (Sarlo, 1994: 18) con lo cual la transformaci&#243;n en otro no es m&#225;s que un intercambio de espacio, un pasaje. Por otro lado, &#8220;Casa tomada&#8221; es principalmente otra representaci&#243;n del espacio vac&#237;o como lo inquietante y sugestivo. Es el cuento de dos hermanos que viven en una casa y al escuchar ruidos indeterminables desde dentro por miedo van cerrando las puertas hasta que terminan en la calle. Sin embargo, al mismo tiempo se puede ver &#8220;Casa tomada&#8221; como otro ejemplo de la puerta como la representaci&#243;n de la posibilidad de intrusi&#243;n y as&#237; de la conexi&#243;n entre lo desconocido y el pasaje.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Si volvemos a la concepci&#243;n de lo fant&#225;stico de Caillois llama la atenci&#243;n que la intervenci&#243;n sobrenatural, para &#233;l esencial, en los cuentos mencionados no parece ser el quid de lo fant&#225;stico sino m&#225;s bien s&#243;lo el s&#237;ntoma de lo mismo. En cambio, la concepci&#243;n de Bessi&#233;re parece ser m&#225;s cercana a la representaci&#243;n de lo fant&#225;stico que vemos en estos cuentos ya que hace hincapi&#233; en la ambig&#252;edad irremediable y propone al vac&#237;o sugestivo como la ra&#237;z de lo fant&#225;stico. Esta ambig&#252;edad e incertidumbre que subraya Bessi&#233;re, es, propone Rosalba Campra, llevada a sus extremas consecuencias el fundamento de lo que denomina el fant&#225;stico contempor&#225;neo (Campra, 1996: 213). Campra distingue entre un fant&#225;stico can&#243;nico cuyo problema es creer o no creer en la aparici&#243;n de lo fant&#225;stico y un fant&#225;stico contempor&#225;neo que va m&#225;s all&#225; y parece cuestionar la aparici&#243;n misma (Campra, 1996: 213). Campra plantea a Cort&#225;zar como representante de este fant&#225;stico contempor&#225;neo en funci&#243;n de su uso del espacio vac&#237;o, desde un nivel estructural, para generar este cuestionamiento. Si bien siempre se puede discutir el planteo que hace Campra de la innovaci&#243;n enfrente de la tradici&#243;n, su observaci&#243;n acerca del ambig&#252;edad radicalizada de Cort&#225;zar es acertado. &#8220;Continuidad de los parques&#8221; y &#8220;La puerta condenada&#8221; se pueden tomar como ejemplos claros de este fant&#225;stico radicalmente ambiguo, que utilizan al espacio de modo estructural. En &#8220;La puerta condenada&#8221; evidentemente no se trata de convencer al lector del llanto, sino en plantearle la inquietud de qu&#233; es el llanto &#8211; &#191;es un llanto natural de ni&#241;o o un llanto m&#225;s bien simb&#243;lico de la puerta?&#8211; y de d&#243;nde viene &#8211; &#191;viene de la habitaci&#243;n al lado o de la puerta misma?&#8211;. As&#237;, el cuento genera una ambig&#252;edad en cuanto a la aparici&#243;n misma de lo fant&#225;stico. Lo mismo pasa en &#8220;Continuidad de los parques&#8221; ya que tampoco se trata de creer en la transici&#243;n pues no sabemos con claridad qu&#233; est&#225; pasando. Lo fant&#225;stico es, en ambos casos, lo cuestionado, lo ambiguo, lo posible. Un efecto que Cort&#225;zar logra a trav&#233;s de su uso del espacio.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Cort&#225;zar y el corriente: &#8220;Una flor amarilla&#8221;&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, no s&#243;lo se puede ver lo fant&#225;stico de Cort&#225;zar como un fant&#225;stico radicalmente ambiguo y particular apartado de la corriente de la &#233;poca. En el mismo libro, &lt;i&gt;Final del juego&lt;/i&gt;, encontramos el cuento &#8220;Una flor amarilla&#8221; en el cual aparece un fant&#225;stico menos radical &#8211; seg&#250;n Campra, m&#225;s can&#243;nico &#8211; que se ve m&#225;s cercano al fant&#225;stico que conocemos de Bioy Casares y Borges. &#8220;Una flor amarilla&#8221; plantea la teor&#237;a que somos todos inmortales. Nuestra vida se repite despu&#233;s de nuestra muerte con variaciones en la vida de otros que nos siguen. Un pobre hombre desafortunado lo piensa cuando se enfrenta con su sucesor aparente; Luc, un chico que le parece como una gota de agua a otra. Luc es la imagen viva de su inmortalidad como de su fracaso eternal y as&#237; cuando se muere Luc la ambig&#252;edad se genera [&lt;a href='#nb8' class='spip_note' rel='footnote' title='Cuando Luc se enferma el hombre se encarga de su medicina y cuenta que &#8220;en (...)' id='nh8'&gt;8&lt;/a&gt;], pero en eso no consiste lo fant&#225;stico. En cambio, lo fant&#225;stico consiste en la hip&#243;tesis filos&#243;fica &#8211;de que somos inmortales porque alguien nuevo va a repetir la estructura de nuestra vida&#8211; y su representaci&#243;n en Luc como la repetici&#243;n del hombre. Por consiguiente, el espacio aqu&#237; no es la ra&#237;z de lo fant&#225;stico y cuando algo &#8220;se abri&#243; paso&#8221; (86) no es a otro mundo, sino a la casa de Luc, un pasaje absolutamente normal. Aunque se puede ver la coexistencia del hombre y Luc como un traspaso de l&#237;mites, con tal que aceptemos la teor&#237;a filos&#243;fica, no es este pasaje lo que crea lo fant&#225;stico, sino s&#243;lo que lo hace visible.
En oposici&#243;n a lo fant&#225;stico de &#8220;Continuidad de los parques&#8221; y &#8220;La puerta condenada&#8221; lo fant&#225;stico aqu&#237; invita al lector a creer o no creer ya que propone explicaciones por lo que sucede. La primera, que &#233;sta teor&#237;a filos&#243;fica es cierta y que lo fant&#225;stico es real. Esta explicaci&#243;n se plantea desde la primera l&#237;nea, en la que el narrador manifiesta que &#8220;parece una broma, pero somos todos inmortales&#8221; (85) con lo cual toma por verdadera la historia del hombre. La segunda, que el hombre est&#225; loco y que todo por lo tanto es un invento. Esta es una posibilidad que no se propone antes del final cuando el narrador comenta que en sus ojos &#8220;brillaba una fiebre que no era del cuerpo&#8221; (92). De este modo el dilema al parecer se presenta como una cuesti&#243;n de creer o no creer. No se propone la ambig&#252;edad radical, sino que se apuesta al fant&#225;stico de Borges y Bioy. Esto &#250;ltimo se ve claramente si comparamos lo fant&#225;stico en &#8220;Una flor amarilla&#8221; (1964) [&lt;a href='#nb9' class='spip_note' rel='footnote' title='Final del juego se publica por la primera vez en 1956, pero &#8220;Una flor (...)' id='nh9'&gt;9&lt;/a&gt;] con otras representaciones de lo fant&#225;stico de la &#233;poca. En la novela &lt;i&gt;La invenci&#243;n de Morel&lt;/i&gt; (1940) de Bioy Casares el pasaje est&#225; presente en la llegada del pr&#243;fugo venezolano a la isla aislada, pero como en &#8220;Una flor amarilla&#8221; s&#243;lo sirve para descubrir lo fant&#225;stico. Lo fant&#225;stico surge de una idea filos&#243;fica, la idea de la inmortalidad alcanzada por la repetici&#243;n y la posibilidad de que esta repetici&#243;n sea mec&#225;nica. En &#8220;El perjurio de la nieve&#8221; (1948) Bioy Casares propone una idea muy similar cuando el padre de una chica enferma prolonga su vida congelando el paso de tiempo a trav&#233;s de repetir el mismo d&#237;a una y otra vez. De vuelta lo fant&#225;stico surge del planteo de la inmortalidad lograda a trav&#233;s de la repetici&#243;n, s&#243;lo esta vez la repetici&#243;n no es mec&#225;nica sino practica. A&#250;n el pasaje sirve la misma funci&#243;n de revelar lo fant&#225;stico. El intruso viene de afuera, entra en el mundo de la familia rompiendo con la minuciosa repetici&#243;n y as&#237; descubre la inmortalidad. Una idea parecida se ve en &#8220;Las ruinas circulares&#8221; (1941) de Borges en el cual un so&#241;ador crea a otro so&#241;ador en una cadena posiblemente infinita. Aqu&#237; la repetici&#243;n es tambi&#233;n esencial. Como en las otras narrativas mencionadas consiste de acciones, pero como en &#8220;Una flor amarilla&#8221; y en contraste con &lt;i&gt;La invenci&#243;n de Morel&lt;/i&gt; y &#8220;El perjurio de la nieve&#8221; tambi&#233;n de personas. Como en los cuentos de Bioy el pasaje existe ya que el hijo creado en sue&#241;os entra en el mundo del so&#241;ador, pero no es la ra&#237;z de lo fant&#225;stico sino que ella es el planteo de la l&#237;nea infinita de so&#241;adores [&lt;a href='#nb10' class='spip_note' rel='footnote' title='A pesar de que tanto los cuentos de Bioy como el de Borges tratan de un (...)' id='nh10'&gt;10&lt;/a&gt;]. As&#237; lo fant&#225;stico que vemos en &#8220;Una flor amarilla&#8221; semeja m&#225;s a lo fant&#225;stico de la &#233;poca que lo que vemos en los otros dos cuentos le&#237;dos de Cortazar. Sin embargo, hay diferencias importantes. Mientras que lo fant&#225;stico en La invenci&#243;n de Morel y &#8220;El perjurio de la nieve&#8221; se explica en gran parte nada se explica en &#8220;Una flor amarilla&#8221;. La idea filos&#243;fica se propone, pero no se explica, lo que genera ambig&#252;edad. Adem&#225;s, mientras que en &#8220;Las ruinas circulares&#8221; y &#8220;Tl&#246;n, Uqbar, Orbis Tertius&#8221; la existencia de lo fant&#225;stico se da por sentado [&lt;a href='#nb11' class='spip_note' rel='footnote' title='Es cierto que el narrador en &#8221;Tl&#246;n, Uqbar, Orbis Tertius&#8221; est&#225; esc&#233;ptico (...)' id='nh11'&gt;11&lt;/a&gt;], en &#8220;Una flor amarilla&#8221; al final todo est&#225; puesto en duda. Se da la posibilidad de que no es un &#8220;pliegue del tiempo&#8221; (87) que lo hizo posible para el hombre encontrarse con su repetici&#243;n, sino que el hombre es un muerto vivo. Esta posibilidad se plantea desde la segunda frase en la que el narrador dice que conoce al &#250;nico mortal, pues, el hombre puede demostrarse mortal tanto por su cuento como por estar muerto (85). Otra pista es que el narrador no le siente &#8220;ese olor que es la firma de Paris&#8221; (85). El olor de Paris es lo que se pega a la ropa, al pelo y a la existencia si se vive en una ciudad: es un s&#237;mbolo de la vida. Pero este hombre que vive en Paris y a&#250;n pasa sus d&#237;as bebiendo &#8220;para olvidar&#8221; (85), no lo tiene. Adem&#225;s es un tipo &#8220;de cara reseca y ojos tuberculosos&#8221; (85). La cara resaca llama la atenci&#243;n como un contraste al alcohol que est&#225; tomando y es exactamente el tipo de cara que tiene un muerto despu&#233;s de un tiempo. Los ojos tuberculosos a su vez hacen pensar en una enfermedad. La posibilidad de que el hombre sea un muerto vivo crea una ambig&#252;edad que alcanza otro nivel que la ambig&#252;edad que vemos en las narrativas mencionadas de Bioy y Borges porque exactamente no es una cuesti&#243;n de creer o no creer en lo fant&#225;stico, sino una cuesti&#243;n de su existencia misma. As&#237; &#8220;Una flor amarilla&#8221; demuestra como Cort&#225;zar sigue la corriente de su &#233;poca al mismo tiempo que se destaca a trav&#233;s de un fant&#225;stico radicalmente ambiguo.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Conclusi&#243;n&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;La lectura de &#8220;Continuidad de los parques&#8221; y &#8220;La puerta condenada&#8221; apunta al uso de espacio como la ra&#237;z misma de lo fant&#225;stico cortazariano. Al parecer los cuentos y su tratamiento del espacio son muy distintos: donde en uno el espacio se representa como un pasaje entre el mundo real y el de la ficci&#243;n y en el otro se representa como el espacio desconocido detr&#225;s de la puerta condenada. Los dos cuentos se escriben a partir de una tensi&#243;n entre dos &#243;rdenes, en &#8220;Continuidad de los parques&#8221; el orden del &#8220;mundo real&#8221; y el orden del &#8220;mundo de la ficci&#243;n&#8221; y en &#8220;La puerta condena&#8221; entre el orden del mundo conocido y el orden de lo desconocido. Por un lado, la ra&#237;z de lo fant&#225;stico es, en ambos casos, la posibilidad de un cruce de estos l&#237;mites no-cruzables realizado por un pasaje. En &#8220;Continuidad de los parques&#8221; el cruce espanta en su posible realizaci&#243;n y en &#8220;La puerta condenada&#8221; inquieta con su mera posibilidad. Por otro lado, la ra&#237;z de lo fant&#225;stico, en ambos casos, es lo desconocido. En &#8220;Continuidad de los parques&#8221; lo desconocido se representa tanto por el papel blanco al final del cuento como por el fin del viaje, desconocido hasta la llegada. En &#8220;La puerta condenada&#8221; es la habitaci&#243;n al lado que como un vac&#237;o de conocimiento lo que genera una ambig&#252;edad insoluble. Cada cuento hace hincapi&#233; en su versi&#243;n de la relaci&#243;n entre el espacio y lo fant&#225;stico, pero al mismo tiempo muestran a las dos formas como &#237;ntimamente conectadas e interdependientes. Adem&#225;s, si consideramos otros cuentos de Cort&#225;zar se ve que la conexi&#243;n entre el uso del espacio y de lo fant&#225;stico no es excepcional, sino que se repite y as&#237; invita a estudios adicionales. No obstante, es importante tener en cuenta que esta versi&#243;n de lo fant&#225;stico espacializado no es la &#250;nica versi&#243;n de lo fant&#225;stico de Cort&#225;zar como lo fant&#225;stico en por ejemplo &#8220;Una flor amarilla&#8221; surge a partir de una idea filos&#243;fica lo cual concuerda con lo fant&#225;stico de Borges y Bioy. Asimismo, es esencial tener en cuenta que lo espacial no es un tema fundamental s&#243;lo para Cort&#225;zar sino tambi&#233;n para Bioy y Borges, pero que la diferencia consiste en la importancia que &#233;sta espacialidad tiene para la creaci&#243;n de lo fant&#225;stico. Lo espacial no es s&#243;lo un tema en la obra de Cortaz&#225;r, sino que es la ra&#237;z de un fant&#225;stico radicalmente ambiguo. Es lo particularmente cortazariano.&lt;/p&gt; &lt;hr class=&quot;spip&quot; /&gt;
&lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Bibliograf&#237;a&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Literatura primaria&lt;/strong&gt;
&lt;br /&gt;
BIOY CASARES, Adolfo (2009). &lt;i&gt;La invenci&#243;n de Morel&lt;/i&gt;. Buenos Aires, Emec&#233;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;BIOY CASARES, Adolfo (1970). &#8220;El perjurio de la nieve&#8221;, en &lt;i&gt;La trama celeste&lt;/i&gt;. Buenos Aires, Sur.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;BORGES, Jorge Luis (2011). &#8220;Las ruinas circulares&#8221; y &#8220;Tl&#246;n, Uqbar, Orbis Tertius&#8221;, en &lt;i&gt;Obras completas 1&lt;/i&gt;. Buenos Aires, Sudamericana.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;CORT&#193;ZAR, Julio (1996). &#8220;Del sentimiento de lo fant&#225;stico&#8221;, en &lt;i&gt;La vuelta al d&#237;a en ochenta mundos (primer tomo)&lt;/i&gt;. M&#233;xico, Siglo XXI.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;CORT&#193;ZAR, Julio (2011). &lt;i&gt;Bestiario&lt;/i&gt;. Buenos Aires, Santillana Ediciones Generales, S.L.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;CORT&#193;ZAR, Julio (2011). &lt;i&gt;Final del juego&lt;/i&gt;. Buenos Aires, Santillana Ediciones Generales, S.L.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Literatura secundaria&lt;/strong&gt;
&lt;br /&gt;
BESSI&#200;RE, Ir&#232;ne (1974). &#8220;El relato fant&#225;stico. La po&#233;tica de lo incierto&#8221;. Original: &#8220;Le r&#233;cit fantastique. La po&#233;tique de l'incertain&#8221;, en &lt;i&gt;Th&#232;mes et textes&lt;/i&gt;. Paris, Larousse.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;CAILLOIS, Roger (1967). &#8220;Prefacio&#8221;, en &lt;i&gt;Antolog&#237;a del cuento fant&#225;stico&lt;/i&gt;. Buenos Aires, Sudamericana.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;CAMPRA, Rosalba (1996). &#8220;Fantasma, &#191;Est&#225;s?&#8221;, en &lt;i&gt;Lo l&#250;dico y lo fant&#225;stico en la obra de Cort&#225;zar: Coloquio Internacional, Vol. I. &lt;/i&gt; Madrid, Fundamentos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;GOLOBOFF, Mario (2004): &#8220;Una literatura de puentes y pasajes: Julio Cort&#225;zar&#8221;, en No&#233; Jitrik, &lt;i&gt;Historia cr&#237;tica de la literatura argentina. La narraci&#243;n gana la partida&lt;/i&gt;. Buenos Aires, Emec&#233;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;SARLO, Beatriz (1994). &#8220;Una literatura de pasajes&#8221;, en &lt;i&gt;Revista Espacios de critica y producci&#243;n&lt;/i&gt; N&#186;14 (Agosto), Buenos Aires, Facultad de filosof&#237;a y letras &#8211; Universidad de Buenos Aires.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;TODOROV, Tzvetan (2006). &lt;i&gt;Introducci&#243;n a la literatura fant&#225;stica&lt;/i&gt;. Buenos Aires, Pa&#237;dos.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;p&gt;[&lt;a href='#nh1' id='nb1' class='spip_note' title='Notas 1' rev='footnote'&gt;1&lt;/a&gt;] Caillois lo llama el &#8220;mundo real&#8221; y dice que se caracteriza por ser &#8220;perfectamente conocido&#8221; (Caillois, 1967: 9) y dirigido por leyes que se considere &#8220;inflexibles e inmutables&#8221; (Caillois, 1967:17)&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh2' id='nb2' class='spip_note' title='Notas 2' rev='footnote'&gt;2&lt;/a&gt;] Caillois no lo define muy claramente, pero que se representa por seres imaginaros (Caillois, 1967: 9).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh3' id='nb3' class='spip_note' title='Notas 3' rev='footnote'&gt;3&lt;/a&gt;] Por este foco sobre la figura del lector y al proceso de la lectura se puede ver al cuento como una meta-reflexi&#243;n sobre la lectura de la literatura fant&#225;stica. El lector del cuento es una imagen t&#237;pica del lector burgu&#233;s que sentado en su sill&#243;n, con la espalda a la puerta para evadir cualquier indicio de la posibilidad intrusi&#243;n, goza de una lectura liviana sobre amantes. Mario Goloboff plantea, primero, que este cuento es una cr&#237;tica de la lectura burguesa (Goloboff, 2004: 284), lo cual parece muy probable ya que el lector termina amenazado de su propia lectura; y segundo, que Cort&#225;zar all&#237; propone otra mirada sobre la lectura. Es decir, reemplaza la idea de una lectura burguesa pasiva con la idea de una lectura curiosa que investiga las posibilidades de las puertas, en vez de darles su espalda. De esta manera Cort&#225;zar desde la ficci&#243;n devuelve una mirada cr&#237;tica al lector y as&#237; abre otro pasaje. Asimismo, conecta lo fant&#225;stico con la literatura y apunta a este como su lugar verdadero.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh4' id='nb4' class='spip_note' title='Notas 4' rev='footnote'&gt;4&lt;/a&gt;] Al comienzo piensa que la se&#241;ora que supuestamente vive al lado quiz&#225; est&#233; cuidando a un ni&#241;o de alguna parienta o amiga (45), despu&#233;s que se trata de &#8220;un juego rid&#237;culo y monstruoso que no alcanzaba a explicarse&#8221; (48), m&#225;s tarde que todo aquello es &#8220;un secreto culto de mu&#241;ecas&#8221; (48) o &#8220;una inventada maternidad a escondidas&#8221; (48). Al parecer deber&#237;a ser f&#225;cil rechazar la primera hip&#243;tesis de que la mujer cuida al ni&#241;o a una parienta o amiga, no obstante, Petrone no lo hace. Despu&#233;s de la segunda noche ahora seguro de haber o&#237;do el llanto Petrone lo comenta al gerente que lo rechaza. Petrone no lo cree sin reservas y plantea que le est&#225; mintiendo (46), pero la noche siguiente se da cuenta de que no cree en la mujer y el ni&#241;o (48). As&#237; vacila entre creer en el gerente y en la mujer y el ni&#241;o sin resolver la ambig&#252;edad nunca.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh5' id='nb5' class='spip_note' title='Notas 5' rev='footnote'&gt;5&lt;/a&gt;] Se puede anotarse que en ambos cuentos los elementos generadores de inquietud &#8211;la lectura en el caso de &#8220;Continuidad de los parques&#8221; y el hotel en el caso de este cuento&#8211; aparecen en momentos de pasaje.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh6' id='nb6' class='spip_note' title='Notas 6' rev='footnote'&gt;6&lt;/a&gt;] De hecho, se ve la misma idea de la puerta como el s&#237;mbolo de la irrupci&#243;n, de la intrusi&#243;n en &#8220;Continuidad de los parques&#8221; cuando el narrador comenta que el hombre est&#225; sentado &#8220;en su sill&#243;n favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones&#8221; (9).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh7' id='nb7' class='spip_note' title='Notas 7' rev='footnote'&gt;7&lt;/a&gt;] Es llamativo que el lugar de lo fant&#225;stico se presenta como irremediablemente literario dado que el hotel se llama Cervantes lo cual puede ser una referencia a Miguel de Cervantes Saavedra y al &lt;i&gt;Quijote&lt;/i&gt;. Adem&#225;s, esta referencia lleva nuevamente a una meta-reflexi&#243;n acerca del lugar del lector. Don Quijote es sobre todo un lector que, por su lectura de libros de cabellar&#237;as, enloquece. Su locura consiste en parte de apropiarse de las costumbres de los libros y de creerse un caballero medieval. Se puede ver Petrone como un paralelo a Don Quijote por m&#225;s que no est&#233; loco, pues, como lector de novelas policiales (50) se ha apropiado de los m&#233;todos de los detectives y, como se dijo, pasa el tiempo proponiendo hip&#243;tesis. De hecho, Bessi&#232;re plantea una idea similar al proponer que lo fant&#225;stico &#8220;en vez de extraer su argumento de la derrota de la raz&#243;n, lo hace de la alianza de la raz&#243;n con lo que &#233;sta rechaza habitualmente&#8221; (Bessi&#232;re, 1974: 10). Es decir, la ambig&#252;edad de lo fant&#225;stico resulta del uso vano de los m&#233;todos del policial. As&#237;, se puede ver a Petrone no s&#243;lo como el modelo del lector de policiales, sino tambi&#233;n como el modelo del lector ideal de la literatura fant&#225;stica. Mientras Cort&#225;zar en &#8220;Continuidad de los parques&#8221; critica el lector burgu&#233;s, aqu&#237; propone un modelo de lector ideal, con lo cual vuelve a abrir un pasaje al lector.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh8' id='nb8' class='spip_note' title='Notas 8' rev='footnote'&gt;8&lt;/a&gt;] Cuando Luc se enferma el hombre se encarga de su medicina y cuenta que &#8220;en una casa como &#233;sa donde el m&#233;dico entra y sale sin mayor inter&#233;s, nadie se fija mucho si los s&#237;ntomas finales coinciden del todo con el primer diagn&#243;stico (&#8230;)&#8221; (91). Esto indica que hab&#237;a una incoherencia entre los s&#237;ntomas de la enfermedad y la raz&#243;n por la cual muri&#243; Luc. Adem&#225;s, poco antes, el hombre despu&#233;s de contar de su desesperaci&#243;n causada por la revelaci&#243;n dice: &#8220;(&#8230;) ahora se r&#237;en de m&#237; cuando les digo que Luc muri&#243; unos meses despu&#233;s, son demasiados est&#250;pidos para entender que&#8230;&#8221; (91). En las dos citas algo queda eludido. Es decir, no se sabe si el hombre mat&#243; a Luc, pero el lector tiene que suponerlo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh9' id='nb9' class='spip_note' title='Notas 9' rev='footnote'&gt;9&lt;/a&gt;] Final del juego se publica por la primera vez en 1956, pero &#8220;Una flor amarilla&#8221; no se agrega antes de 1964 en la segunda edici&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh10' id='nb10' class='spip_note' title='Notas 10' rev='footnote'&gt;10&lt;/a&gt;] A pesar de que tanto los cuentos de Bioy como el de Borges tratan de un tema espacial y un pasaje desde un orden a otro, no es de lo espacial que surge lo fant&#225;stico. Eso es el caso a&#250;n en &#8221;Tl&#246;n, Uqbar, Orbis Tertius&#8221; (1941) de Borges, un cuento que directamente trata de una cuesti&#243;n espacial: la posibilidad de mundos ficticios, la coexistencia de un mundo ficticios y el mundo real y el pasaje &#8211; en forma de objetos &#8211; entre estos mundos. Lo que distingue a Borges de Cortazar es que Borges plantea la existencia de varios mundos y usa el pasaje como la prueba de eso, pero no da importancia a la espacialidad en si misma. El pasaje no es lo perturbador si no la teor&#237;a.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh11' id='nb11' class='spip_note' title='Notas 11' rev='footnote'&gt;11&lt;/a&gt;] Es cierto que el narrador en &#8221;Tl&#246;n, Uqbar, Orbis Tertius&#8221; est&#225; esc&#233;ptico frente a la existencia de Tl&#246;n, si bien hay pruebas de su existencia en forma de objetos de materiales desconocidos.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Introducci&#243;n a la teor&#237;a de los mundos posibles</title>
		<link>http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article47</link>
		<guid isPermaLink="true">http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article47</guid>
		<dc:date>2012-04-28T23:41:46Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Mariano Vilar</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Verdad, m&#233;todo y construcci&#243;n de realidad.&lt;/p&gt;

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&lt;a href="http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?rubrique11" rel="directory"&gt;9&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;1. Introducci&#243;n&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Desde hace algunas d&#233;cadas la cultura pop nos viene bombardeando con el concepto de &#8220;universo paralelo&#8221;. Usualmente se trata de mundos que tienen puntos en com&#250;n con el nuestro pero que presentan diferencias en alg&#250;n aspecto esencial, o en varios, y con los que en circunstancias habituales nunca entramos en contacto. Podr&#237;amos citar alguno de los numeros&#237;simos ejemplos provistos por los comics de DC que dependen del concepto de &lt;i&gt;multiverso&lt;/i&gt; (en donde existen distintas tierras con distintos equipos de h&#233;roes y villanos) como un horizonte indispensable para incorporar las considerables variaciones que han experimentado los personajes a lo largo de su historia [&lt;a href='#nb1' class='spip_note' rel='footnote' title='Tal como desarroll&#233; junto a Gustavo Riva en el art&#237;culo &#8220;Hermen&#233;utica y (...)' id='nh1'&gt;1&lt;/a&gt;]. Qued&#233;monos mejor con un cap&#237;tulo de &lt;i&gt;Futurama&lt;/i&gt; en el que, mediante una caja creada por el Prof. Fansworth, los personajes viajaban a un universo paralelo id&#233;ntico al suyo salvo porque al tirar una moneda, los resultados salen invertidos. Es decir, al tirar una moneda en el mundo A (donde transcurre habitualmente la serie) la moneda caer&#225; en &#8220;cara&#8221;, mientras que ese mismo acto en el mundo B producir&#225; el resultado contrario. Debido a esto, todas las decisiones hechas en base a una moneda en los mundos A y B resultar&#225;n diferentes y esto acarrear&#225; una serie de consecuencias. El procedimiento de variar ligeramente alg&#250;n aspecto del mundo que conocemos sin cambiar sus caracter&#237;sticas intr&#237;nsecas se utiliza tambi&#233;n para la postulaci&#243;n de ucron&#237;as, es decir, de mundos en donde se asume un mundo como el nuestro en el que alg&#250;n suceso hist&#243;rico se hubiera desarrollado de forma diferente (&#191;qu&#233; hubiera pasado si Jap&#243;n no hubiera bombardeado Pearl Harbor, o si se hubiera ganado la guerra de Malvinas en el &#8216;82? etc.), lo que puede servir para reflexionar mejor sobre lo que de hecho sucedi&#243;, o simplemente para postular ficciones atractivas al respecto.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Pero tambi&#233;n tenemos ejemplos de universos radicalmente diferentes en donde los individuos existentes no tienen un paralelo con los que existen o existieron en nuestro mundo cotidiano, y las leyes elementales de la f&#237;sica no son las que conocemos. Para esto la cantidad de ejemplos es sencillamente demasiado grande, desde el &lt;i&gt;G&#233;nesis&lt;/i&gt; hasta &lt;i&gt;Harry Potter&lt;/i&gt;, pasando por las f&#225;bulas infantiles y todas las mitolog&#237;as conocidas. Incluso han sido concebidos mundos en los que muchas de las reglas l&#243;gicas b&#225;sicas no se cumplen, y en donde es posible que un alumno de Letras obtenga un 10 (diez) en un parcial de teor&#237;a literaria por su habilidad para trazar c&#237;rculos cuadrados.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Lo que me propongo en este art&#237;culo, siguiendo un poco el m&#233;todo que he utilizado previamente para hablar del &lt;a href=&quot;http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article3&quot; class='spip_in'&gt;Nuevo Historicismo&lt;/a&gt; y de la &lt;a href=&quot;http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article7&quot; class='spip_in'&gt;Cr&#237;tica Arquet&#237;pica&lt;/a&gt;, es presentar algunos lineamientos de la teor&#237;a de los mundos posibles, que postula una serie de modelos y reflexiones destinados a explicar y analizar algunos de los elementos a los que acabamos de hacer referencia (junto con muchos otros). Me ocupar&#233; de dos cuestiones: la relaci&#243;n de esta teor&#237;a con el problema de la verdad en relaci&#243;n a la ficci&#243;n, y sus posibles puntos de contacto con la hermen&#233;utica.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;2. Verdad&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Para aquellos habituados a leer teor&#237;a literaria francesa y sus derivaciones norteamericanas (ya sea estructuralista, deconstruccionista o postestructuralista en general), puede resultar algo sorprendente que un texto dedicado al an&#225;lisis de obras de ficci&#243;n comience por preguntarse por el problema de la verdad. &#191;Qu&#233; verdad? Al momento de defender o cuestionar una intervenci&#243;n cr&#237;tica, es bastante inusual que apelemos a su car&#225;cter &#8220;verdadero&#8221;: esto s&#243;lo puede suceder ocasionalmente si la interpretaci&#243;n demuestra de forma evidente un desconocimiento sobre un aspecto concreto de un texto o de su contexto inmediato (como por ejemplo, una interpretaci&#243;n que se apoye en un desconocimiento patente de la fuente), es decir, de un error m&#225;s filol&#243;gico que cr&#237;tico. No solemos comparar lecturas estructuralistas en base a su mayor o menor grado de &#8220;verdad&#8221;: en todo caso, podemos comparar su adecuaci&#243;n al m&#233;todo en el que en principio se basan, o discutir sobre su efecto de verosimilitud y su capacidad ret&#243;rica para convencernos. Sin duda la hermen&#233;utica trabaja el problema de la verdad (el cl&#225;sico de Gadamer lo indica en su t&#237;tulo &lt;i&gt;Verdad y m&#233;todo&lt;/i&gt;), pero su &#233;nfasis est&#225; puesto en discutir y superar las limitaciones de la opini&#243;n parcial en base al establecimiento de un di&#225;logo fruct&#237;fero entre texto, mundo y lector que no anule las marcas de esta coparticipaci&#243;n: la verdad aparece como una condici&#243;n necesaria para el problema central, que es el de la &lt;i&gt;pregunta&lt;/i&gt; por la verdad.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	En cambio, los autores can&#243;nicos dentro de la teor&#237;a de los mundos posibles no consideran que sea leg&#237;timo sustraerse a este problema ni intentar difuminarlo dentro de una filosof&#237;a del di&#225;logo y de la b&#250;squeda infinita. Uno de los textos m&#225;s citados en relaci&#243;n a esto es &lt;i&gt;Truth and Fiction&lt;/i&gt; de David Lewis, en donde la pregunta es sencillamente: &#191;qu&#233; se puede decir de Sherlock Holmes que sea verdadero en un sentido pleno (por oposici&#243;n a las verdades vac&#237;as)? La noci&#243;n de verdad que maneja aqu&#237; es b&#225;sicamente la que manejamos intuitivamente a diario, es decir, la de verdad por correspondencia. El problema, naturalmente, es que no hay ninguna entidad en nuestro mundo que pueda &#8220;corresponderse&#8221; con Sherlock Holmes. Frente a esto existen tres posturas. La primera, denominada &#8220;monista&#8221;, nos dir&#237;a que hay un solo mundo, el nuestro, y que por lo tanto entidades ficcionales como Sherlock Holmes o Shrek son tan falaces como el c&#237;rculo cuadrado o el actual rey de Francia, con lo que nada de lo que pueda decirse sobre ellas puede aspirar a ning&#250;n nivel de verdad. Esta es la postura de Bertrand Russell, por ejemplo. La segunda se va al otro extremo y sostiene que todas las entidades imaginadas e imaginables son reales en cierto sentido, y que por lo tanto es posible predicar sobre ellas. Esta es la postura de Meinong. Y por &#250;ltimo, la postura que sostienen la mayor parte de quienes adscriben a la teor&#237;a de los mundos posibles (al menos, aquellos a los que nos referiremos aqu&#237;), seg&#250;n la cu&#225;l es posible pensar en mundos posibles ficcionales como entidades simb&#243;licas vehiculizadas por textos u otras formas de representaci&#243;n, que poseen rasgos y caracter&#237;sticas inherentes y que pueden ser reconstruidos (con mayor o menor nivel de detalle) por aquellos individuos destinados a recibir estos textos en primera instancia (si se trata de una novela por ejemplo, sus lectores impl&#237;citos). Estas entidades &#8211;los mundos posibles ficcionales- no son por lo tanto ontol&#243;gicamente id&#233;nticos a objetos imposibles como c&#237;rculos cuadrados, y por ello es que es posible construir discursos acerca de sus propiedades internas que puedan asumirse como &lt;i&gt;verdaderas&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Tanto Lewis como Dole&#382;el plantean que para alcanzar este nivel de verdad es fundamental establecer una &#8220;homogeneidad ontol&#243;gica&#8221; (1998: 18) en los enunciados sobre la ficci&#243;n. En otras palabras, que debe establecerse una diferencia muy clara entre enunciados como &#8220;Shrek es un ogro que vive en un pantano&#8221; y &#8220;Shrek representa el lado instintivo y bestial de la humanidad&#8221;: el primero es sencillamente verdadero porque puede constatarse en el mundo posible articulado alrededor de las pel&#237;culas de la serie Shrek sin necesidad alguna de recurrir a elementos externos pertenecientes a nuestro mundo cotidiano, mientras que el segundo incurre en lo que Dole&#382;el llama una &lt;i&gt;falacia mim&#233;tica&lt;/i&gt;, en la medida en la que confunde arbitrariamente planos heterog&#233;neos y construye entidades abstractas que no se despliegan inmediatamente del contacto con estos mundos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Planteada de esta forma extrema, pareciera que esto reduce a la teor&#237;a de los mundos posibles a enunciar verdades absolutamente evidentes y por lo tanto, bastante in&#250;tiles. La forma en la que cada uno de los autores que estamos teniendo en cuenta resuelve este problema difiere en algunos aspectos. Lewis, por ejemplo, reconoce que es posible dar como &#8220;ciertos&#8221; algunos elementos de un mundo ficcional bas&#225;ndose en las presuposiciones culturales que har&#237;an los lectores impl&#237;citos del texto en su contexto original. Por ejemplo, es posible decir que en el mundo ficcional de Madame Bovary los deseos sexuales de su protagonista no proven&#237;an del hechizo de una bruja mal&#233;vola, ya que en la novela no se dice nada al respecto y los lectores no hubieran asumido tal cosa en la Francia del siglo XIX. En este sentido, los elementos de un mundo posible ficcional no son s&#243;lo los que introduce en &#233;l expl&#237;citamente el narrador, sino tambi&#233;n los que introducen las expectativas de los lectores en un momento hist&#243;rico determinado. Para Dole&#382;el, los mundos ficcionales indudablemente poseen huecos sobre los que no es posible afirmar nada (&#191;ten&#237;a Emma Bovary un lunar en la espalda?), pero tambi&#233;n, existen mecanismos de inferencia que permiten pensar enunciados verdaderos sobre el funcionamiento de estos mundos que no se desprenden de un texto de forma absolutamente inmediata. Dole&#382;el le dedica un cap&#237;tulo al tema en &lt;i&gt;Heterocosmica&lt;/i&gt; (VII.2: &#8220;Implicitness&#8221;) en el que compara los condicionantes globales de la interpretaci&#243;n que derivan de la &#8220;enciclopedia ficcional&#8221; que poseen los lectores sobre las propiedades del mundo que habitan y de sus expectativas gen&#233;ricas en relaci&#243;n al tipo de texto que est&#225;n interpretando, y los mecanismos espec&#237;ficos y locales que impulsan a completar lo que en el mundo ficcional no aparece enteramente desarrollando (como las lagunas, los impl&#237;citos, etc.). Aunque en su texto aboga por un reconocimiento pautado de los mecanismos de inferencia que elimine la sobreinterpretaci&#243;n o la reduzca al m&#237;nimo, est&#225; claro que este es uno de los tantos aspectos en donde la homogeneidad ontol&#243;gica se ve m&#225;s evidentemente comprometida.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Si bien detenerse en la pregunta por la verdad en relaci&#243;n a cualquier marco te&#243;rico es interesante de por s&#237;, quiz&#225;s el aspecto m&#225;s sugestivo en nuestro caso particular es interpretar esta pregunta en su car&#225;cter pol&#233;mico. Aquellos autores que defienden la posibilidad de mundos ficcionales sobre los que es posible &#8220;referir&#8221; emplean la noci&#243;n de verdad que hemos comentado principalmente para discutir con las concepciones textualistas de la interpretaci&#243;n, y en cierta medida (aunque esto s&#243;lo se percibe claramente en el caso de Dole&#382;el) con la concepci&#243;n hermen&#233;utica. La primera de estas corrientes, asociada al estructuralismo y al postestructuralismo, es cuestionada en tanto presenta una imagen falaz de la lectura en la que el receptor de una obra leer&#237;a el texto &#8220;puro&#8221; (el juego de los significantes), dedic&#225;ndose esencialmente a establecer relaciones sem&#225;nticas abstractas entre conceptos y c&#243;digos diversos. Tanto Pavel como Dole&#382;el sostienen que lo que realmente sucede es netamente distinto: accedemos a un texto ficcional en la medida en la que proyectamos los elementos que se presentan en su textura a un mundo espec&#237;fico y (en la enorme mayor&#237;a de los casos) ontol&#243;gicamente coherente con el que nos relacionamos de forma imaginaria. [&lt;a href='#nb2' class='spip_note' rel='footnote' title='No hay duda que algunas de las diferencias de enfoque provienen de las (...)' id='nh2'&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Un an&#225;lisis basado en esta teor&#237;a debe apuntar por lo tanto hacia tres direcciones: por un lado, una instancia pragm&#225;tico-cognitiva que apunta a determinar el proceso por el cu&#225;l esos mundos se instituyen en nuestra imaginaci&#243;n; la segunda, a desarmar anal&#237;ticamente cuales son las propiedades de cada uno de esos mundos; y la tercera, a establecer qu&#233; tipo de contactos y relaciones de integraci&#243;n o diseminaci&#243;n se producen entre todos esos mundos posibles generados en el interior de un imaginario cultural. El primero de estos aspectos ha sido trabajado por autores como Searle (pragm&#225;tica) o Bruner (narrat&#243;logo-cognitivo), que no comentaremos espec&#237;ficamente en este art&#237;culo, y tambi&#233;n tiene una derivaci&#243;n directa con problem&#225;ticas propias de la ludolog&#237;a, en tanto el establecimiento de un mundo posible implica tambi&#233;n el establecimiento de una forma de juego (un &lt;i&gt;make-belive&lt;/i&gt;). El segundo es el n&#250;cleo del an&#225;lisis narratol&#243;gico propuesto por Dole&#382;el el &lt;i&gt;Heterocosmica&lt;/i&gt;, y el tercero y &#250;ltimo es el asunto principal del texto de Pavel, &lt;i&gt;Fictional Worlds.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Trabajar estos tres &#225;ngulos aqu&#237; exigir&#237;a un extens&#237;simo desarrollo, por lo que deberemos dejarlo para art&#237;culos futuros. Tal como anunciamos arriba, nos dedicaremos en lo que queda del art&#237;culo a reflexionar sobre las posibles relaciones entre estas teor&#237;as y la hermen&#233;utica.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;3. Mundos abiertos&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Enfatizar el inter&#233;s de algunos de los principales autores abocados a la teor&#237;a de los mundos posibles por el rigor conceptual no deber&#237;a hacernos perder de vista los aspectos de esta teor&#237;a que pueden funcionar de una forma m&#225;s abierta y flexible en la relaci&#243;n con otras disciplinas o m&#233;todos de interpretaci&#243;n. En otras palabras, incluso si la teor&#237;a en su aspecto ontol&#243;gico nos resulta discutible en su pretensi&#243;n de purismo, podemos de todas formas aprovechar muchas de sus herramientas y relacionarlas con otros enfoques que se hacen cargo, de forma divergente, del concepto de &#8220;mundo&#8221; como un elemento indisociable del proceso interpretativo. Desde la narratolog&#237;a, este es precisamente el enfoque de Mart&#237;nez y Scheffel (2011), que declaran expl&#237;citamente que:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;(...) es err&#243;neo explicar el fen&#243;meno de la ficcionalidad por medio de los &lt;mundos posibles&gt;. Es que, al hacer esto, el doble car&#225;cter fundamental de las oraciones ficcionales en tanto discurso imaginario-aut&#233;ntico de un narrador y, al mismo tiempo, discurso real-inaut&#233;ntico de un autor, queda fuera de consideraci&#243;n. (...) A pesar de que, por lo tanto, el concepto de los mundos posibles choca con problemas considerables en la definici&#243;n de la ficcionalidad, resulta &#250;til para una tipolog&#237;a de los mundos narrados. (Mart&#237;nez y Scheffel 2011: 187)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Pero que sin embargo presentan una categorizaci&#243;n de los mundos posibles narrativos que tiene algunos puntos en com&#250;n con la que propuso Guadalupe Campos en su art&#237;culo &lt;a href=&quot;http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article17&quot; class='spip_in'&gt;&#8220;Modalidad mim&#233;tica y mundos posibles&#8221;&lt;/a&gt;
. Por fuera de la veta narratol&#243;gica, el concepto de &#8220;mundo&#8221; tiene un ampl&#237;simo desarrollo en una de las formas de interpretaci&#243;n que hemos mencionado arriba: la hermen&#233;utica, desde donde se ha se&#241;alado insistentemente que los textos est&#225;n siempre abiertos hacia un mundo, y que la labor principal del cr&#237;tico consiste en plantear esas relaciones entre el mundo que hizo surgir a ese texto y el mundo desde el que lo leemos, reconstruyendo de estas formas las preguntas a las que su aparici&#243;n en principio quiso dar respuesta, para rehacerlas desde nuestra perspectiva actual. Autores como Gadamer, Ricoeur, Said y Bajt&#237;n han desarrollado extensamente estos postulados, cuya diversificaci&#243;n y complejidad no estamos para nada intentando agotar.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Nelson Goodman trabaja en su libro Ways of worldmaking desde una concepci&#243;n pluralista y constructivista en donde cada perspectiva crea en cierta medida su propio mundo de sentido. Un ejemplo muy ilustrativo que puede servirnos para pensar este tipo de perspectiva es la teor&#237;a de los afectos de Uexk&#252;ll, un bi&#243;logo frecuentemente citado por fil&#243;sofos como Deleuze y Agamben [&lt;a href='#nb3' class='spip_note' rel='footnote' title='El primero suele citarlo en relaci&#243;n a la teor&#237;a spinozista de los afectos y (...)' id='nh3'&gt;3&lt;/a&gt;] y que se ha dedicado a estudiar la forma en la que cada organismo concibe su entorno. Como dice en una de sus &#8220;Cartas biol&#243;gicas a una dama&#8221;:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;Un panorama fe&#233;rico se ofrece a nuestra contemplaci&#243;n espiritual, si intentamos imaginar los resultados de esa coordinaci&#243;n biol&#243;gica en los mundos innumerables de los hombres y de los animales. Llenan el universo refulgentes pompas de jab&#243;n, que aparecen y desaparecen. En cada una hay un mundo, mundo breve y humilde o suntuoso y amplio. (...) El mundo de los animales monocelulares consta de notas por igual terror&#237;ficas, que empuja al ser fugitivo hasta el &#250;nico lugar en donde ya no percibe est&#237;mulo alguno; y en ese lugar encuentra su alimento. La brillante medusa no siente del mundo nada que m&#225;s que el golpe de sus propios remos, con el que introduce en su cuerpo y expulsa de su cuerpo la corriente de la nutritiva agua marina. (...) Y as&#237;, de grado en grado, en creciente muchedumbre, los mundos rodean a los sujetos. (Uexk&#252;ll 1925: 83-84)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;	Para una perspectiva como la de Goodman, cada una de estas formas de vida construye un mundo en base a estos est&#237;mulos y estos mundos no tienen en s&#237; mayor o menor validez que otros, ya que no existir&#237;a un mundo de referencia externo contra el que puedan contrastarse. &#191;Qu&#233; pasar&#237;a si intent&#225;ramos pensar en esta concepci&#243;n pero ya no a largo de las diferentes especies animales y su percepci&#243;n, sino que a lo largo de de la historia de la humanidad? Tendr&#237;amos as&#237; una especie de &lt;i&gt;Mimesis&lt;/i&gt; de Auerbach, en el que cada cap&#237;tulo reflejar&#237;a los recortes, &#233;nfasis y composici&#243;n de cada mundo cultural, pero en el cual (y en esto se apartar&#237;a de &lt;i&gt;Mimesis&lt;/i&gt;) no existir&#237;a ning&#250;n punto de referencia para juzgar el progreso de esas perspectivas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	El estudio que realiza Pavel de los mitos y de su inclusi&#243;n progresiva en la literatura de las diferentes culturas puede emparentarse con esto: en la medida en la que los elementos considerados como inherentes al mundo real (ya que Pavel no sostiene la posici&#243;n constructivista extrema de Goodman sino que se atiene m&#225;s a los par&#225;metros cl&#225;sicos de la teor&#237;a de los mundos posibles) dejan de corresponder a entidades reconocidas como existentes, pasan a engrosar el canon de lo ficcional y a ocupar una funci&#243;n diferente dentro de la econom&#237;a de lo imaginario. Pavel sostiene tambi&#233;n que existen diferencias sustanciales entre el nivel de &#8220;saturaci&#243;n&#8221; (es decir, en el nivel de detalle de la descripci&#243;n de los elementos que conforman cada mundo) en una cultura en crisis frente a una cultura en una situaci&#243;n de estabilidad: en el &#250;ltimo caso hay mucho m&#225;s que puede darse por conocido, mientras que en el primero, cada elemento debe ser recreado y justificado. Dir&#237;amos por ejemplo que en el mundo posible en el que este art&#237;culo est&#225; siendo escrito, la teor&#237;a literaria es una entidad que requiere precisamente de este continuo esfuerzo de saturaci&#243;n y refuncionalizaci&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Pero volviendo al asunto principal, resulta posible concebir un di&#225;logo entre estas concepciones que atienda precisamente a los aspectos formales y descriptivos de la teor&#237;a de los mundos posibles en la medida en la que pueden suplir una cierta falta de sistematicidad en las teor&#237;as que atienden al di&#225;logo entre horizontes existenciales, o que se basan en nociones vagas sobre el o los imaginarios de un determinado per&#237;odo. Por supuesto, esta eventual combinaci&#243;n metodol&#243;gica tiene consecuencias en el plano te&#243;rico: en la medida en la que se acepte una visi&#243;n general de corte hermen&#233;utico, ser&#225; imposible evitar la llamada &#8220;falacia mim&#233;tica&#8221; de Dole&#382;el, ya que la significaci&#243;n estar&#225; siempre determinada en la relaci&#243;n entre mundos con l&#243;gicas diferentes y no s&#243;lo en las propiedades inherentes a cada uno. El purismo heredado de la filosof&#237;a anal&#237;tica sencillamente complica demasiado la posibilidad de incorporar aquello que leemos en un marco hist&#243;rico-existencial. Por lo dem&#225;s, no es muy distinto de lo que sucede si se intenta aplicar las categor&#237;as estructuralistas &#8220;duras&#8221; de forma mec&#225;nica.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	&#191;Cu&#225;l podr&#237;a ser un buen punto de partida para comenzar un an&#225;lisis seg&#250;n estos presupuestos? Podr&#237;amos comenzar entonces asumiendo que un mundo ficcional espec&#237;fico (una obra concreta, ya sea literaria, pict&#243;rica, cinematogr&#225;fica, filos&#243;fica, virtual, etc.) presenta una respuesta posible a una pregunta enunciada desde su exterior, es decir, desde un mundo cuyas propiedades son diferentes. En este sentido, la estructuraci&#243;n de los mundos ficcionales incluir&#237;a en su constituci&#243;n interna los rastros semi&#243;ticos de esa divergencia. Mediante una descripci&#243;n exhaustiva de las propiedades inherentes del mundo concreto que se abre en el fen&#243;meno cultural que estemos analizando, resultar&#237;a posible incorporar al reconocimiento hist&#243;rico y te&#243;rico de esa diferencia un m&#233;todo de an&#225;lisis formal.&lt;/p&gt; &lt;hr class=&quot;spip&quot; /&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Bibliograf&#237;a&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Goodman, Nelson [1978]. &lt;i&gt;Ways of Worldmaking.&lt;/i&gt;. DIsponible online en: &lt;a href=&quot;http://ru.philosophy.kiev.ua/library/goodman/00.html&quot; class='spip_url spip_out' rel='nofollow external'&gt;http://ru.philosophy.kiev.ua/librar...&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
Dole&#382;el, L. (1998). &lt;i&gt;Heterocosmica&lt;/i&gt;. Baltimore, John Hopkins University Press.&lt;br /&gt;
Mart&#237;nez, M. y M. Scheffel (2011). &lt;i&gt;Introducci&#243;n a la narratolog&#237;a&lt;/i&gt;. Buenos Aires, Las Cuarenta.&lt;br /&gt;
Pavel, T. G. (1986). &lt;i&gt;Fictional Worlds&lt;/i&gt;. Cambridge, Harvard University Press.&lt;br /&gt;
Uexk&#252;ll, J. (1925). &lt;i&gt;Cartas biol&#243;gicas a una dama&lt;/i&gt;. Madrid, Revista de Occidente.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;p&gt;[&lt;a href='#nh1' id='nb1' class='spip_note' title='Notas 1' rev='footnote'&gt;1&lt;/a&gt;] Tal como desarroll&#233; junto a Gustavo Riva en el art&#237;culo &lt;a href=&quot;http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article28&quot; class='spip_in'&gt;&#8220;Hermen&#233;utica y apophenia&#8221;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh2' id='nb2' class='spip_note' title='Notas 2' rev='footnote'&gt;2&lt;/a&gt;] No hay duda que algunas de las diferencias de enfoque provienen de las diferencias entre la filosof&#237;a continental del lenguaje y la anglosajona, cuyo car&#225;cter anal&#237;tico se opone a la verbosidad de los franceses&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh3' id='nb3' class='spip_note' title='Notas 3' rev='footnote'&gt;3&lt;/a&gt;] El primero suele citarlo en relaci&#243;n a la teor&#237;a spinozista de los afectos y el segundo le dedica varios cap&#237;tulos de su libro &lt;i&gt;Lo abierto.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Una historia de la fascinaci&#243;n.</title>
		<link>http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article45</link>
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		<dc:date>2012-04-28T23:41:40Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Gustavo Riva</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Rese&#241;a de &#8220;Elogio del l&#225;tigo&#8221; de Niklaus Largier.&lt;/p&gt;

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&lt;a href="http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?rubrique11" rel="directory"&gt;9&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&quot;Elogio del l&#225;tigo&quot; de Niklaus Largier, traducido y editado en 2010 por Oc&#233;ano, es un libro un tanto dif&#237;cil de catalogar. En principio, podr&#237;a decirse que pertenece a la &quot;historia cultural&quot;. El texto rastrea la evoluci&#243;n de una pr&#225;ctica social, la flagelaci&#243;n, a lo largo del tiempo. Sin embargo, la forma de trabajar con las fuentes y la manera de interpretarlas convierte al libro en un ejemplo interesante de an&#225;lisis textual y literario que vale la pena tener en cuenta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	El libro analiza las representaciones y los discursos acerca de la flagelaci&#243;n en la cultura Europea desde los alrededores del a&#241;o 1000 hasta principios del siglo XX. Todo comienza con los textos del reformador mon&#225;stico benedictino Pedro Damian (1007-1072), quien logra la implementaci&#243;n de la autoflagelaci&#243;n voluntaria como t&#233;cnica cotidiana en los monasterios. En el otro extremo de la historia delineada por Largier se encuentra un episodio de fantasias de flagelaci&#243;n en &#8220;La b&#250;squeda del tiempo perdido&#8221; de Proust. En el camino est&#225;n el misticismo medieval, los auto-flagelantes que recorr&#237;an Europa durante el Renacimiento, el discurso m&#233;dico de la Ilustraci&#243;n, el marqu&#233;s de Sade, la psiquiatr&#237;a, la literatura pornogr&#225;fica y el psicoan&#225;lisis. El aspecto m&#225;s prominente del libro es no ver una oposici&#243;n entre las pr&#225;cticas de flagelaci&#243;n religiosas y las sexuales, sino una continuidad y una semajanza. Largier intenta demostrar que los m&#233;todos y los objetivos de la flagelaci&#243;n de un monje en su celda en el a&#241;o 1100 y los de una prostituta en un burdel en el a&#241;o 1900 son muy similares. En ambos casos se trata de alcanzar una experiencia sensorial artificial (m&#237;stica o sexual) que escapa a los par&#225;metros &#8220;normales&#8221;, &#8220;racionales&#8221; y &#8220;sensatos&#8221;. Largier destaca asimismo el aspecto teatral de la flagelaci&#243;n. Ya sea en el el claustro de un monje o en una escena pornogr&#225;fica, la flagelaci&#243;n es una puesta en escena frente a los ojos de alg&#250;n otro (de Dios o de un &lt;i&gt;voyeur&lt;/i&gt;). En este sentido, la flagelaci&#243;n conlleva un desarrollo de la imaginaci&#243;n a trav&#233;s de esta mirada teatral del sujeto que experimenta su propio cuerpo como algo externo y puede as&#237; construir un tipo de experiencia artificial y sublime. En este sentido, lo que une todos los textos y discursos que el libro analiza es &#8220;La escenificaci&#243;n del cuerpo en relaci&#243;n con la excitaci&#243;n de la fantas&#237;a&#8221;. Partiendo de estas premisas, los textos son iluminados en aspectos antes insospechados.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Dejando de lado estos aspectos concretos del tema del libro, me interesa por sobre todo reflexionar acerca de su m&#233;todo y en qu&#233; sentido el mismo puede servir de ejemplo para investigaci&#243;n similares de otro tipo de fen&#243;menos. Lo primero a resaltar es la enorme erudici&#243;n del libro, lleno de referencias a textos que para cualquier lector moderno resultan absolutamente desconocidos y sin duda nada f&#225;cil de rastrear y localizar. Lo m&#225;s interesante de esta erudici&#243;n es que evita las tentaciones de posicionarse desde el punto de vista del c&#225;non literario moderno e intenta m&#225;s bien reconstruir la importancia cultural de los textos analizados. Para poner un ejemplo, el an&#225;lisis de la literatura del Marqu&#233;s de Sade ocupa un espacio mucho mejor que las reflexiones en torno al libro que inspir&#243; gran parte de la literatura de Sade: &lt;i&gt;Th&#233;r&#232;se philosophe&lt;/i&gt;. En oposici&#243;n al c&#225;non literario que ve en este &#250;ltimo texto simplemente una de las influencias de la obra de Sade, para Largier textos como &lt;i&gt;Justine &lt;/i&gt; de Sade no son m&#225;s que reformulaciones de &lt;i&gt;Th&#233;r&#232;se philosophe&lt;/i&gt;, un texto cuya originalidad e influencia cultural son mucho m&#225;s fuertes que la obra de Sade. Al tiempo que Largier compila esta gran cantidad de textos m&#225;s o menos oscuros, el libro no es para nada un simple cat&#225;logo. Se trata de ubicar los textos en una evoluci&#243;n del discurso occidental acerca de la flagelaci&#243;n teniendo en cuenta el rol de la teatralidad, de los sentidos, de la imaginaci&#243;n y de la experiencia en los mismos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El rasgo m&#225;s propio y sobresaliente del m&#233;todo empleado por Largier es el intento de adaptarse a la l&#243;gica propia del texto, de evitar el uso de conceptos o presupuestos propios de otro contexto. Para Largier no hay ning&#250;n discurso acerca de la flagelaci&#243;n y la sexualidad que no sea hist&#243;rico y por lo tanto evita lo que ser&#237;a m&#225;s com&#250;n en la modernidad: aplicar un discurso &#8220;cient&#237;fico&#8221; para interpretar lo que los textos pre-modernos en su &#8220;ignorancia&#8221; trataban de explicar de otra manera. Como muestra el propio Largier, el procedimiento de posicionarse en un discurso ilustrado y revelar la supuesta &#8220;verdad oculta&#8221; de los textos religiosos o ficcionales sobre la flagelaci&#243;n es muy antiguo y el humanista Pico della Mir&#225;ndola (1463-1494) es el primero en hacerlo. Pico, adelant&#225;ndose m&#225;s de 400 a&#241;os a Freud, atribu&#237;a el placer a ser golpeado por un l&#225;tigo a un recuerdo de los castigos corporales sufridos durante la ni&#241;ez.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Largier procede de un modo totalmente distinto a Pico y los psiquiatras y psicoanalistas. Para &#233;l, la verdad de cada texto est&#225; inscripta en el texto mismo. Cada texto tiene su propia l&#243;gica y debe ser analizado seg&#250;n esta. En este sentido, los textos m&#233;dicos o psiqui&#225;tricos sobre la flagelaci&#243;n poseen el mismo status que los textos m&#237;sticos o pornogr&#225;ficos; no constituyen una verdad superior. Al leer los textos medievales o pornogr&#225;ficos, Largier se adapta a su l&#243;gica, a su sentido, a su verdad. Cuando lee los modernos o moralistas hace lo mismo. Los distintos discursos pueden cruzarse y ser comparados, pero sin presuponer la superioridad de alguno de ellos por sobre los otros. En lugar de negar la verdad de un discurso e imponerle otra verdad ajena, el objetivo es que las propuestas de los diferentes textos se iluminen rec&#237;procamente. Si Freud ayuda a entender aspectos m&#225;s o menos ocultos de los &#8220;Ejercicios espirituales&#8221; del fundador de los Jesuitas, Ignacio de Loyola (1491-1556), &#233;ste tambi&#233;n ayuda a entender mejor a Freud.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Un correlato de este procedimiento es evidentemente: la indiferencia del g&#233;nero discursivo a la hora de seleccionar las fuentes. Cualquier tipo de texto, sea literario, religioso, m&#233;dico o biogr&#225;fico sirve. El m&#233;todo de an&#225;lisis tiene en cuenta esta especificidad gen&#233;rica, pero s&#243;lo marginalmente. A fin de cuentas todos los textos son analizados como si se trataran de ficciones; es decir, no importa si detr&#225;s de estas representaciones textuales de la flagelaci&#243;n se esconden pr&#225;cticas o experiencias reales (incluso en los casos de textos m&#233;dicos o autobiogr&#225;ficos); lo fundamental es la forma en que los textos representan la flagelaci&#243;n y lo que dicen al respecto.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Otro aspecto importante del m&#233;todo es la renuncia a establecer una &#8220;evoluci&#243;n&#8221; en la concepci&#243;n de la flagelaci&#243;n. El paso del tiempo implica sin duda un desarrollo sistematizable y descriptible, pero no implica una superaci&#243;n. Los textos van incorporando nuevos discursos o variando los anteriores y estos cambios pueden analizarse, pero los nuevos discursos no invalidan los anteriores. El discurso m&#233;dico no vuelve obsoleto al discurso m&#237;stico, simplemente ofrece una nueva perspectiva que reemplaz&#243; a la anterior en ciertos &#225;mbitos culturales. Sin embargo, el discurso m&#237;stico, sostiene Largier, sigue funcionando, por ejemplo, en la literatura del decadentismo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Largier define su m&#233;todo como &#8220;Topolog&#237;a hist&#243;rica&#8221; que implicar&#237;a la combinaci&#243;n de varios procedimentos: formas de archiv&#237;stica, descripciones, par&#225;frasis textuales, an&#225;lisis de capas arqueol&#243;gicas y conexiones geneal&#243;gicas. Todos estos procedimientos se hacen siguiendo el principio de dejarse seducir por el objeto de an&#225;lisis, por lo que Largier dice que en definitiva su libro es una &#8220;historia de la fascinaci&#243;n&#8221;. Lo que gu&#237;a la investigaci&#243;n es la sumisi&#243;n del cr&#237;tico a su objeto de estudio, su fascinaci&#243;n por el texto a analizar. El presupuesto ser&#237;a evitar la aplicaci&#243;n de par&#225;metros del cr&#237;tico que contradicen los presupuestos y objetivos del objeto de estudio. El cr&#237;tico debe intentar deshacerse de sus prejuicios y transformarse en el receptor ideal que el texto propone. Veamos c&#243;mo funciona esto en un caso particular, por ejemplo, el an&#225;lisis de los textos en defensa de la adoraci&#243;n de las im&#225;genes publicados en la Pen&#237;nsula Ib&#233;rica durante la Contrarreforma. Se trata de obras que explican c&#243;mo a partir de la contemplaci&#243;n de im&#225;genes sacras es posible alcanzar una comunicaci&#243;n con la divinidad. Largier acepta los postulados de estas obras: por ejemplo que Dios existe, que la comunicaci&#243;n con &#233;l es posible, que los procesos psicol&#243;gicos funcionan como el texto lo describe. Este primer paso, muy aceptable desde una perspectiva hermen&#233;utica, es seguido de un segundo paso m&#225;s osado: la negaci&#243;n a realizar interpretaciones de corte sociol&#243;gicas que impliquen posicionar al texto en un contexto que el mismo texto no contempla. A Largier no le importa el rol pol&#237;tico de estos textos en las guerras religiosas, ni las condiciones socio-econ&#243;micas que pueden permitir este tipo de discurso. Si los textos se entend&#237;an a s&#237; mismos como apol&#237;ticos, as&#237; deben ser interpretados. Incluso una lectura foucaultinana que pensara, por ejemplo, el tipo de sujeto subordinado a las relaciones de poder que surge de las pr&#225;cticas m&#237;sticas queda marginalizada, porque los textos no se refieren a esto espec&#237;ficamente.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En principio es interesante preguntarse hasta qu&#233; punto es realmente factible olvidar los propios prejuicios cr&#237;ticos. Los textos de diferentes per&#237;odos y contextos utilizan lenguajes y parten de visiones del mundo tan dis&#237;miles que para hacer una historia es necesario poseer alg&#250;n tipo de metalenguaje. Una forma de sortear esta dificultad consiste en buscar aquel punto en que todos los textos hablan de lo mismo: lo que para Largier sucede en la relaci&#243;n entre flagelaci&#243;n, escenificaci&#243;n, imaginaci&#243;n y excitaci&#243;n. Largier invierte la relaci&#243;n de explicaci&#243;n entre textos &#8220;cient&#237;ficos&#8221; y &#8220;m&#237;sitcos&#8221;, es decir, que los postulados de los textos m&#237;sticos son la base de los cient&#237;ficos y no al rev&#233;s.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Otra estrategia de comparaci&#243;n entre textos dis&#237;miles consiste en crear un metalenguaje proveniente de los textos a analizar que sirve para comprender los discursos cr&#237;ticos contempor&#225;neos al respecto. Largier establece impl&#237;citamente una dicotom&#237;a en los discursos sobre la flagelaci&#243;n que puede verse reflejada en el discurso cr&#237;tico acerca de los mismos. As&#237;, seg&#250;n Lariger, la historia de la flagelaci&#243;n se divide entre quienes la defienden como una forma de acceder a experiencias imaginarias (los m&#237;sticos, los artistas decadentistas) y quienes la critican por causar fantas&#237;as que atentan contra la racionalidad (la Reforma, la Ilustraci&#243;n, la medicina). Esta misma dicotom&#237;a, pero en una formulaci&#243;n m&#225;s abstracta y no limitada a la pr&#225;ctica de la flagelaci&#243;n, puede rastrearse en el discurso cr&#237;tico, como muestra en otro de sus libros, no traducido al espa&#241;ol, acerca de la relaci&#243;n entre ascesis y literatura decadentista, &lt;i&gt;Die Kunst des Begehrens&lt;/i&gt; (El arte del deseo). All&#237; Largier se posiciona en contra de la tradici&#243;n &#8220;moralista&#8221; (&#8220;desde S&#233;neca hasta Baudrillard&#8221;) que pretende descalificar las pr&#225;cticas de generaci&#243;n de experiencias artificiales (como la flagelaci&#243;n) por considerarlas simple ilusi&#243;n y simulacro; un s&#237;ntoma de decadencia que debe ser eliminado de las pr&#225;cticas sociales &#250;tiles. Seg&#250;n esta tradici&#243;n moralista, tanto las pr&#225;cticas asc&#233;ticas como las hedonistas, conllevan el riesgo de ser absorbido por las imaginaciones y negar el poder de lo racional. De esta manera el discurso cr&#237;tico sobre la flagelaci&#243;n es, para Largier, simplemente una continuaci&#243;n de la disputa entre moralistas y hedonistas. El cr&#237;tico no se posiciona por sobre su objeto de estudio, sino a su mismo nivel y su discurso es un eslab&#243;n m&#225;s en la tradici&#243;n de discursos sobre la flagelaci&#243;n. En este sentido la expresi&#243;n &#8220;historia de la fascinaci&#243;n&#8221; adquiere nuevos matices. Significa que el cr&#237;tico toma partido por el discurso hedonista, por la creencia en el poder de la imaginaci&#243;n para generar experiencias, y por lo tanto se deja seducir por los textos. La mirada del cr&#237;tico se confunde con la mirada de los textos m&#237;sticos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Este procedimiento es sin duda pol&#233;mico. &#191;Hasta qu&#233; punto dejarse seducir por Ignacio de Loyola y sus &#8220;Ejercicios espirituales&#8221; no implica olvidar el papel de este pensamiento m&#237;stico en la Contrareforma y todo lo que ella pol&#237;ticamente e hist&#243;ricamente ocasion&#243;? &#191;Podemos dejarnos seducir por la filosof&#237;a de Sade y aceptarla sin m&#225;s? Los &#8220;cr&#237;ticos moralistas&#8221; tal vez tienen raz&#243;n en parte cuando critican los arrebatos de irracionalismo que pueden generar las im&#225;genes. Es cierto, sin embargo, que la cr&#237;tica racionalista-moralista es m&#225;s usual que la propuesta por Largier y, en este sentido, su historia de la fascinaci&#243;n es bienvenida y otorga una nueva y provechosa mirada que ilumina aspectos nunca antes contemplados de la flagelaci&#243;n y que puede servir de ejemplo para investigaciones de otros fen&#243;menos culturales.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>No hay l&#237;neas rectas, ni en las cosas ni en el lenguaje</title>
		<link>http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article46</link>
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		<dc:date>2012-04-28T04:41:00Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Nacho Damiano</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Tiempo, memoria y escritura en En busca del tiempo perdido y La &#250;ltima cinta de Krapp&lt;/p&gt;

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&lt;a href="http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?rubrique11" rel="directory"&gt;9&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;El tiempo, la forma en que lo experimentamos y su an&#225;lisis objetivo, son temas de innumerables trabajos literarios, filos&#243;ficos y hasta matem&#225;ticos. Decir algo novedoso acerca de lo que significa en nuestras vidas (finitas por definici&#243;n, la &#250;nica certeza que tenemos es que vamos a morir) el paso del tiempo es una tarea a priori imposible. Conociendo esas limitaciones, el presente texto se propone confrontar dos maneras muy dis&#237;miles &#8211;por lo menos en sus puntos de partida&#8211; de elaborar teor&#237;as sobre el significado del tiempo y la memoria y su injerencia en la vida del hombre. En primera instancia, nos sumergiremos en la obra cumbre de Marcel Proust, &lt;i&gt;En busca del tiempo perdido&lt;/i&gt;. Desde el t&#237;tulo mismo podemos ver la importancia de la tem&#225;tica en la novela. Si bien se har&#225;n alusiones a la totalidad, se trabajar&#225; en profundidad la primera parte, &lt;i&gt;Por el camino de Swann&lt;/i&gt;. Reflexionar exclusivamente acerca del principio de una obra que se jacta de ser circular pareciera ser una contradicci&#243;n, pero quedar&#225; demostrado que no lo es. Como contrapartida, se tematizar&#225; &lt;i&gt;La &#250;ltima cinta de Krapp&lt;/i&gt; de Samuel Beckett, obra radicalmente distinta desde el punto de vista gen&#233;rico (es una pieza dram&#225;tica) y estil&#237;stico, pero al igual que &lt;i&gt;En busca&lt;/i&gt;&#8230;, estamos frente a una obra que gira en torno al paso del tiempo y a la funci&#243;n de la memoria en nuestras vidas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La hip&#243;tesis que se trabajar&#225; es que, si bien en el caso de Proust, la memoria pareciera elevarse al estatuto de musa que s&#243;lo nos visita cuando ella lo determina y, en el texto de Beckett, a simple vista, pareciera darse el fen&#243;meno opuesto, la forma en la que ambos autores entienden el funcionamiento de la memoria es bastante similar. Por motivos de extensi&#243;n y claridad en los conceptos no ser&#225; parte de este trabajo un an&#225;lisis ni gen&#233;rico ni ling&#252;&#237;stico de las obras.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;El huevo y la gallina.&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Proust afirma que los textos preexisten en la mente del escritor, que nacen con &#233;l pero no son inteligibles hasta que los escribe. El verdadero trabajo del artista no se asemeja al del demiurgo creador de universos sino al del traductor, encargado de trasladar al idioma del lenguaje esas nociones internas y abstractas. En otras palabras, todo escritor sabe desde que nace lo que va a escribir, pero debe esperar a &#8220;recordarlo&#8221; para poder llevar a cabo la obra. Quiz&#225;s sea ese uno de los motivos que por los que el discurso del narrador de &lt;i&gt;En busca&lt;/i&gt;&#8230; y el del propio Marcel Proust sean algo tan complejo de individualizar. El narrador de la novela (lo sabremos en la &#250;ltima de las siete entregas) va a escribir lo que ahora (&#191;ahora?) nos est&#225; relatando en la primera, s&#243;lo que hasta que la anagn&#243;risis no opere, &#233;l no lo sabr&#225;. Pero lo que escribe (lo que escribir&#225; o lo que escribi&#243;, es ah&#237; donde se juega todo), no es su vida: es su recuerdo de c&#243;mo ha sido su vida.&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;Ya sea porque en m&#237; se ha cegado la fe creadora, o sea porque la realidad no se forme m&#225;s que en la memoria, ello es que las flores que hoy me ense&#241;an por vez primera no me parecen flores de verdad. (Proust, 2006: I, 163)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Si algo puede ser elogiado en el escritor franc&#233;s es su capacidad de transformar las sensaciones en notaciones, de lograr descripciones y narraciones que sobrevivan a aqu&#233;l que ha percibido el est&#237;mulo original, el est&#237;mulo &#8220;real&#8221;. Es en este punto donde se abre el gran interrogante: si a veces nuestra memoria es incapaz de discernir entre lo que &#8220;realmente&#8221; nos sucedi&#243; de nuestro recuerdo del suceso, si los sue&#241;os tienen la capacidad de inmiscuirse en nuestras consciencias de modo tal de convencernos de que hemos vivido lo que hemos so&#241;ado, &#191;no podr&#237;a decirse lo mismo de lo que hemos le&#237;do? Siguiendo el razonamiento proustiano, &#191;qu&#233; impedir&#237;a que alguien sienta que lo que ha experimentado por medio de la lectura forma parte del bagaje de su propia memoria, o lo que es lo mismo, de su propia vida? &#191;Cu&#225;l es el l&#237;mite de la memoria, el tiempo no vectorizado por antonomasia, donde todo, siempre, es circular? En determinado momento, el narrador de la novela se entera de que finalmente har&#225; un viaje por Europa y conocer&#225; ciudades que ya conoce, gracias a lo que ley&#243; acerca de ellas.&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;El nombre de Parma, una de las ciudades donde m&#225;s deseos ten&#237;a de ir desde que hab&#237;a le&#237;do La Cartuja, se me aparec&#237;a compacto, liso, malva, suave, y si me hablaban de una alguna casa de Parma, donde yo podr&#237;a ir, ya me daba gusto verme vivir en una casa compacta, lisa, malva y suave, que no ten&#237;a relaci&#243;n alguna con las dem&#225;s casas de Italia, porque yo me la imaginaba &#250;nicamente gracias a la ayuda de esa s&#237;laba pesada del nombre de Parma, por donde no circula ning&#250;n aire, que yo empap&#233; de dulzura stendhana y de reflejos violetas. (Proust 2006: I, 337)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Esta posibilidad de &#8220;vivir&#8221; experiencias mediante la literatura, de generar un recuerdo o una idea [&lt;a href='#nb2-1' class='spip_note' rel='footnote' title='&#191;En qu&#233; difieren estos dos conceptos realmente?' id='nh2-1'&gt;1&lt;/a&gt;] que tenga el estatuto de &#8220;verdadera&#8221; s&#243;lo con haberla le&#237;do, nos permite, y casi nos obliga a formularnos otra pregunta: &#191;es posible registrar la realidad en su verdadera esencia?, &#191;c&#243;mo lograr transmitir (o captar) una totalidad que ni siquiera para nosotros mismos se muestra con sus significaciones completas? Cuando hablamos (corriendo el riesgo de ser pol&#233;mico postular&#233; la escritura como instancia completiva del habla) tenemos que manejar un c&#243;digo en com&#250;n para poder ser entendidos, y es &#233;se precisamente el origen del problema: el c&#243;digo debe ser ineficiente, inacabado y segmentario, de otro modo ser&#237;a in&#250;til. Es imposible lograr nominalizar lo que llamamos realidad. Los signos mundanos deben ser verdaderos &lt;i&gt;phant&#225;smata&lt;/i&gt; plat&#243;nicos, se les exige que sean fr&#237;volos, algo tontos, chatos, que est&#233;n un poco vac&#237;os, es condici&#243;n de posibilidad para lograr la aparente inmutabilidad que requiere un c&#243;digo estable capaz de lograr la comunicaci&#243;n entre dos conciencias. En la idolatr&#237;a del lenguaje, debemos contentarnos con admirar &#237;dolos, las deidades verdaderas est&#225;n fuera de nuestro alcance.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;El mapa del tiempo.&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Si el tiempo de la memoria es circular y frente a un est&#237;mulo (voluntario o no, lo veremos m&#225;s adelante) puede abrirse un universo de percepci&#243;n de cuatro mil p&#225;ginas, y, para colmo de males, el lenguaje &#8211;nuestra &#250;nica manera de transmitir un concepto&#8211; no es una herramienta precisa, m&#225;s que un mapa es un croquis de la realidad, &#191;c&#243;mo logramos ubicarnos en ese firmamento sin estrellas, sin puntos cardinales ni br&#250;jula alguna? Un ensayo de respuesta ser&#237;a: por los nombres propios. Son ellos los que act&#250;an como mojones, como monumentos atemporales que evitan que nos ahoguemos en ese oc&#233;ano de sentido. Pero en Proust, ni siquiera el nombre propio cumple esa funci&#243;n con la eficacia esperada. Seg&#250;n Roland Barthes, el nombre propio proustiano dispone de tres propiedades b&#225;sicas: el poder de esencializaci&#243;n (no designa m&#225;s que a un solo referente), el poder de citaci&#243;n (con s&#243;lo mencionarlo se convoca toda la esencia encerrada en el nombre de manera inmediata) y el de exploraci&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;El nombre proustiano es &#233;l solo y en todos los casos el equivalente de una entrada de diccionario: el nombre de Guermantes cubre inmediatamente todo lo que el recuerdo, el uso y la cultura pueden poner en &#233;l, no conoce ninguna restricci&#243;n selectiva, si&#233;ndole indiferente el sintagma donde est&#225; ubicado. (Barthes, 1976: 174)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Como vemos en la &#250;ltima de las caracter&#237;sticas, en el caso de &lt;i&gt;En busca&lt;/i&gt;&#8230;, los nombres propios, como los recuerdos, tambi&#233;n se difuminan: es lo que genera que el referente de la dama de blanco, la dama de rosa, la esposa de Swann y la amiga del t&#237;o del narrador sea el mismo, perdiendo de esta manera la capacidad organizadora de ese &lt;i&gt;continuum&lt;/i&gt; que manifiesta la memoria. Es el mismo principio que opera en la diacron&#237;a de la lengua, donde cada hablante agrega o quita elementos seg&#250;n la cronolog&#237;a en la que est&#233; inscripto, lo que a la vez modifica sus significados:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;&#8230;lo mismo que esos viejos modos de decir en los que discernimos una met&#225;fora borrada en el lenguaje moderno por el roce de la costumbre. (Proust 2006: I, 42)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Esto se ve mejor plasmado en el caso de los t&#237;tulos nobiliarios: &#191;qui&#233;n es la princesa de Guermantes en &#8220;realidad&#8221;? Cada generaci&#243;n tendr&#225; su propia princesa, y ninguna de ellas ser&#225; &#8220;la&#8221; princesa. Esta incapacidad de establecer un &#250;nico referente incluso frente a los nombres propios es lo que hace menos extra&#241;o el salto del punto de vista tan caracter&#237;stico de Proust, lo que nos permite aceptar sin quejarnos demasiado que un narrador en primera persona pase sin escalas a ser una omnisciencia capaz de meterse en la consciencia de Swann o de cualquier otro personaje [&lt;a href='#nb2-2' class='spip_note' rel='footnote' title='No debemos ignorar que el protagonista (y narrador) del relato no tiene (...)' id='nh2-2'&gt;2&lt;/a&gt;] . Aqu&#237; la cuesti&#243;n se pone m&#225;s &#225;lgida, de una reflexi&#243;n acerca del tiempo y la memoria saltamos a una discusi&#243;n ontol&#243;gica. En la novela proustiana se postula una verdadera multiplicaci&#243;n del Yo: no somos una &#250;nica persona que se traslada a lo largo del tiempo, sino que, si queremos llegar a alguna conclusi&#243;n v&#225;lida, el corte, siempre, debe ser sincr&#243;nico. No somos el que fuimos ni el que seremos. S&#243;lo somos el que somos. Ahora.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Esta puesta en tela de juicio de la unicidad del ser (a diferentes momentos, diferentes seres) le permite a Proust hacer que su narrador hable de otros personajes en primera persona. El gesto es claro: si yo mismo a lo largo del tiempo soy muchos, &#191;c&#243;mo no voy a poder ser otros? A&#250;n m&#225;s, si soy otros, puedo ser cualquiera, puedo ser todos. El mismo fen&#243;meno se ve reflejado en el uso tan habitual del pret&#233;rito perfecto a lo largo de todo el relato: &#8220;he sido amado&#8221; me distancia tanto del momento en que todav&#237;a no lo era como del momento en que lo fui. Con s&#243;lo tres palabras Proust es capaz de generar una idea compleja: existe un momento en el que todav&#237;a no era amado, luego pas&#233; a otro en el que s&#237; me amaron para que m&#225;s tarde, por &#250;ltimo, dejaran de hacerlo. Deleuze estaba en lo cierto al afirmar que escribir, a la larga, es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;En busca del tiempo&lt;/i&gt;&#8230; es un relato circular. Constantemente se reversionan, desde una nueva perspectiva, hechos narrados con anterioridad. En cada vuelta de la helicoide [&lt;a href='#nb2-3' class='spip_note' rel='footnote' title='Le debo a Daniel Link la idea de que En busca del tiempo&#8230; es una novela cuya (...)' id='nh2-3'&gt;3&lt;/a&gt;] que es la novela, los personajes cambian sus m&#225;scaras: sin dejar de ser ellos, son otros. Aunque el referente se mantuviera estable, su injerencia en la consciencia que lo percibe cambiar&#237;a de todos modos: Swann puede transformarse en el padre de Gilberte sin dejar de ser Swann, pero distanci&#225;ndose de su yo anterior, que nunca est&#225; acabado. En el texto (y podr&#237;amos arriesgarnos a decir que en la vida &#8220;real&#8221; sucede algo parecido), es la posici&#243;n que ocupan en el sistema lo que le asigna la identidad a los personajes. Son, a la larga, meros signos tambi&#233;n ellos mismos.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Memoria voluntaria y memoria involuntaria.&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Proust (o el narrador de &lt;i&gt;En busca&lt;/i&gt;&#8230;, o ambos) plantea, de alg&#250;n modo en consonancia con lo que acabamos de decir acerca de la ineficiencia del lenguaje, que mediante la memoria voluntaria no se accede a verdades porque los resultados son siempre los mismos, la que permite acceder a verdades es la memoria involuntaria.&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;Y antes de que Swann tuviera tiempo de comprender y de decirse que era la frase de la sonata de Vinteuil y que no hab&#237;a que escuchar, todos los recuerdos del tiempo en que Odette estaba enamorada de &#233;l, que hasta aquel d&#237;a lograra mantener invisibles en lo m&#225;s hondo de su ser, enga&#241;ados por aquel brusco rayo del tiempo del amor y crey&#233;ndose que hab&#237;a tornado, se despertaron, se remontaron de un vuelo, cant&#225;ndole locamente, sin compasi&#243;n para su infortunio de entonces, las olvidadas letrillas de felicidad. (Proust 2006: I, 42) [&lt;a href='#nb2-4' class='spip_note' rel='footnote' title='La sonata de Vinteuil es una pieza que Swann disfrutaba con su mujer Odette (...)' id='nh2-4'&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&#201;se es el motivo por el cual en el relato es el detalle m&#225;s m&#237;nimo lo que contiene el universo y la vida entera del sujeto. La reminiscencia pone en contacto la vida y la cosa, las hace pertenecer a estratos del mismo nivel, transformando la vida en cosa (y por ende capaz de ser descripta) y la cosa en vida (y por ende capaz de engendrar universos). El acontecimiento como producto de lo real, es irremediablemente finito (en palabras del propio Proust &#8220;la imperfecci&#243;n incurable de la esencia misma del presente&#8221;). Pero la memoria del acontecimiento, las im&#225;genes grabadas como consecuencia de la experiencia son no s&#243;lo infinitas sino adem&#225;s due&#241;as de m&#250;ltiples dimensiones: el &lt;i&gt;continuum&lt;/i&gt; de la vida s&#243;lo puede estar contenido en el recuerdo. Walter Benjamin resalta la ilusi&#243;n de Proust de ver su obra impresa a dos columnas en un s&#243;lo volumen y sin ning&#250;n punto y aparte. No hay imagen m&#225;s precisa de lo que el franc&#233;s entiende como obra, como recuerdo y, por sobre todas las cosas, como vida.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En &lt;i&gt;La &#250;ltima cinta de Krapp&lt;/i&gt; [&lt;a href='#nb2-5' class='spip_note' rel='footnote' title='Si bien ser&#237;a parte de otro trabajo, no me gustar&#237;a pasar por alto la (...)' id='nh2-5'&gt;5&lt;/a&gt;] de Samuel Beckett nos encontramos con todo lo contrario. Si bien estamos, como ya lo dijimos, frente a un texto dram&#225;tico (de alguna manera las ant&#237;podas del texto proustiano), lo primero que deber&#237;a mencionarse es que el protagonista no es el personaje que vemos en escena, sino grabaciones de &#233;l mismo que hizo con anterioridad y que ahora escucha y rememora. El procedimiento es claro: Krapp 1 (tiempo presente, el que vemos en escena) escucha a Krapp 2 (pret&#233;rito indefinido, el que grab&#243; la cinta) hablando de Krapp 3 (pluscuamperfecto, sucesos que le ocurrieron antes de grabar). &#191;Cu&#225;l es Krapp? Todos y ninguno, como la princesa de Guermantes. No hay dudas acerca de la diferencia del tipo de memoria involucrado. Mientras que el narrador proustiano &#8220;descubre&#8221; mediante un mordisco a una magdalena un universo que la memoria le hab&#237;a vedado, Krapp se obsesiona con escuchar sus antiguas ideas y percepciones vali&#233;ndose de la t&#233;cnica: lo que la cinta &#8220;guarda&#8221; se mantendr&#225; siempre inalterable. Es la memoria involuntaria lo que permite la existencia del relato de Proust, mientras que en el caso del Irland&#233;s, la necesidad imperiosa de no perder la objetividad del recuerdo hace de la memoria voluntaria un aliado insustituible. Mientras que &#8220;supongamos que se llamara Marcel&#8221; [&lt;a href='#nb2-6' class='spip_note' rel='footnote' title='Es la &#250;nica referencia que tenemos del posible nombre del narrador de En (...)' id='nh2-6'&gt;6&lt;/a&gt;] no deja de mirar hacia el futuro, hacia el libro que alguna vez escribir&#225;, Krapp es un ser melanc&#243;lico por definici&#243;n, su presente, y en gran medida su futuro dependen de su pasado, de hecho, como gesto que confirma esta idea vemos que en el lapso de tiempo que dura la obra, Krapp s&#243;lo graba un pasaje muy corto, que termina arrojando al suelo, en general se limita a escuchar lo grabado con anterioridad. Si bien es innegable que cada vez que escucha la cinta sus percepciones son distintas, todas nacen de un suceso &#8220;objetivo&#8221; ya ocurrido al que siempre se accede del mismo modo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Es sabido que Samuel Beckett escrib&#237;a en franc&#233;s por motivos po&#233;ticos que no vienen al caso. Pero ese detalle, ese gesto, nos permite formular una reflexi&#243;n determinante respecto a la objetividad del recuerdo voluntario: &#191;en qu&#233; idioma recordamos? Estirando un poco los l&#237;mites, &#191;en qu&#233; idioma pensamos? Un pol&#237;glota podr&#237;a no reconocer en qu&#233; idioma &#8220;sucedi&#243;&#8221; una determinada an&#233;cdota. Si suscribimos a la intraducibilidad de los lenguajes benjaminiana, descubrimos que la esencia de los recuerdos de un pol&#237;glota no puede ser guardada m&#225;s que parcialmente. A fin de cuentas, es a la realidad como tal a la que accedemos s&#243;lo desde una de sus caras. Esta m&#237;nima reflexi&#243;n no hace m&#225;s que confirmar los presupuestos que organizan toda la teor&#237;a literaria de Marcel Proust.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;&lt;i&gt;Conclusi&#243;n.&lt;/i&gt;&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Si bien los procedimientos y de alguna manera los planteos de ambas obras parecieran opuestos, una reflexi&#243;n m&#225;s profunda nos demostrar&#237;a que no es tan as&#237;. Para Proust, la memoria voluntaria, al estar reglamentada y direccionada por el intelecto, carece de inter&#233;s, es la involuntaria la importante. Pero en el caso de &lt;i&gt;La &#250;ltima cinta&lt;/i&gt;&#8230;, si bien Krapp accede a recuerdos relativamente objetivos, la percepci&#243;n de ese recuerdo no puede ser dominada por la consciencia. Es decir, cada vez que Krapp escucha lo que ya sabe que va a escuchar, reacciona de diferente manera, porque &#233;l mismo es otro.&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;Esas viejas exhumaciones suelen ser siniestras pero a menudo las encuentro&#8230; (Krapp desconecta el aparato, se ensimisma, vuelve a conectar)&#8230; una ayuda antes de lanzarme a una nueva&#8230; (vacila) rememoraci&#243;n. Dif&#237;cil de creer yo haya sido ese borrego! &#161;Qu&#233; voz! &#161;Jes&#250;s! &#161;Y qu&#233; aspiraciones! (Risita a la que Krapp se suma). &#161;Y qu&#233; resoluciones! (Risita a la que Krapp se suma). Beber menos, particularmente. (Risita de Krapp solamente). (Beckett: 2006, 58) [&lt;a href='#nb2-7' class='spip_note' rel='footnote' title='La traducci&#243;n es m&#237;a.' id='nh2-7'&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Si bien el personaje accede de manera objetiva a su pasado, &#191;las reacciones ser&#225;n siempre las mismas? En los dos primeros casos, se r&#237;e en el mismo momento que su Yo anterior, pero cuando se refiere a beber menos, s&#243;lo el Krapp &#8220;actual&#8221; lo encuentra gracioso. [&lt;a href='#nb2-8' class='spip_note' rel='footnote' title='Es interesante que en las didascalias Beckett se refiere como Krapp s&#243;lo al (...)' id='nh2-8'&gt;8&lt;/a&gt;] Se da un fen&#243;meno similar al que experimentamos cuando alguien tiene por costumbre contar la misma an&#233;cdota una y otra vez. Sabemos lo que va a decir, muy probablemente el narrador de la an&#233;cdota hasta haga las mismas pausas y ponga los acentos en las mismas partes, pero cada vez que lo escuchamos nos resulta una experiencia distinta. Quiz&#225;s el secreto de la cuesti&#243;n sea que no es tan importante el tipo de memoria involucrado porque as&#237; como nuestro pasado se funde en una materia sin l&#237;mites para formar nuestro presente, nuestro presente resignifica constantemente nuestro pasado. En otras palabras, cada vez que nosotros cambiamos, cada vez que somos otro (es decir, a cada instamte de nuestras vidas), nuestro pasado tambi&#233;n muta. De alg&#250;n modo, la diferencia entre memoria voluntaria y memoria involuntaria, la diferencia entre la obsesi&#243;n por atesorar objetividad y la convicci&#243;n de que recordar es recibir visitas de musas esquivas es una falacia. En primera instancia, ni aunque nos preocupemos por tallarlos en m&#225;rmol seremos capaces de recordar los hechos &#8220;objetivos&#8221; siempre del mismo modo. Y en segundo lugar, y todav&#237;a m&#225;s importante, a&#250;n logrando recordar un hecho &#8220;tal y como fue&#8221;, no ser&#225; el mismo Yo el que recuerde, ni voluntaria ni involuntariamente.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Proust postulaba que s&#243;lo el arte (el tiempo recobrado) permite la recuperaci&#243;n total y completa del tiempo, que en su estado natural se encuentra fragmentado como los hilos de un ovillo, en sue&#241;os, recuerdos y vigilias; s&#243;lo la operaci&#243;n art&#237;stica permite la reuni&#243;n del signo con el sentido. Cada una de las vueltas de la helicoide de la realidad nos muestra &#8220;su&#8221; verdad (parcial), la verdad total est&#225; en el ovillo, en el bollito informe que contiene las formas en potencia, en las formas-de-vida agambenianas. La lisa y llana vida, (material, real, mortal) no es m&#225;s que s&#243;lo una de las posibles, por lo tanto inacabada, por lo tanto imperfecta, por lo tanto carente de inter&#233;s. Quiz&#225;s sea por eso que me cuesta reprimir la necesidad que experimento de agregarle a la frase de Deleuze que da t&#237;tulo a este trabajo &#8220;ni en el tiempo&#8221;, ya que la memoria se encarga de evitar(nos) toda l&#237;nea recta imaginable. Porque &#8220;el recordar una determinada imagen no es sino echar de menos un determinado instante, y las casas, los caminos, los paseos, desgraciadamente, son tan fugitivos como los a&#241;os&#8221;. (Proust 2006: 370)&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Bibliograf&#237;a&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Barthes, Roland (1976). &lt;i&gt;El grado cero de la escritura seguido de nuevos ensayos cr&#237;ticos. &lt;/i&gt; Buenos Aires, Siglo XXI.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Beckett, Samuel (2006). &lt;i&gt;Last tape of Krapp&lt;/i&gt; en &lt;i&gt;Collected short plays&lt;/i&gt;. Kent, Faber &amp; Faber.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Deleuze, Gilles (1996). &lt;i&gt;Cr&#237;tica y cl&#237;nica&lt;/i&gt;, Barcelona, Anagrama.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Proust, Marcel (2006). &lt;i&gt;En busca del tiempo perdido (siete tomos).&lt;/i&gt; Buenos Aires, CS ediciones.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;p&gt;[&lt;a href='#nh2-1' id='nb2-1' class='spip_note' title='Notas 2-1' rev='footnote'&gt;1&lt;/a&gt;] &#191;En qu&#233; difieren estos dos conceptos realmente?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh2-2' id='nb2-2' class='spip_note' title='Notas 2-2' rev='footnote'&gt;2&lt;/a&gt;] No debemos ignorar que el protagonista (y narrador) del relato no tiene nombre propio, potenciando de este modo la imposibilidad de establecerle un &#8220;referente&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh2-3' id='nb2-3' class='spip_note' title='Notas 2-3' rev='footnote'&gt;3&lt;/a&gt;] Le debo a Daniel Link la idea de que &lt;i&gt;En busca del tiempo&lt;/i&gt;&#8230; es una novela cuya forma es una helicoide, en la que cada momento distinto de la vida del narrador representa una cara que, si bien pertenece al mismo todo, es opuesta o, por lo menos, distinta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh2-4' id='nb2-4' class='spip_note' title='Notas 2-4' rev='footnote'&gt;4&lt;/a&gt;] La sonata de Vinteuil es una pieza que Swann disfrutaba con su mujer Odette en tiempos m&#225;s felices.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh2-5' id='nb2-5' class='spip_note' title='Notas 2-5' rev='footnote'&gt;5&lt;/a&gt;] Si bien ser&#237;a parte de otro trabajo, no me gustar&#237;a pasar por alto la relaci&#243;n a &#8220;crap&#8221; (mierda) que el nombre del personaje implica para los lectores angloparlantes.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh2-6' id='nb2-6' class='spip_note' title='Notas 2-6' rev='footnote'&gt;6&lt;/a&gt;] Es la &#250;nica referencia que tenemos del posible nombre del narrador de &lt;i&gt;En busca&lt;/i&gt;&#8230;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh2-7' id='nb2-7' class='spip_note' title='Notas 2-7' rev='footnote'&gt;7&lt;/a&gt;] La traducci&#243;n es m&#237;a.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh2-8' id='nb2-8' class='spip_note' title='Notas 2-8' rev='footnote'&gt;8&lt;/a&gt;] Es interesante que en las didascalias Beckett se refiere como Krapp s&#243;lo al personaje que est&#225; en escena, el Krapp que grab&#243; la cinta es a tal punto otro que ya ni siquiera conserva su nombre.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>A&#241;o III</title>
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		<dc:date>2012-02-27T00:15:00Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Grupo Luthor</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Editorial&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?rubrique10" rel="directory"&gt;8&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Ocho n&#250;meros han pasado desde nuestro primer editorial: podemos darnos el lujo de una primera mirada retrospectiva y, al mismo tiempo, reafirmar algunos de los aspectos que m&#225;s nos interesa desarrollar en el futuro.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Como algunos de ustedes seguramente saben, durante el a&#241;o 2011 la publicaci&#243;n de esta revista no fue la &#250;nica actividad que desarrollamos como grupo. Durante el primer cuatrimestre dictamos un curso de extensi&#243;n en la Facultad de Filosof&#237;a y Letras de la UBA llamado &#8220;M&#233;todos y perspectivas para el an&#225;lisis formal de los relatos&#8221; en el que trabajamos una serie de autores ligados a la narratolog&#237;a, y durante todo el a&#241;o trabajamos sobre un &#8220;PRI&#8221; (Proyecto de Reconocimiento Institucional) titulado &#8220;Meta-teor&#237;a literaria: un enfoque comparativo&#8221;. Adem&#225;s, presentamos ponencias en el 7mo Encuentro de Estudiantes de Letras (ENEL) realizado en Mendoza. Estas tres actividades componen otras caras de las mismas preocupaciones te&#243;ricas y metodol&#243;gicas que discutimos m&#225;s abiertamente en esta publicaci&#243;n: art&#237;culos publicados en diferentes n&#250;meros encontraron su origen en discusiones del PRI, textos producidos para la revista fueron utilizados en el curso, etc.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Si bien en el 2012 planeamos continuar con estas actividades, la revista contin&#250;a siendo nuestro medio principal de interacci&#243;n con el exterior. Cuando en Septiembre del 2010 sali&#243; el primer n&#250;mero, la propuesta central era generar un espacio de reflexi&#243;n concentrado en la teor&#237;a literaria que se diferenciara tanto de las publicaciones virtuales le&#237;das habitualmente en el &#225;mbito universitario como &lt;i&gt;El Interpretador&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;No Retornable&lt;/i&gt; (entre otras) como de las publicaciones m&#225;s estrictamente acad&#233;micas como &lt;i&gt;Orbis Tertius.&lt;/i&gt; En el 2011 aparecieron otras revistas con &#233;nfasis en aspectos te&#243;ricos, como &lt;i&gt;Badebec,&lt;/i&gt; publicada por el grupo de teor&#237;a literaria de la Universidad Nacional de Rosario, y este mismo mes apareci&#243; el primer n&#250;mero de la revista del Departamento de Letras de la UBA, &lt;i&gt;Ex libris. &lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Luego de 8 n&#250;meros publicados, quiz&#225;s corresponde repensar en qu&#233; aspectos nos interesa diferenciarnos de publicaciones como las mencionadas. Algunas cuestiones resultan obvias: &lt;i&gt;Luthor&lt;/i&gt; es bimestral, con lo que sale con m&#225;s periodicidad que cualquiera de esas revistas, aunque con una cantidad bastante menor de art&#237;culos (entre cuatro y seis por n&#250;mero). De esta forma, intentamos aprovechar mejor las posibilidades del formato web y mantener un cierto nivel de actualizaci&#243;n mayor al que puede encontrarse en las revistas anuales que acumulan trabajos monogr&#225;ficos m&#225;s pensados para ser publicados que para ser efectivamente le&#237;dos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Otros aspectos, pese a su mayor relevancia, exigen cierta atenci&#243;n a detalles que quiz&#225;s no siempre resultan evidentes para el lector en todos los art&#237;culos publicados. Para empezar, el grupo de editores de &lt;i&gt;Luthor&lt;/i&gt; es efectivamente un grupo de investigaci&#243;n, que si bien est&#225; &#8220;reconocido institucionalmente&#8221; (el mencionado PRI) es totalmente independiente de cualquier c&#225;tedra o UBACyT. Esta forma de trabajo implica que si bien siempre hay perspectivas individuales internas privilegiamos, como grupo, algunas l&#237;neas de trabajo por sobre otras, y que pretendemos que esto aparezca reflejado tanto en la revista como en el resto de nuestras actividades. &lt;i&gt;No&lt;/i&gt; nos interesa, en cambio, presentar una mera compilaci&#243;n de art&#237;culos monogr&#225;ficos desconectados entre s&#237; como las que abundan en revistas acad&#233;micas de todo el mundo, sino mantener un espacio de verdadero discusi&#243;n sobre un eje (si bien amplio y dado a puntos de vistas bastante diversos) definido. Pero, por otra parte, tampoco nos interes&#243; jam&#225;s cubrir la totalidad de la producci&#243;n cultural &#8220;independiente&#8221; en ninguno de sus &#225;mbitos, hacer listas de autores que deber&#237;an ser le&#237;dos o evitados, ni polemizar directamente con las valoraciones diarias del &#225;mbito de la cr&#237;tica period&#237;stica.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por el contrario, nos interesa la posibilidad de desarrollar, afinar, cuestionar y producir herramientas te&#243;ricas que nos permitan desautomatizar nuestro trabajo con los textos y prescindir de los lugares comunes m&#225;s habituales de cierto postestructuralismo fatigado y/o cierto posmodernismo banal. En ese sentido hemos trabajado en nuestros art&#237;culos sobre perspectivas hist&#243;ricas, arquet&#237;picas, sem&#225;nticas, narratol&#243;gicas y hermen&#233;uticas (entre otras) que, consideramos, vale la pena revisar en el contexto actual, con la atenci&#243;n puesta en aspectos metodol&#243;gicos y sus fundamentos epistemol&#243;gicos. Si bien tenemos el mayor de los respetos por la discusi&#243;n filos&#243;fica (&#191;es lo Real en Hegel equivalente a lo Real en Lacan y a alg&#250;n concepto de Derrida o Laclau?), usualmente privilegiamos una suerte de empirismo que no se despega de las preocupaciones m&#225;s inmediatas a la hora de generar sentido a partir de un texto, por sobre la pr&#225;citca habitual de obviar este aspecto para salir con puentes precarios a otros terrenos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Otro aspecto a destacar es que en estos ocho n&#250;meros hemos trabajado (y seguiremos trabajando) abundantemente con materiales pertenecientes a zonas que las revistas acad&#233;micas cl&#225;sicas tienden a dejar de lado, como comics, letras de m&#250;sica popular, videojuegos o &lt;i&gt;fantasy&lt;/i&gt;. No se trata de tomar irreflexivamente estos objetos de an&#225;lisis por cuestiones de moda o de pseudo-rebeld&#237;a contra la cultura elevada, sino de intentar ampliar el horizonte de nuestras preocupaciones a&#241;adiendo fen&#243;menos recientes sin dejar de lado los m&#225;s tradicionales, incluso tratando de pensar su relaci&#243;n rec&#237;proca desde una perspectiva que esquive la automatizaci&#243;n de alabar o condenar algo ya sea tanto por considerarlo &quot;arte&quot; como por considerarlo &quot;popular&quot; o &quot;masivo&quot;. Sea cual fuere la pr&#225;ctica cultural objeto de nuestra investigaci&#243;n lo que intentamos poner en primer plano es la reflexi&#243;n cr&#237;tica sobre la posibilidad de ese an&#225;lisis.&quot;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A su vez, y a diferencia de lo que sucede a menudo con los grupos de investigaci&#243;n y c&#225;tedras relacionadas con la teor&#237;a literaria en la Argentina, no privilegiamos la literatura nacional como objeto de estudio. Frente a la actitud facilista de entender la teor&#237;a como una serie de dispositivos, recursos y postulados formulados en Europa o (m&#225;s raramente) Estados Unidos capaces de producir monograf&#237;as, papers y tesis al ser aplicados a Saer o a Arlt, preferimos encarar las cuestiones te&#243;ricas directamente. No se trata tampoco de producir una teor&#237;a &#8220;argentina&#8221; en el sentido tel&#250;rico del t&#233;rmino, sino de una descolonizaci&#243;n invertida: deshacernos de cualquier imperativo nacionalista para trabajar con la teor&#237;a desde un lugar cr&#237;tico y productivo, en pos de un trabajo sobre el m&#233;todo que tenga en cuenta las particularidades de nuestro contexto y de nuestra formaci&#243;n. Somos conscientes de que escribir teor&#237;a literaria en espa&#241;ol implica el riesgo de quedarse atrapado en la c&#225;rcel de lo local, pero sin embargo creemos que la simple resignaci&#243;n a esta situaci&#243;n recibida es una soluci&#243;n cobarde.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Para trabajar con todos estos elementos no proponemos un estilo &#250;nico de pensamiento o de escritura. En general, hemos intentado tender puentes entre lo acad&#233;mico (ya que despu&#233;s de todo la teor&#237;a literaria es una disciplina acad&#233;mica) y lo ensay&#237;stico. Muchos de los art&#237;culos presentados no apuntan necesariamente al desarrollo y argumentaci&#243;n definida desde el primer p&#225;rrafo (&#8220;el objetivo de este art&#237;culo es...&#8221;) sino a pensar con mayor libertad los problemas implicados en la producci&#243;n te&#243;rica y a testear sus l&#237;mites y sus implicaciones en el recorrido de la escritura. Este mismo enfoque proponemos para las rese&#241;as, un g&#233;nero que ciertamente abunda en las revistas acad&#233;micas m&#225;s profesionales, pero que en nuestro caso intentamos pensar siempre en relaci&#243;n a cuestiones te&#243;ricas de mayor alcance y no limitarse solamente a un resumen prolijo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En los ocho n&#250;meros publicados, las colaboraciones externas no han sido demasiado abundantes. Basta con mirar r&#225;pidamente el Archivo de la revista para notar la repetici&#243;n de los nombres del grupo editor. Uno de nuestros objetivos para el 2012 es aumentar la proporci&#243;n de colaboraciones, por lo que junto con este n&#250;mero lanzamos un &lt;i&gt;call for papers&lt;/i&gt; oficial. No es nuestra intenci&#243;n que las colaboraciones se adapten a las perspectivas te&#243;ricas, estilos y prejuicios de los editores como si se tratara de un molde de hierro. Nuestro inter&#233;s mayor es simplemente que mantengan un eje te&#243;rico (aun si se trata de un an&#225;lisis de un fen&#243;meno cultural concreto) y/o metodol&#243;gico abierto a la discusi&#243;n. Con &#8220;abierto a la discusi&#243;n&#8221; entendemos sobre todo una cierta claridad que permita distinguir los lineamientos utilizados y que no intente ocultarlos tras una verborragia metaforizante o (aun peor) darlos por sobreentendidos autom&#225;ticamente. Tal como aclaramos en el apartado &lt;a href=&quot;http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?page=pautas&quot; class='spip_out'&gt;&#8220;Pautas para la publicaci&#243;n&#8221;&lt;/a&gt;, nuestro m&#233;todo habitual consiste en enviar una devoluci&#243;n bastante detallada del art&#237;culo enviado en donde expresamos nuestras ideas sobre el texto, con el prop&#243;sito de que el autor, si sigue interesado en publicar, se haga cargo de estas posturas, acept&#225;ndolas o rechaz&#225;ndolas mediante argumentos, seg&#250;n sus propias consideraciones. Si bien somos conscientes de que esto exige un trabajo adicional de re-escritura (cuyo grado puede variar sensiblemente), consideramos que es la &#250;nica forma de mantener la revista como un espacio de di&#225;logo y reflexi&#243;n y no s&#243;lo de acumulaci&#243;n. Por lo dem&#225;s, la lectura cr&#237;tica y la reescritura son pr&#225;cticas que sostenemos tambi&#233;n con nuestros art&#237;culos, sin excepci&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Alguien podr&#237;a preguntarse entonces, &#191;por qu&#233; semejante esfuerzo para publicar en una revista que no tiene todav&#237;a un prestigio acad&#233;mico capaz de engrosar sensiblemente el CV? Solamente podemos empezar a responder esa pregunta desde la utop&#237;a: la posibilidad de aspirar a un espacio de producci&#243;n del conocimiento que tenga sentido por s&#237; mismo, m&#225;s all&#225; de la aprobaci&#243;n de una materia, de la obtenci&#243;n de una beca o cargo o de la acumulaci&#243;n de puntos para terminar el doctorado. Esta revista s&#243;lo puede mantener su derecho a existir en tanto algo de esta utop&#237;a se mantenga en pie, aun rodeada por el cinismo o el nihilismo en el que todos eventualmente caemos. Aunque s&#243;lo sea para levantarnos una vez m&#225;s, como Lex Luthor luego de cada derrota en manos de su n&#233;mesis.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Caracter&#237;sticas y justificaci&#243;n del encom</title>
		<link>http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article43</link>
		<guid isPermaLink="true">http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article43</guid>
		<dc:date>2012-02-27T00:00:00Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Fernando Carranza</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Un proyecto de literatura computacional&lt;/p&gt;

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&lt;a href="http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?rubrique10" rel="directory"&gt;8&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;1. Introducci&#243;n&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Esta propuesta naci&#243; como un proyecto personal realizado por un grupo de autores autodenominado &lt;i&gt;Experimento Posmoderno&lt;/i&gt; (2007). Los problemas t&#233;cnicos que hicieron naufragar aquella propuesta nos han llevado a proponer la siguiente. En el ENEL 7 realizado en Mendoza la present&#233; sucintamente para darla a conocer y sugerir su viabilidad. Algunos de los temas que all&#237; se problematizaban coincid&#237;an con algunos puntos de discusi&#243;n de la presente revista en ediciones anteriores. Es por eso que aqu&#237; hemos decidido reelaborar ese trabajo de manera que entrara expl&#237;citamente en di&#225;logo con ella.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;2. Criterios de b&#250;squeda de nuestro objeto en la literatura computacional&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;No se espera aqu&#237; haber descubierto la p&#243;lvora ni mucho menos. La literatura que hace uso de los recursos formales que le brinda la computaci&#243;n no es un fen&#243;meno novedoso. La computaci&#243;n ha permitido el surgimiento de una gran cantidad de formatos literarios [&lt;a href='#nb3-1' class='spip_note' rel='footnote' title='Tambi&#233;n ha permitido la formaci&#243;n de otros formatos que sin ser literarios (...)' id='nh3-1'&gt;1&lt;/a&gt;]. Desde la p&#225;gina interminable en que podemos leer una obra literaria a trav&#233;s de la pantalla hasta la ficci&#243;n hipertextual, basada en p&#225;ginas sucesivas conectadas por hiperv&#237;nculos en una red de ficci&#243;n literaria, ha habido una gran cantidad de formatos distintos, en los cuales no profundizaremos. A nivel esquem&#225;tico, reconocemos dos tipos de influencias de la computaci&#243;n en la literatura: la &lt;i&gt;influencia en el proceso de composici&#243;n&lt;/i&gt; y la &lt;i&gt;influencia en la forma de la obra,&lt;/i&gt; tal como lo resumimos en la figura 1.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_18 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/local/cache-vignettes/L481xH177/fig1-b6ad2.png' width='481' height='177' alt=&quot;&quot; style='height:177px;width:481px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Aqu&#237; nos interesa especialmente la influencia en la forma de la obra, que responde a que el soporte material computacional (como cualquier otro soporte lo hace a su medida) nos permite explotar recursos que influyen en la forma en que se instancia el texto. Nos centraremos en los formatos [&lt;a href='#nb3-2' class='spip_note' rel='footnote' title='Estableceremos una distinci&#243;n intuitiva y expeditiva entre formato literario (...)' id='nh3-2'&gt;2&lt;/a&gt;] literarios nuevos que permite la computaci&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Aqu&#237; tan s&#243;lo nos importa desarrollar un formato que pueda cumplir las siguientes caracter&#237;sticas:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;a) No sea lo suficientemente complejo en los conocimientos t&#233;cnicos de computaci&#243;n que requiera, de manera tal que pueda ser llevado a cabo por escritores ordinarios con conocimientos b&#225;sicos de computaci&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;b) Sea narrativo&lt;/p&gt; &lt;p&gt;c) Sea coherente&lt;/p&gt; &lt;p&gt;d) Tenga un final&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Si el formato que a nuestro juicio mejor se adapta a estas caracter&#237;sticas coincide con uno ya realizado nos resulta indistinto.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;&#167;2.1&lt;/strong&gt; La caracter&#237;stica a) pone por fuera los formatos basados en recursos t&#233;cnicos como im&#225;genes, videos, m&#250;sica, la presentaci&#243;n, el fondo de pantalla, los recursos avanzados de interfaz gr&#225;fica, los carteles que se mueven, las programaciones de flash, etc. Tambi&#233;n queda por fuera la ficci&#243;n hipertextual con hiperv&#237;nculos variables, que cambian cuando se vuelve a la misma p&#225;gina ya visitada. La inclusi&#243;n de todos estos recursos quedar&#225; sujeta a las disponibilidades t&#233;cnicas de cada autor o grupo de autores pero no deber&#237;a en principio ser definitorio del tipo de formato a proponer aqu&#237;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;&#167;2.2&lt;/strong&gt; La caracter&#237;stica b) pone por fuera las obras literarias predominantemente expositivas (como podr&#237;a serlo una enciclopedia al formato de Wikipedia pero con entradas ficticias en vez de reales) o predominantemente descriptivas (una interminable descripci&#243;n sin ning&#250;n tipo de dinamismo ni prop&#243;sito aparente). Desde ya, sabemos que la literatura no se limita a textos donde predomina el g&#233;nero narrativo. Los ensayos y las poes&#237;as l&#237;ricas son ejemplos de g&#233;neros literarios donde la funci&#243;n narrativa no es la predominante. Su tratamiento en el presente trabajo no nos interesa. Simplemente los g&#233;neros literarios narrativos nos presentan, por ser t&#237;picamente un conjunto encadenado de acciones en el que frecuentemente una es consecuencia de una anterior, la clase de desaf&#237;o que nos interesa afrontar.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;&#167;2.3&lt;/strong&gt; La caracter&#237;stica c) merece una justificaci&#243;n. Partimos del presupuesto de que la coherencia surge de la interacci&#243;n entre un texto y un lector, y, a trav&#233;s de este &#250;ltimo, del autor, ya que la b&#250;squeda de coherencia t&#237;picamente se realiza cuando el lector se figura un autor que la est&#225; manteniendo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En realidad preferimos hablar de &lt;i&gt;congruencia&lt;/i&gt; antes que de coherencia. Coseriu (Coseriu: 1985; Villarnovo: 1991) realiza una distinci&#243;n de planos del lenguaje seg&#250;n la cual reconoce el plano &lt;i&gt;universal&lt;/i&gt;, el plano &lt;i&gt;hist&#243;rico&lt;/i&gt; y el plano &lt;i&gt;individual&lt;/i&gt;, que se corresponden a su vez con los saberes &lt;i&gt;elocucional, idiom&#225;tico&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;expresivo&lt;/i&gt; respectivamente. Los hablantes tendr&#237;amos tres tipos de juicios de conformidad relativos a los tres saberes: la &lt;i&gt;congruencia&lt;/i&gt;, la &lt;i&gt;correcci&#243;n&lt;/i&gt; y la &lt;i&gt;adecuaci&#243;n&lt;/i&gt; [&lt;a href='#nb3-3' class='spip_note' rel='footnote' title='En parte esta es una forma de responder a la gram&#225;tica generativa. Las ideas (...)' id='nh3-3'&gt;3&lt;/a&gt;].&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_19 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/local/cache-vignettes/L490xH177/fig2-510b2.png' width='490' height='177' alt=&quot;&quot; style='height:177px;width:490px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Cada tipo de saber est&#225; conformado por una serie de principios. En particular, los principios del saber elocucional, mediante los cuales evaluamos la congruencia, ser&#237;an:&lt;/p&gt; &lt;ul class=&quot;spip&quot;&gt;&lt;li&gt; el principio de la no contradicci&#243;n: no contradecirse (v.gr. Juan tiene hijos pero nunca tuvo hijos). &lt;/li&gt;&lt;li&gt; La no tautolog&#237;a: no decir dos expresiones cuya implicaci&#243;n doble sea necesariamente verdadera (v.gr. Los humanos son los humanos). &lt;/li&gt;&lt;li&gt; la identidad: no se deben decir cosas como yo no soy yo mismo.&lt;/li&gt;&lt;li&gt; la no obviedad: no se debe decir lo obvio &lt;/li&gt;&lt;li&gt; la no imposibilidad o extravagancia: no se debe decir lo imposible o extravagante.&lt;/li&gt;&lt;li&gt; principio de coherencia: no atentar contra la unidad de los textos.&lt;/li&gt;&lt;li&gt; Claridad: no ser ambiguo.&lt;/li&gt;&lt;li&gt; no repetici&#243;n: no repetir una y otra vez lo mismo (&lt;i&gt;v.gr. El el el d&#237;a d&#237;a d&#237;a es es muy muy muy lindo lindo.&lt;/i&gt;)&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Del mismo modo que los principios conversacionales de Grice (1975) pueden ser suspendidos por violaci&#243;n de las m&#225;ximas, estos principios del saber elocucional tambi&#233;n pueden ser violados, tanto abierta como ostensiblemente. Como lectores esperamos que se cumpla el Principio de Cooperaci&#243;n, y que el autor coopere con nosotros. Cuando estos principios se violan, mientras no se quiebra nuestra expectativa de que el Principio de Cooperaci&#243;n sigue funcionando, asumimos que el autor los est&#225; explotando, o bien que su incongruencia tiene alg&#250;n valor, resulta un gesto en s&#237; mismo. Tratamos de interpretar las manchas en un lienzo hasta que nos dicen que fue pintado por un caballo o por una nena de cinco a&#241;os sin preparaci&#243;n ni criterio art&#237;stico (ver &lt;a href=&quot;http://edant.clarin.com/diario/2005/02/26/sociedad/s-05701.htm&quot;&gt;Tiene 4 a&#241;os y pinta obras que se venden en miles de d&#243;lares&lt;/a&gt; y &lt;a href=&quot;http://old.clarin.com/diario/2007/02/15/sociedad/s-04301.htm&quot;&gt;Pol&#233;mica por la nena de siete a&#241;os que vende obras&lt;/a&gt;) informaci&#243;n a partir de la cual s&#243;lo algunos pocos y discutidos fan&#225;ticos o apof&#233;nicos persisten.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Respecto de la coherencia en s&#237; misma, en la teor&#237;a de Coseriu es un subtipo dentro de los principios del saber elocutivo, y consiste en su tendencia a portar unidad. Normalmente se ha interpretado esta rama de la coherencia a partir de la continuidad de una serie de t&#243;picos en un discurso, o, dicho en t&#233;rminos ling&#252;&#237;sticos, una concatenaci&#243;n de temas y remas [&lt;a href='#nb3-4' class='spip_note' rel='footnote' title='El tema es, siguiendo a Firbas (1974), aquello de lo que se habla en una (...)' id='nh3-4'&gt;4&lt;/a&gt;].&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Violar los principios del saber elocutivo no siempre implica caer en la incongruencia. Numerosas escuelas vanguardistas han hecho uso de esas violaciones ostensibles para crear gestos. &lt;a href=&quot; http://mason.gmu.edu/~rberroa/manifiestodadaista1.htm&quot;&gt;Tristan Tzara (1918)&lt;/a&gt; manifiesta expl&#237;citamente su uso de la contradicci&#243;n como un gesto:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;Escribo este manifiesto para demostrar c&#243;mo se pueden llevar a cabo al mismo tiempo las acciones m&#225;s contradictorias con un &#250;nico y fresco aliento; estoy contra la acci&#243;n y a favor de la contradicci&#243;n continua, pero tambi&#233;n estoy por la afirmaci&#243;n. No estoy ni por el pro ni por el contra y no quiero explicar a nadie por qu&#233; odio el sentido com&#250;n.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Este tipo de gestos pueden leerse en una gran cantidad de textos vanguardistas. Un exponente puede ser &lt;i&gt;La se&#241;orita etc.&lt;/i&gt; de Arqueles Vela.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El posmodernismo, por su parte, suele recurrir a progresiones tem&#225;ticas con tendencia lineal, que se manifiestan literariamente como divagues que se desprenden de la narraci&#243;n. Lodge (1982) recoge uno de estos casos:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;El sol era como una gran moneda de cincuenta centavos que alguien hab&#237;a rociado con keros&#233;n y encendido con un f&#243;sforo y dicho &#8220;Ten&#233;, sosten&#233; esto mientras voy a buscar un diario&#8221; y puso la moneda en mi mano, pero nunca volvi&#243;.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Distinto es el caso de las incoherencias televisivas constantes de Mirtha Legrand y Jorge Rial entre otros (ver &lt;a href=&quot; http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article27&quot;&gt;Y mi abuela patea calefones&lt;/a&gt;. A partir de la teor&#237;a de Ducrot (1984) [&lt;a href='#nb3-5' class='spip_note' rel='footnote' title='Ducrot distingue en un enunciado una serie de personajes discursivos. Por (...)' id='nh3-5'&gt;5&lt;/a&gt;] podemos interpretar que all&#237; el sujeto emp&#237;rico se instancia en cada caso en un locutor distinto que no alcanza a generar la imagen de un locutor con memoria discursiva, esto es, un locutor &#955;. Como dice Legrand, &#8220;el p&#250;blico se renueva&#8221;, el minuto a minuto precisa locutores que se centren en el momento de enunciaci&#243;n. La violaci&#243;n de los principios de congruencia es en estos casos abierta, y no responde entonces a un gesto sino al borramiento de la necesidad de constituirse en locutor como ser en el mundo. No es una intenci&#243;n lo que se descubre detr&#225;s de esas violaciones sino una p&#233;rdida de la noci&#243;n de un &#955; englobador, independientemente de que en todos los casos, el sujeto emp&#237;rico detr&#225;s de cada nuevo locutor que se instituye sea el mismo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La pregunta necesaria es qu&#233; ocurrir&#237;a en un formato literario computacional. Su falta de congruencia podr&#237;a percibirse en principio de dos maneras diferentes:&lt;/p&gt; &lt;ul class=&quot;spip&quot;&gt;&lt;li&gt; El dejarse vencer por la excesiva libertad del soporte material. El autor (que esperamos en nuestro proyecto sea un colectivo de autores cuyas voces est&#233;n indiferenciadas) ya no es visto como alguien que respeta el Principio Cooperativo ni como alguien cuya incongruencia puede interpretarse como un gesto, sino m&#225;s bien como una consecuencia de su falta de control.&lt;/li&gt;&lt;li&gt; La violaci&#243;n es abierta, consecuencia de la ca&#237;da de la concepci&#243;n del narrador como figura con memoria discursiva y responsabilidad frente a su escritura. &lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Cu&#225;l de estas dos opciones elegir&#225; cada lector depender&#225; de su formaci&#243;n te&#243;rica y de sus expectativas y es algo que quiz&#225;s no se pueda establecer a priori (al menos en la coyuntura actual). A pesar de eso, lograr justamente vencer la facilidad con que un formato hipertextual cae en la incongruencia es una acci&#243;n visiblemente m&#225;s admirable que escudarse en excusas respecto de la figura de autor puesta en juego (cosa que tampoco hacen los medi&#225;ticos televisivos, como dice Riva, para no descalificar su lugar como enunciadores). Es por eso que creo necesario el control de la incongruencia en las obras de literatura hipertextual.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;&#167;2.4&lt;/strong&gt; Otra pregunta te&#243;rica que nos hacemos respecto de este formato es la necesidad o no de otorgarle un final. Los finales siempre cierran de alguna manera un proceso de lectura, generan una sensaci&#243;n de haber recorrido una totalidad, aun cuando esta totalidad fuera parcial o s&#243;lo una entre tantas otras posibles. Nos inclinamos a pensar que es aconsejable un momento de clausura al texto, ya que el s&#243;lo hecho de conocer que existe un final anima a continuar hasta &#233;l y act&#250;a a veces como un m&#233;todo de captaci&#243;n y una forma particular de ostentar coherencia, entendida como fen&#243;meno mediante el cual se le da una unidad a un texto. Por supuesto que este momento de clausura no tendr&#225; las mismas caracter&#237;sticas que el de una obra literaria com&#250;n en papel.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;3. Nuestra propuesta: el Entramado Narrativo Computacional (encom)&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Una vez bosquejadas nuestras razones para defender tales y cuales caracter&#237;sticas por sobre otras posibles, nos detenemos ahora en las caracter&#237;sticas formales de nuestra propuesta, para continuar luego con la correlaci&#243;n de estas caracter&#237;sticas formales con las caracter&#237;sticas literarias.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;3.1 Caracter&#237;sticas formales del encom&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;B&#225;sicamente podemos separar tres tipos de concatenaci&#243;n de p&#225;ginas. Por un lado la lineal, t&#237;pica de los libros. En segundo lugar la exponencial, t&#237;pica de los &#8220;elige tu propia aventura&#8221;. En tercer lugar, la rizom&#225;tica o en red.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_20 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/IMG/png/fig3.png' width='500' height='185' alt=&quot;&quot; style='height:185px;width:500px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El &#250;ltimo tipo es el que nos resulta m&#225;s novedoso, dado que el soporte material del libro impreso no lo alienta (lo que no significa que resulte incompatible absolutamente con &#233;l). Es el que encontramos en Wikipedia o en TvTropes (descrita por Riva en &lt;a href=&quot;http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article18&quot;&gt;La continuaci&#243;n de la narratolog&#237;a por otros medios&lt;/a&gt;). Por eso partimos de un tipo de literatura que privilegie en parte este esquema. Cada una de las p&#225;ginas ser&#237;a un texto, y las conexiones entre unas y otras estar&#237;an dadas por hiperv&#237;nculos representados por palabras del mismo texto (no en principio con opciones, como lo hace un &#8220;elija tu propia aventura&#8221;, que ser&#237;a lo m&#225;s cercano a un &#8220;videojuego textual&#8221; [&lt;a href='#nb3-6' class='spip_note' rel='footnote' title='Llamamos al formato con opciones del tipo &#8220;si quieres trepar la cerca (...)' id='nh3-6'&gt;6&lt;/a&gt;]).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Agregamos sin embargo a una obra literaria de este tipo una regla fundamental, que act&#250;a como pacto de lectura importante, que diferencia nuestro formato de otros tipos de ficci&#243;n hipertextual: la &lt;i&gt;restricci&#243;n de los hiperv&#237;nculos violetas.&lt;/i&gt; Si una p&#225;gina ya fue visitada, un hiperv&#237;nculo que conduzca a ella se marcar&#225; en la pantalla en violeta. El pacto de lectura de un encom es no clickear jam&#225;s en un hiperv&#237;nculo violeta ni volver hacia atr&#225;s para retomar por un hiperv&#237;nculo no explorado previamente.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A este tipo de obra con estas dos condiciones, predominancia de un esquema rizom&#225;tico en su construcci&#243;n y el pacto de lectura de la restricci&#243;n de los hiperv&#237;nculos violetas, lo llamamos entramado narrativo computacional (encom de ahora en m&#225;s). El car&#225;cter rizom&#225;tico es lo que m&#225;s diferencia a este tipo de obra de una obra impresa (al menos protot&#237;pica). La restricci&#243;n de los hiperv&#237;nculos violetas permite manejar la congruencia y la presencia de un final.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A las p&#225;ginas que presentan contradicci&#243;n entre s&#237; las llamamos &lt;i&gt;mutex.&lt;/i&gt; Para no caer en la contradicci&#243;n, un encom debe evitar que los &lt;i&gt;mutex&lt;/i&gt; puedan ser le&#237;dos en un mismo recorrido de lectura. Para esto nos resulta particularmente funcional el principio de la restricci&#243;n de los hiperv&#237;nculos violetas. A partir de este principio, se nos permite intercalar dentro de la concatenaci&#243;n rizom&#225;tica de p&#225;ginas, una estructura de distinto tipo, a las que llamamos &lt;i&gt;figura de los senderos que se bifurcan&lt;/i&gt; (FSB). Esta figura se graficar&#237;a de la siguiente forma:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_21 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/IMG/png/fig4.png' width='500' height='253' alt=&quot;&quot; style='height:253px;width:500px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Esta forma consta de 4 niveles. El nivel 1 ser&#237;a una p&#225;gina cualquiera del encom. El nivel 2 tiene s&#237; o s&#237; un solo hiperv&#237;nculo de entrada y deber&#237;a tener un n&#250;mero mayor de hiperv&#237;nculos de salida (si tuviera uno s&#243;lo estar&#237;amos en un esquema de tipo lineal, y en este tipo de obra, lo lineal lo dejamos para lo que est&#233; dentro de una misma p&#225;gina). El nivel 3 a 3+n puede estar constituido a su vez por varios niveles de tendencia exponencial. El nivel 4+n marcar&#237;a la p&#225;gina en la que vuelven a concentrar todos los caminos que se hab&#237;an abierto, tal como lo muestra la figura 5.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_22 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/IMG/png/fig5.png' width='500' height='213' alt=&quot;&quot; style='height:213px;width:500px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Las p&#225;ginas del nivel 3 no deben tener hiperv&#237;nculos de entrada desde otras p&#225;ginas que conformen el encom estando por fuera de la FSB, aunque s&#237; pueden tener hiperv&#237;nculos de salida hacia ellas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No hay que olvidar que la FSB est&#225; incluida dentro de un encom, tal como lo muestra la figura 6.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_23 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/IMG/png/fig6.png' width='500' height='375' alt=&quot;&quot; style='height:375px;width:500px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A su vez, dentro de una FSB, puede haber un encom subordinado, tal como lo muestra la figura 7:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_24 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/IMG/png/fig7.png' width='500' height='269' alt=&quot;&quot; style='height:269px;width:500px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;3.2 Correlato narrativo de la estructura formal del encom&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Para llenar este sistema abstracto de p&#225;ginas con texto narrativo nos serviremos de cierta terminolog&#237;a prestada de Labov y Waletzky (1967). En un an&#225;lisis ling&#252;&#237;stico de narrativas orales de experiencia personal, estos autores dividen las narrativas en cl&#225;usulas y eval&#250;an la posibilidad de cada cl&#225;usula de moverse a lo largo de toda la narrativa sin alterar la secuencia temporal estricta. De este modo realizan una clasificaci&#243;n de los tipos de cl&#225;usulas, de entre las cuales nos interesan particularmente las &lt;i&gt;libres&lt;/i&gt; (aquellas que tienen movilidad total), las &lt;i&gt;restrictas&lt;/i&gt; (aquellas que pueden moverse por sobre otras pero no pueden moverse a lo largo de toda la narrativa) y las &lt;i&gt;narrativas&lt;/i&gt; (las que no pueden moverse sin alterar la secuencia temporal). Teniendo siempre en mente que aqu&#237; no trabajamos con cl&#225;usulas sino con p&#225;ginas con texto, podemos tomar esta terminolog&#237;a a nuestro provecho y llamar &lt;i&gt;p&#225;ginas libres&lt;/i&gt; a aquellas que tienen que ver con informaci&#243;n que es general a todas las narraciones del encom (por ejemplo, informaci&#243;n sobre espacio, tiempo y/o actantes en una colecci&#243;n de historias que comparten esos elementos). Es conveniente que las p&#225;ginas que forman estructura rizom&#225;tica tiendan a caracterizarse de ese modo. No hay que pensar a las relaciones entre los eventos literarios como relaciones de causa y consecuencia estrictas. Que Santiago Nazar fuera a morir es consecuencia final del suceso de acciones de &lt;i&gt;Cr&#243;nica de una muerte anunciada&lt;/i&gt;. Sin embargo, Garc&#237;a M&#225;rquez nos muestra que esta informaci&#243;n puede aparecer el comienzo. Seg&#250;n d&#243;nde aparezca, el efecto literario ser&#225; distinto. Siempre y cuando se cuide de redactar ese elemento de manera que no genere la sensaci&#243;n de formar secuencia temporal estricta con lo anterior, esa informaci&#243;n puede estar corporizada en una p&#225;gina de tipo libre y formar parte de la estructura rizom&#225;tica.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Habr&#237;a otro tipo de p&#225;ginas que describir&#237;an los elementos previos a una narraci&#243;n particular (informaci&#243;n de tiempo, espacio y/o actantes de una historia en particular no compartida en su totalidad por todas las dem&#225;s que forman parte de la colecci&#243;n). Podr&#237;amos llamar a las p&#225;ginas en que predomina este tipo de informaci&#243;n &lt;i&gt;p&#225;ginas restrictas.&lt;/i&gt; Estas p&#225;ginas tender&#237;an a ser nivel 2 en FSBs. Por &#250;ltimo, las &lt;i&gt;p&#225;ginas narrativas&lt;/i&gt; son aquellas en las que una alteraci&#243;n en el orden alterar&#237;a la secuencia temporal y literaria. Este tipo de p&#225;ginas ser&#237;an preferentemente aquellas que caracterizamos cono nivel 3 a 3+n en las FSBs. All&#237; ser&#237;a entonces donde encontrar&#237;amos una sucesi&#243;n completa de las funciones t&#237;picas de las narrativas. En una narraci&#243;n tenemos t&#237;picamente una sucesi&#243;n de funciones. Bremond recoge, siguiendo a Propp, tres funciones b&#225;sicas:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;
Una funci&#243;n que abre la posibilidad del proceso en forma de conducta a observar o de acontecimiento a prever. Una funci&#243;n que realiza esta virtualidad en forma de conducta o de acontecimiento en acto
Una funci&#243;n que cierra el proceso en forma de resultado alcanzado.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;(Bremond; 1996: 99)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;No es necesario que esta secuencia se lleve hasta el final en todos los casos, en algunos casos la expectativa de la funci&#243;n siguiente puede no actualizarse. Ante una estructura narrativa que siga esta secuencia de modo lineal, como la de la figura 8, en 9 tenemos una secuencia de funciones con tendencia exponencial.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_31 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/local/cache-vignettes/L283xH248/fig8-27879.png' width='283' height='248' alt=&quot;&quot; style='height:248px;width:283px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_32 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/IMG/png/fig9.png' width='500' height='224' alt=&quot;&quot; style='height:224px;width:500px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La figura 8 representa el esquema t&#237;pico del formato libro, en el cual cada funci&#243;n se ve representada en cada momento de lectura por un hecho particular, a diferencia de lo que ocurre en 9, donde una misma funci&#243;n puede ser cumplida por hechos dis&#237;miles o mutex. La figura 9 nos muestra c&#243;mo puede darse una distribuci&#243;n narrativa en el formato de una FSB, donde el nivel 2 representa la funci&#243;n a), el nivel 3 a 3+n el nivel b) y el nivel 4+n el c). Nos da tambi&#233;n este ejemplo una muestra de c&#243;mo una p&#225;gina, en este caso la del nivel 4+n, puede ser interpretada de modo diferente seg&#250;n el camino previo que se haya tomado.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Recogemos la correlaci&#243;n tentativa entre tipos de p&#225;ginas seg&#250;n el tipo de informaci&#243;n y las estructuras formales del encom en el siguiente cuadro:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_27 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/IMG/png/fig10.png' width='500' height='147' alt=&quot;&quot; style='height:147px;width:500px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Un encom con varias FSBs subordinadas que focalizan historias relacionadas con actantes diversos dan paso a un &lt;i&gt;mundo objetivo&lt;/i&gt;, mientras que la concentraci&#243;n de todas las FSBs en un protagonista principal dan paso a un &lt;i&gt;mundo subjetivo&lt;/i&gt; (ver &lt;a href=&quot;http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article35&quot;&gt;Roman medieval y juegos de rol&lt;/a&gt;).&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;4 Algunas herramientas de escritura de un encom&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Para poner en pr&#225;ctica un formato como el que hemos esbozado es necesario poder tener cierto grado de control sobre el proceso de escritura. Sobre todo teniendo en cuenta que este formato estimula la escritura conjunta de varios escritores, es necesario instrumentar alguna herramienta que haga que un escritor no desande el plan establecido por otro. Para eso puede implementarse sencillamente un registro gu&#237;a del encom. En este registro gu&#237;a deber&#237;a introducirse en cada caso el nombre de la p&#225;gina que se crea o se modifica, los nombres (y con eso la cantidad) de hiperv&#237;nculos que le sirven de entrada y de salida y las restricciones que pudiera tener. Como se desprende de lo dicho previamente, una p&#225;gina que conforme nivel 2 de una FSB precisa un solo hiperv&#237;nculo de entrada, una p&#225;gina de 3 a 3+n precisa que bajo ninguna circunstancia reciba un hiperv&#237;nculo de entrada de una p&#225;gina caratulada como libre. Esta informaci&#243;n deber&#237;a explicitarse en un documento en forma de tabla de doble entrada como la siguiente:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_29 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/IMG/png/figcuadro.png' width='500' height='208' alt=&quot;&quot; style='height:208px;width:500px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En la versi&#243;n anterior de este trabajo se asum&#237;a que una p&#225;gina con mayor cantidad de hiperv&#237;nculos de entrada que de salida era un potencial final para un posible lector. Sin embargo, esta afirmaci&#243;n se ha mostrado falsa: una p&#225;gina con mayor cantidad de hiperv&#237;nculos de salida que de entrada podr&#237;a ser un final para un posible lector si sus hiperv&#237;nculos de salida ya han sido le&#237;dos en el recorrido de lectura previo. No se nos hace visible por el momento una forma alternativa clara de predecir qu&#233; p&#225;ginas ser&#225;n finales para lectores potenciales, si bien la restricci&#243;n de los hiperv&#237;nculos violetas (mientras el n&#250;mero de p&#225;ginas que conforma el encom sea finito) garantiza que estas p&#225;ginas existen.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Perspectivas a futuro&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Aunque ning&#250;n g&#233;nero ni formato existe en estado puro, una forma literaria no existe si no disponemos de un conjunto de obras literarias (as&#237; est&#233; conformado por un solo elemento) de la cual pueda abstraerse. Lo que presentamos aqu&#237; es un posible formato que podr&#237;a adoptar la literatura. Esperamos haber hecho una caracterizaci&#243;n lo suficientemente rica y haber convencido a los lectores de su viabilidad. Dado que este formato es compatible con la escritura en conjunto, nos parece una propuesta propicia a ser utilizada en talleres de escritura o grupos literarios, adem&#225;s de un juego interesante e incluso una forma de interacci&#243;n a trav&#233;s de internet alternativa a las redes sociales.&lt;/p&gt; &lt;hr class=&quot;spip&quot; /&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias bibliogr&#225;ficas&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Bremond, Claude (1996), &#8220;La l&#243;gica de los posibles narrativos&#8221;, &lt;i&gt;An&#225;lisis estructural del relato,&lt;/i&gt; M&#233;xico, Coyoac&#225;n&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Coseriu, Eugenio (1985), &#8220;Linguistic competence: What is really?&#8221;, &lt;i&gt;The Modern Language Review,&lt;/i&gt; Vol. 80, No. 4. (Oct., 1985), pp. xxv-xxxv&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Dane&#353;, Franti&#353;ek (1974), &#8220;Functional Sentence Perspectives and the organization of the text&#8221;, en Dane&#353; F. (ed.) &lt;i&gt;Papers on Functional Sentence Perspective&lt;/i&gt;. Prague: Academia, 106-128&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Ducrot, Oswald (1984), &#8220;esbozo de una teor&#237;a polif&#243;nica de la enunciaci&#243;n&#8221;, &lt;i&gt;El decir y lo dicho,&lt;/i&gt; Barcelona, Paid&#243;s, pp. 174-238&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Firbas, Jan (1974), &#8220;Some aspects of the czechoslovak approach to problems of functional sentence perspective&#8221;, en Dane&#353; F. (ed.) &lt;i&gt;Papers on Functional Sentence Perspective&lt;/i&gt;. Prague: Academia, 11-37&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Grice, Herbert Paul (1995) [1975], &#8220;L&#243;gica y conversaci&#243;n&#8221;, Luis M Vald&#233;s Villanueva (ed.) &lt;i&gt;La b&#250;squeda del significado,&lt;/i&gt; Murcia, Tecnos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Labov, William y Joshua Waletzky (1967), &#8220;An&#225;lisis de narrativas: versiones orales de la experiencia personal&#8221;, en &lt;i&gt;Cuadernos de Socioling&#252;&#237;stica y Ling&#252;&#237;stica Cr&#237;tica N&#186;6: narrativas;&lt;/i&gt; Traducido por Ver&#243;nica Piaggio, Viviana Iturburu y Esther Feldman, Buenos Aires, Opfyl&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Lodge, David (1981), &#8220;Modernism, antimodernism and postmodernism&#8221; en &lt;i&gt;Working with Structuralism. Essays and reviews on nineteenth- and twentieth-century literature,&lt;/i&gt; Londres, Routledge y Kegan Paul, 3-16; manejamos traducci&#243;n de Carolina Fern&#225;ndez sin referencias.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Propp, Vladimir (1981), &lt;i&gt;Morfolog&#237;a del cuento,&lt;/i&gt; Traducido por Lourdes Ortiz, Madrid, Fundamentos&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Tzara, Tristan (1918), &#8220;Manifiesto dada&#237;sta, 1918&#8221; disponible en &lt;a href=&quot; http://mason.gmu.edu/~rberroa/manifiestodadaista1.htm&quot;&gt;http://mason.gmu.edu/ rberroa/manifiestodadaista1.htm&lt;/a&gt; (&#250;ltimo acceso 12/12/2011)&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Villarnovo, Antonio (1991) &#8220;Teor&#237;as explicativas de la coherencia textual&#8221;, &lt;i&gt;Revista espa&#241;ola de ling&#252;&#237;stica, &lt;/i&gt;A&#241;o n&#186; 21, Fasc. 1, 1991 , pp. 125-144&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;p&gt;[&lt;a href='#nh3-1' id='nb3-1' class='spip_note' title='Notas 3-1' rev='footnote'&gt;1&lt;/a&gt;] Tambi&#233;n ha permitido la formaci&#243;n de otros formatos que sin ser literarios pueden ser comparados con la literatura. Defendemos aqu&#237; que exista una interdiscursividad o intermedialidad por ejemplo entre la literatura y otros tipos de artes, entre ellas el de los videojuegos. De esta forma queda justificada la posibilidad de hacer an&#225;lisis inmanente de los videojuegos en tanto narraciones, como el que se ensaya en &lt;a href=&quot;http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article36&quot;&gt;Elogio del tiempo muerto&lt;/a&gt; de Vila. Las principales diferencias que encontramos entre nuestra propuesta y un videojuego como el que &#233;l analiza son:&lt;/p&gt; &lt;ul class=&quot;spip&quot;&gt;&lt;li&gt; en nuestra propuesta no hay opciones de acci&#243;n posibles, sino m&#225;s bien caminos distintos de lectura a seguir, dados por palabras del texto que act&#250;an como hiperv&#237;nculo sin ning&#250;n tipo de explicaci&#243;n adicional. El lector no decide qu&#233; hacer ni c&#243;mo, sino por d&#243;nde quiere profundizar la historia. De este modo el lector no es activo por transformarse en el/los protagonista/s, sino por influir en el recorrido de lectura y en consecuencia en lo que pueda llegar a leer o no.&lt;br /&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; No hay una secuencia de acciones correcta frente a una incorrecta ni un modo correcto de realizarla. Las &#250;nicas restricciones son cliquear un hiperv&#237;nculo violeta y volver hacia atr&#225;s. La violaci&#243;n de estas restricciones implicar&#225; presumiblemente p&#233;rdida de congruencia.&lt;br /&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; La finalidad del juego est&#225; preestablecida. Aunque el jugador pueda probar volarse la cabeza, suicidarse de forma tonta, etc., si quiere avanzar en el juego tendr&#225; necesariamente que terminar cooperando. Aunque este avance no sea lineal, el final del juego es el mismo para todos, ning&#250;n jugador puede ganar sin haber cumplido determinadas secuencias necesarias y suficientes, sea en el orden que sea. En nuestra propuesta, los finales pueden ser variados y seg&#250;n el recorrido que cada lector realice, se terminar&#225; de leer en un punto distinto, habiendo tenido acceso a tales o cuales alternativas narrativas entre las distintas presentes. &lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;[&lt;a href='#nh3-2' id='nb3-2' class='spip_note' title='Notas 3-2' rev='footnote'&gt;2&lt;/a&gt;] Estableceremos una distinci&#243;n intuitiva y expeditiva entre &lt;i&gt;formato literario&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;g&#233;nero literario&lt;/i&gt;. Con formato nos referiremos al tipo de estructura que resulta de la influencia del soporte material sobre la obra. Hablaremos de g&#233;nero literario cuando el agrupamiento de los textos se d&#233; en base a un prototipo de obra con ciertas caracter&#237;sticas formales (nos referimos al tipo de funciones narrativas por ejemplo), actanciales, temporales, tem&#225;ticas, etc. La interacci&#243;n entre formato y g&#233;nero en algunos casos oscurece su separaci&#243;n. As&#237;, cuento y novela, por ejemplo, ser&#237;an dos formatos distintos (por la diferencia en el espacio disponible para su instanciaci&#243;n), aunque tambi&#233;n dos g&#233;neros distintos, puesto que esta diferencia de tama&#241;o conlleva generalmente multiplicaci&#243;n de nudos narrativos, personajes, extensi&#243;n temporal, etc. A&#250;n as&#237;, como g&#233;neros, son m&#225;s esquem&#225;ticos y por eso tanto la novela como el cuento pueden combinarse con g&#233;neros literarios m&#225;s concretos en t&#233;rminos tem&#225;ticos: novelas/cuentos policiales, fant&#225;sticos, de terror, rom&#225;nticos, etc.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh3-3' id='nb3-3' class='spip_note' title='Notas 3-3' rev='footnote'&gt;3&lt;/a&gt;] En parte esta es una forma de responder a la gram&#225;tica generativa. &lt;i&gt;Las ideas verdes incoloras duermen furiosamente&lt;/i&gt;, el t&#237;pico ejemplo de agramaticalidad de Chomsky, es expl&#237;citamente para Coseriu una secuencia incongruente, pero puede ser apropiada, por ejemplo en un poema (o en un libro de ling&#252;&#237;stica).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh3-4' id='nb3-4' class='spip_note' title='Notas 3-4' rev='footnote'&gt;4&lt;/a&gt;] El tema es, siguiendo a Firbas (1974), aquello de lo que se habla en una determinada oraci&#243;n, mientras que rema es aquello que se dice de ello. A partir de esto, Dane&#353; (1974) nos propone distinguir distintos tipos de estructura de progresi&#243;n tem&#225;tica:&lt;/p&gt; &lt;ul class=&quot;spip&quot;&gt;&lt;li&gt; &lt;strong&gt;Progresi&#243;n tem&#225;tica lineal simple:&lt;/strong&gt; el tema de la oraci&#243;n siguiente es el rema de la anterior. Ej: Mi color preferido es el rojo. Rojo es el cami&#243;n de Juan. Los camiones no pueden ir veloz por la ruta. La ruta es peligrosa de noche&#8230; &lt;/li&gt;&lt;li&gt; &lt;strong&gt;Progresi&#243;n tem&#225;tica con un tema constante:&lt;/strong&gt; Se mantiene el mismo tema para las distintas oraciones. Ej: Mi perro es blanco. &#201;l ladra cuando alguien llama a la puerta. Mi perro es una buena compa&#241;&#237;a&#8230; &lt;/li&gt;&lt;li&gt; &lt;strong&gt;Progresi&#243;n tem&#225;tica con derivados:&lt;/strong&gt; Existe un hipertema del que se desprenden distintos temas que cada enunciado profundiza. Ej: Argentina es un pa&#237;s sudamericano. El clima var&#237;a seg&#250;n las regiones. La poblaci&#243;n habla mayoritariamente espa&#241;ol&#8230;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_33 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/IMG/jpg/comptematicaferca.jpg' width=&quot;494&quot; height=&quot;152&quot; alt=&quot;&quot; /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Estas estructuras no suelen monopolizar la construcci&#243;n de un texto sino que suelen combinarse. Un texto en que s&#243;lo haya progresi&#243;n tem&#225;tica lineal no ser&#237;a coherente; uno en que haya progresi&#243;n tem&#225;tica constante ser&#237;a un poco aburrido; una progresi&#243;n tem&#225;tica con temas derivados es quiz&#225;s la m&#225;s autoconsistente.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh3-5' id='nb3-5' class='spip_note' title='Notas 3-5' rev='footnote'&gt;5&lt;/a&gt;] Ducrot distingue en un enunciado una serie de personajes discursivos. Por un lado, el &lt;i&gt;sujeto&lt;/i&gt; &lt;i&gt;emp&#237;rico&lt;/i&gt; es el responsable f&#237;sico de la enunciaci&#243;n, el ser que habla. En t&#233;rminos de Benveniste, ser&#237;a la persona real que se apropia del sistema ling&#252;&#237;stico en un momento dado para dar lugar a una emisi&#243;n. Por otro lado, el &lt;i&gt;locutor&lt;/i&gt; es quien se responsabiliza por la enunciaci&#243;n, la figura a quien remite el pronombre yo. Ducrot desdobla este locutor en dos: el &lt;i&gt;locutor L&lt;/i&gt; y el &lt;i&gt;locutor &#955;.&lt;/i&gt; El locutor L es tan s&#243;lo el responsable de una enunciaci&#243;n; &#955;, en cambio, es el locutor como ser hist&#243;rico. Para ejemplificar esta distinci&#243;n, consideremos el siguiente ejemplo. Una persona dice que el d&#237;a est&#225; lindo. M&#225;s tarde llueve y la persona, toda mojada, enuncia &#8220;&#161;Qu&#233; lindo que est&#225; el d&#237;a!&#8221;. Al producir este enunciado, el locutor L est&#225; expresando la posici&#243;n de un enunciador E con el cual no se identifica, ya que por el contrario, dada la altura de los acontecimientos considera absurdo. Este E se identifica con &#955;, lo cual hace que entendamos el acto de L como una autoiron&#237;a o una autoburla (si E no se identificara con &#955; se tratar&#237;a de una iron&#237;a a secas).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh3-6' id='nb3-6' class='spip_note' title='Notas 3-6' rev='footnote'&gt;6&lt;/a&gt;] Llamamos al formato con opciones del tipo &#8220;si quieres trepar la cerca cliquea aqu&#237; y si prefieres recorrer su per&#237;metro cliquea aqu&#237;&#8221;, videojuego textual, porque en ellos, tal como ocurre en los videojuegos, la trama avanza a partir de lo que el jugador elige que el/los personaje/s realice/n. Los &lt;i&gt;elige tu propia aventura&lt;/i&gt; ser&#237;an un subtipo pionero dentro de este formato.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Masters of the Universe</title>
		<link>http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article42</link>
		<guid isPermaLink="true">http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article42</guid>
		<dc:date>2012-02-26T23:24:00Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Gustavo Riva, Mariano Vilar, Mart&#237;n Azar</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Estudios literarios en tres maestr&#237;as: Estrasburgo (Francia), Buenos Aires (Argentina), Porto (Portugal) - Bremen (Alemania).&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?rubrique10" rel="directory"&gt;8&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Introducci&#243;n&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;En alg&#250;n momento sucede: rendimos la &#250;ltima materia, presentamos la &#250;ltima monograf&#237;a del &#250;ltimo seminario de grado, y la carrera de Letras, tal como se la entiende en la Universidad de Buenos Aires, se termina. Las correlatividades son escasas, con lo que no es particularmente sorprendente que lo que fue nuestra &#250;ltima materia est&#233; entre las primeras para algunos de nuestros compa&#241;eros, y salvo que nos lo hayamos propuesto deliberadamente, es casi seguro que nuestra &#250;ltima monograf&#237;a no tendr&#225; ninguna particularidad para diferenciarla (ni en extensi&#243;n ni en exigencia) de las otras diez o doce que presentamos con anterioridad.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Y ahora, &#191;hacia donde? Si lo que deseamos es continuar formalmente nuestra carrera acad&#233;mica, tenemos tres opciones: carreras de especializaci&#243;n, maestr&#237;as o doctorados. Se sabe que en el competitivo mundo de la investigaci&#243;n, es casi imposible prescindir del t&#237;tulo de &#8220;doctor&#8221; [&lt;a href='#nb4-1' class='spip_note' rel='footnote' title='Tal como explica muy claramente el sitio de la secretar&#237;a de investigaci&#243;n: (...)' id='nh4-1'&gt;1&lt;/a&gt;]. Lo cierto es que adem&#225;s, tanto a nivel nacional como internacional, la carrera de Letras en su estado actual provee suficiente equipamiento te&#243;rico como para pensar en un proyecto de investigaci&#243;n con cierta seriedad, aunque siempre necesitaremos de apoyo de alg&#250;n director experimentado. Entonces, &#191;para qu&#233; esperar?: vayamos directamente al doctorado.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Si bien esta alternativa se ha vuelto bastante com&#250;n, y no es para nada raro encontrarse con doctorandos de 26 o 27 a&#241;os, implica tambi&#233;n una serie de dificultades. La primera y principal consiste en encarar, de repente, un proyecto de tesis, siendo que en la carrera nunca hemos escrito m&#225;s que monograf&#237;as. Es perfectamente posible, e incluso probable, que nunca hayamos pasado de las 20 p&#225;ginas. Pensar en un proyecto que pueda abarcar m&#225;s de 300, atemoriza un poco. Adem&#225;s, quiz&#225;s no hemos tenido la suerte de entrar en contacto con alguien que podr&#237;a dirigirnos, o incluso, quiz&#225;s no hemos decidido aun un tema en el que consideremos sea factible doctorarnos. Y si no pensamos seguir estudiando en la UBA, ya el mismo ingreso al doctorado puede resultar inaccesible para nosotros, acad&#233;mica o econ&#243;micamente.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por estas y otras razones, optar por una maestr&#237;a no es finalmente una mala opci&#243;n, aun sabiendo que doctorarse tarde o temprano resultar&#225; ineludible si nuestra intenci&#243;n sigue siendo la investigaci&#243;n acad&#233;mica. Una maestr&#237;a implica una instancia de tesis intermedia (de alrededor de 100 p&#225;ginas), un compromiso menos aplastante con un tema y un ingreso m&#225;s f&#225;cil (casi autom&#225;tico en muchos casos). Adem&#225;s, para todo esto no necesitaremos un director que nos acepte, sino que bastar&#225; con un par de cartas de recomendaci&#243;n. Una maestr&#237;a puede ser una oportunidad para desarrollarse en otro &#225;rea, o para ir a estudiar a una universidad diferente sin que esto implique un compromiso tan fuerte y tan prolongado como el doctorado.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los tres autores de este art&#237;culo estamos actualmente cursando maestr&#237;as. Mart&#237;n Azar, en la UFR de Letras de la Universidad de Estrasburgo, Gustavo Riva, en la Facultade de Letras de la Universidad de Porto y Mariano Vilar, en la Facultad de Filosof&#237;a y Letras de la UBA. Nuestro prop&#243;sito con este art&#237;culo es abrir un panorama restringido (pero internacional) de lo que estas pueden ofrecer para la formaci&#243;n acad&#233;mica, las limitaciones que presentan, y algunas observaciones sobre el lugar de la teor&#237;a literaria en cada propuesta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;a href=&quot;#1&quot;&gt;1. Mariano Vilar: Maestr&#237;a en Estudios Literarios (UBA) &lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;#2&quot;&gt;2. Mart&#237;n Azar: &#8220;Culturas literarias europeas&#8221;. (Universidades de Estrasburgo, Bolo&#241;a, Tesal&#243;nica)&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;#3&quot;&gt;3. Gustavo Riva: &#8220;Literatura Alemana en la Edad Media Europea&#8221;
(Universidades de Porto, Bremen, Palermo)&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;a name=&quot;1&quot;&gt;&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;1.&lt;/a&gt; Mariano Vilar: En la ex&#243;tica Buenos Aires (Maestr&#237;a en Estudios Literarios de la Facultad de Filosof&#237;a y Letras de la UBA)&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;La Ciudad Aut&#243;noma de Buenos Aires (capital de la Rep&#250;blica Argentina) ofrece una gran cantidad de atracciones que pueden ser disfrutadas tanto por los turistas como por aquellos afortunados que nacen y mueren en sus numerosos barrios y avenidas. Ubicada cerca del centro geogr&#225;fico de esta gran urbe, en la calle Puan, se encuentra la Facultad de Filosof&#237;a y Letras de la UBA, sin duda una de las atracciones principales para cualquier amante de las humanidades. Su arquitectura, moderna y sin embargo nada pretenciosa, ofrece al visitante un sinn&#250;mero de recorridos internos y perspectivas, con un &#8220;simil pan&#243;ptico&#8221; en las escaleras centrales que nos recuerda su pasado como f&#225;brica de cigarrillos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En el cuarto y quinto piso de esta gran construcci&#243;n, a una cierta distancia del ajetreo constante de los niveles inferiores, se pueden encontrar algunas aulas destinadas al posgrado. En el segundo cuatrimestre del 2010, algunas de esas aulas pasaron a ser ocupadas regularmente por dos nuevas maestr&#237;as en el &#225;rea de letras: la Maestr&#237;a de Literaturas Comparadas (dirigida por Miguel Vedda) y la de Estudios Literarios (dirigida por Leonardo Funes). Si bien yo voy a referirme a aquella que estoy cursando (Estudios Literarios), ambas comparten varios seminarios, y sostienen algunas ideas similares acerca de qu&#233; es lo que debe ser una maestr&#237;a.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Quiz&#225;s el aspecto m&#225;s visible, en comparaci&#243;n con lo que se dice acerca de otras maestr&#237;as en el &#225;rea (como por ejemplo la de an&#225;lisis del discurso), es que ambas sostienen fuertemente la idea de que una maestr&#237;a debe ser algo que puede aprobarse sin realizar un esfuerzo sobrehumano y en una cantidad de tiempo inferior a la necesaria para que los polos se derritan y la tierra quede sumergida bajo el oc&#233;ano. Esto se percibe muy claramente en el hecho de que muchos seminarios -aunque no todos- piden como trabajo final alg&#250;n tipo de &#8220;trabajo pr&#225;ctico&#8221;, &#8220;informe&#8221; o &#8220;Monograf&#237;a formato ponencia&#8221; (8 p&#225;ginas a doble espacio). En otras palabras, cualquiera que tenga temor a las exigencias de un trabajo &#8220;nivel posgrado&#8221; encontrar&#225; que la cl&#225;sica monograf&#237;a de quince p&#225;ginas de la carrera de grado resultaba m&#225;s penosa y larga que estas instancias. [&lt;a href='#nb4-2' class='spip_note' rel='footnote' title='Un ejemplo muy transparente: En el 2007 curs&#233; el seminario de grado que (...)' id='nh4-2'&gt;2&lt;/a&gt;] La cantidad de bibliograf&#237;a puede ser bastante amplia -aunque no en el 100% de los casos- pero al tratarse de seminarios, siempre es posible flexibilizar un poco su uso de acuerdo a las necesidades individuales, y en la mayor&#237;a de los casos no se pretende que todos los alumnos hagan exposiciones orales.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Algunos comentarios respecto a mi experiencia personal. Para empezar, hay que mencionar que a diferencia de los otros dos autores de este art&#237;culo, yo me inscrib&#237; simult&#225;neamente al doctorado y a la maestr&#237;a, con la intenci&#243;n de que la &#250;ltima me cubra la gran mayor&#237;a de puntos que necesito para el segundo. Este plan tiene algunas desventajas: la curr&#237;cula de la maestr&#237;a es mucho m&#225;s r&#237;gida que la del doctorado y no me permite casi hacer elecciones entre los seminarios. Tengo que cursar bastantes horas por semana (durante el 2011 he tenido semanas de 16 hs de cursada, por ejemplo) y no en todos los seminarios he podido adaptar el trabajo final a mi tema de investigaci&#243;n principal. S&#243;lo en algunas ocasiones excepcionales he encontrado compa&#241;eros de cursada cuyos intereses acad&#233;micos est&#233;n ligados a los m&#237;os (es decir, que est&#233;n planeando trabajar en su tesis a alg&#250;n autor con un corpus producido antes del siglo XIX, por decirlo r&#225;pidamente).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Hablando en general, la composici&#243;n del alumnado (de las &#8220;primeras cohortes&#8221;, ya que es una nueva maestr&#237;a) es bastante m&#225;s heterog&#233;nea de lo que hubiera imaginado. La enorme mayor&#237;a no son, como yo, egresados recientes de la licenciatura en Letras de la UBA, sino que una considerable cantidad vienen de otros pa&#237;ses de Latinoam&#233;rica, o de otras carreras human&#237;sticas (o ambas cosas a la vez). Esto implica al menos dos consecuencias: la primera es que ning&#250;n profesor puede dar por supuesto que la mayor&#237;a comparte cierto conocimiento sobre cualquier tema, a diferencia de lo que pasa -en muchas ocasiones, excesivamente- en algunos tramos de la carrera de Letras, donde cualquier profesor puede m&#225;s o menos asumir que todos conocemos el corpus can&#243;nico del formalismo ruso, el dialoguismo de Bajt&#237;n, y quiz&#225;s incluso algunas otras cosas que suelen leerse en Teor&#237;a y An&#225;lisis Literario. [&lt;a href='#nb4-3' class='spip_note' rel='footnote' title='De todas formas, la carrera de Letras en la UBA es bastante err&#225;tica en este (...)' id='nh4-3'&gt;3&lt;/a&gt;]. La otra, m&#225;s positiva, es que uno puede adquirir algunos conocimientos sobre c&#243;mo se entienden algunos temas en otros sistemas universitarios, y eventualmente encontrarse con expertos en temas que los cl&#225;sicos puanners s&#243;lo pretendemos conocer y que est&#225;n directamente ligadas con las cosas que leemos a menudo (por ejemplo, psicoanalistas especializados en Lacan, fil&#243;sofos imbuidos en Nietzsche, etc.).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;M&#225;s all&#225; de todo esto, y antes de dedicarme a las ventajas de esta maestr&#237;a en particular, quiz&#225;s una de las mayores limitaciones que implica cursar un posgrado en Puan luego de haber hecho el grado ah&#237; mismo, es la inevitable repetici&#243;n de profesores y puntos de vista. Por supuesto, yo eleg&#237; esta maestr&#237;a en particular porque sab&#237;a que algunos de mis favoritos dictar&#237;an seminarios. Pero, como era esperable, tambi&#233;n me han tocado algunos con los que hubiera preferido no volver a encontrarme, o que hab&#237;a logrado evitar durante el grado y que ya no pude esquivar ahora. De todas formas, no todos los seminarios son dictados por viejos conocidos: han venido profesores de otras universidades, como Silvio Mattoni, Fabricio Forastelli o Daniel Altamiranda, por mencionar s&#243;lo a aquellos m&#225;s ligados con problemas espec&#237;ficos de la teor&#237;a literaria.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Referirme a la estructura de la maestr&#237;a me permitir&#225;, finalmente, hablar un poco m&#225;s sobre los aspectos m&#225;s evidentemente positivos, algunos de los cuales ya est&#225;n anticipados en la introducci&#243;n. La Maestr&#237;a en Estudios Literarios tiene, por lo que he visto hasta ahora, tres grandes ejes tem&#225;ticos que se reiteran, de formas diferentes, en (casi) todos los seminarios: teor&#237;a literaria, literatura moderna e historia cultural. En relaci&#243;n al primero de estos ejes aparecen algunos recorridos m&#225;s o menos cl&#225;sicos por los textos m&#225;s conocidos junto con seminarios de corte m&#225;s metodol&#243;gico y abocados a problem&#225;ticas espec&#237;ficas. El &#225;rea de literatura moderna (para m&#237;, habitualmente la menos atractiva) no necesita mucha descripci&#243;n, y la presencia de problemas te&#243;ricos en relaci&#243;n a los textos literarios puede oscilar de &#8220;bastante abundante&#8221; a &#8220;totalmente nula&#8221; dependiendo del profesor, tal como sucede en la carrera de grado de Letras. Por &#250;ltimo, el &#225;rea que he denominado (un poco libremente) como &#8220;historia cultural&#8221; incluye seminarios sobre temas a los que normalmente no tienen demasiado desarrollo en la carrera de grado (y probablemente, tampoco en otras maestr&#237;as): bibliolog&#237;a, ecd&#243;tica, cuestiones de ret&#243;rica y po&#233;tica. En mi caso particular, es la combinaci&#243;n entre estos enfoques y la teor&#237;a literaria lo que m&#225;s productivo me resulta, y lo que no creo que pueda encontrarse de esta forma en la mayor&#237;a de los posgrados disponibles para los interesados en literatura y sus derivados.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En defensa de la literatura moderna (algunos dir&#237;an que es la que menos defensa necesita, pero me permito disentir), hay que decir que para las personas como yo, abocadas a un tema de doctorado muy ligado a cuestiones remotas en el tiempo, tampoco nos viene del todo mal mantener alg&#250;n tipo de contacto con las problem&#225;ticas &#8220;actuales&#8221; del campo de las Letras, m&#225;s no sea porque en el futuro nadie nos garantiza que no ser&#225; alguno de estos conocimientos el que nos facilitar&#225; alg&#250;n tipo de cargo en alg&#250;n tipo de instituci&#243;n educativa, usualmente m&#225;s permeables a este tipo de cosas que a los estudios medievales o renacentistas. Lo mismo puede decirse del t&#237;tulo en s&#237; de &#8220;Master&#8221;: aun si el de &#8220;Doctor&#8221; tiene much&#237;simo m&#225;s peso en t&#233;rminos de una carrera en la investigaci&#243;n, no hay que desde&#241;ar el hecho de que el usar la maestr&#237;a para sumar los puntos del doctorado te permite obtener dos t&#237;tulos en lugar de uno (y si por alg&#250;n motivo el doctorado resulta imposible de terminar, al menos no nos iremos del posgrado con las manos vac&#237;as).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Resumiendo, la mayor&#237;a de los aspectos de esta maestr&#237;a para alguien en mi situaci&#243;n (egresado de Puan con deseos de continuar en el &#225;rea de la investigaci&#243;n) tienen un lado ventajoso y otro desventajoso: la rigidez del programa hace que me pierda la posibilidad de hacer algunos seminarios de doctorado m&#225;s espec&#237;ficos, pero al menos implica que siempre tendr&#233; seminarios para hacer y no depender&#233; de las dos o tres personas en el pa&#237;s que dicten cursos sobre mi tema puntual; la heterogeneidad del p&#250;blico implica que no se pueden presuponer cosas obvias para un licenciado en Letras, pero la variedad de enfoques y la posibilidad de enterarse de c&#243;mo se manejan estos temas en otros pa&#237;ses y otras facultades implica un aporte valioso; la repetici&#243;n de profesores del grado hace que algunas cosas resulten demasiado familiares, pero al menos nos garantiza que no perderemos contacto con las personas que hicieron los aportes m&#225;s significativos a nuestra formaci&#243;n, y con los que eventualmente continuaremos nuestra carrera profesional.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;De todas formas, sin lugar a dudas, el aspecto m&#225;s importante del proceso no es la cursada y la (usualmente f&#225;cil) aprobaci&#243;n de seminarios, sino la escritura de la tesis que, como dijimos arriba, viene a reparar un poco esa ausencia en nuestra formaci&#243;n de grado (muy completa en otros sentidos). El hecho de que muchos de los seminarios relacionados con la teor&#237;a literaria se piensen en relaci&#243;n con el proceso de escritura de la tesis les da tambi&#233;n un &#225;ngulo metodol&#243;gico que rara vez encontramos en la carrera: ya no se trata s&#243;lo de entender la teor&#237;a (cosa de por s&#237; compleja) sino de realmente usarla para algo. Todav&#237;a es muy pronto, tanto para m&#237; como para la maestr&#237;a en general (que al haberse iniciado en el segundo cuatrimestre de 2010, no cuenta aun con egresado alguno) como para saber si esto dar&#225; sus frutos en las tesis. Personalmente, creo que la posibilidad de combinar un enfoque hist&#243;rico-cultural amplio con la reflexi&#243;n metodol&#243;gica sobre los materiales que provee la teor&#237;a moderna es un desaf&#237;o digno de un estudio de posgrado, aun si no todos los seminarios aportan en esta direcci&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;a name=&quot;2&quot;&gt;&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;2.&lt;/a&gt; Mart&#237;n Azar: &#8220;Culturas literarias europeas&#8221;. (Universidad de Estrasburgo, Bolo&#241;a, Tesal&#243;nica)&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;T&#237;tulos y programas:&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La maestr&#237;a que estoy haciendo (como la de Gustavo Riva) pertenece a Erasmus Mundus, una instituci&#243;n educativa de la Uni&#243;n Europea que otorga becas a estudiantes mayoritariamente europeos (los no europeos somos menos numerosos, pero recibimos una beca mayor). Mi maestr&#237;a en particular est&#225; organizada por cuatro universidades: la Universidad de Bolo&#241;a (Italia), la Universidad de Estrasburgo (Francia), la Universidad de Mulhouse (Francia), y la Universidad Aristot&#233;lica de Tesal&#243;nica (Grecia). Yo estoy estudiando el primer a&#241;o en Estrasburgo; el segundo lo voy a pasar mitad en Bolo&#241;a, mitad en Tesal&#243;nica.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los beneficios de un programa semejante son muy concretos y atractivos: una beca completa, la posibilidad de conocer tres universidades europeas, de consolidar tres lenguas extranjeras y de desarrollar un proyecto de investigaci&#243;n personal a lo largo de dos a&#241;os que se materializa en una tesis final, cuya escritura es tal vez la experiencia formativa m&#225;s importante de la maestr&#237;a. Esto no est&#225; en discusi&#243;n. Lo que quiero tratar en este art&#237;culo quiz&#225;s sea, respecto de lo anterior, un aspecto secundario, pero que por otro lado ocupa gran parte de nuestro tiempo como maestrandos: me refiero a los seminarios obligatorios que debemos realizar en el camino (su organizaci&#243;n, el perfil de los profesores, la constituci&#243;n del alumnado). En definitiva, a diferencia de lo que sucede en muchas otras, la carga horaria de cursada de esta maestr&#237;a es bastante considerable: alrededor de veinte horas semanales.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#171; Master CLE : Cultures Litt&#233;raires Europ&#233;ennes &#187;. La descripci&#243;n del programa a la que tenemos acceso es &lt;a href=&quot;http://eacea.ec.europa.eu/erasmus_mundus/results_compendia/documents/projects/action_1_master_courses/2010/cle.pdf&quot; class='spip_out' rel='external'&gt;la que figura en Internet&lt;/a&gt;, que es pr&#225;cticamente tan amplia como el t&#237;tulo. Como primera observaci&#243;n, cabe decir que, en consecuencia, a falta de un eje restrictivo de organizaci&#243;n, los seminarios resultan t&#237;picamente o demasiado generales, p.ej.: &#8220;Teatro e historia&#8221;, &#8220;Literatura y m&#250;sica&#8221;, &#8220;La Edad Media&#8221;; o demasiado espec&#237;ficos, p.ej.: &#8220;La novela de los A&#241;os Locos&#8221;, &#8220;La comida en la literatura antillana franc&#243;fona&#8221;, &#8220;&lt;i&gt;El jard&#237;n de los Finzi-Contini&lt;/i&gt; de Bassani&#8221;. A esta heterogeneidad se suma una serie de seminarios que ni siquiera son de Letras: &#8220;Marruecos en las artes pl&#225;sticas de Europa del s. XIX&#8221;, &#8220;Los retratos en el Renacimiento&#8221;, &#8220;La familia en el cine italiano&#8221;, s&#243;lo justificados por razones burocr&#225;ticas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Seminarios y profesores:&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Como sucede con todas las materias en muchas universidades europeas, los seminarios de Erasmus no est&#225;n organizados por c&#225;tedras. De hecho, la figura de la c&#225;tedra, tal como la entendemos en la UBA, directamente no existe. Cada profesor es &#8220;propietario&#8221; de una materia, solo: arma su programa solo, lo dicta solo, lo eval&#250;a solo. Por supuesto, los profesores pertenecen a departamentos espec&#237;ficos, pero se trata de una pertenencia meramente administrativa: los departamentos no tienen un funcionamiento de c&#225;tedra, no son grupos de investigaci&#243;n y docencia institucionalizados.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los programas que nos entregan impresos a los estudiantes son llamativamente breves. Apenas consisten en el nombre de un seminario, un tema, a lo sumo una o dos oraciones explicativas y una lista de las obras a tratar (raramente m&#225;s de cuatro). Doy un ejemplo:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Th&#233;&#226;tre et histoire.&lt;br /&gt;
Programme : La repr&#233;sentation des marges orientales de l'Europe dans le th&#233;&#226;tre europ&#233;en.
&#338;uvres :&lt;br /&gt;
Eschyle, &lt;i&gt;Les Perses.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
Shakespeare, &lt;i&gt;Antoine et Cl&#233;op&#226;tre.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
Corneille, &lt;i&gt;Nicom&#232;de.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
Lessing, &lt;i&gt;Nathan le Sage.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En vez de recortar y fundamentar un objeto de estudio, por lo general se enuncia simplemente un tema, en este caso &#8220;Oriente en el teatro europeo&#8221; (metiendo en la misma bolsa la relaci&#243;n Grecia Antigua / Persia y la relaci&#243;n Europa moderna / mundo isl&#225;mico). No se usa bibliograf&#237;a cr&#237;tica. No se explicita ning&#250;n marco te&#243;rico (que ac&#225; podr&#237;a haber incluido teor&#237;as sobre historia del arte, sobre teatro, sobre las diferentes formas de relaci&#243;n entre ficci&#243;n e historia, sobre orientalismo). Y, sobre todo, en el desarrollo de las clases no se busca problematizar el tema propuesto, sino que, por el contrario, el procedimiento m&#225;s corriente consiste en buscar en el corpus la confirmaci&#243;n tautol&#243;gica del tema anunciado: constatar que en las obras elegidas efectivamente se tratan episodios hist&#243;ricos vinculados con Oriente. Mayormente las clases consistieron en la reposici&#243;n de informaci&#243;n enciclop&#233;dica al respecto. Ejemplo: &lt;i&gt;Los persas&lt;/i&gt; trata de la Batalla de Salamina; clase: informaci&#243;n sobre las Guerras M&#233;dicas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Hubo otros seminarios incluso m&#225;s extra&#241;os. Por ejemplo, en el de &#8220;Literatura y m&#250;sica&#8221; no se discuti&#243; ni de literatura, ni de m&#250;sica, ni de la relaci&#243;n entre ambas. Simplemente se eligieron tres o cuatro &#243;peras can&#243;nicas basadas en obras literarias can&#243;nicas (v.g., &lt;i&gt;Romeo y Julieta, Trist&#225;n e Isolda, Orfeo y Eur&#237;dice&lt;/i&gt;, etc.) y se relataron a lo largo de las clases las famosas historias y las famosas variaciones.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El &#250;nico seminario sobre teor&#237;a literaria tuvo como eje la historia de la noci&#243;n de autor. Del siglo XX, el profesor pas&#243; por alto el Formalismo Ruso, el &lt;i&gt;New Criticism&lt;/i&gt;, el estructuralismo. S&#243;lo mencion&#243; &#8211;con aires de novedad&#8211; un par de escuelas hoy mayormente obsoletas: la cr&#237;tica de la consciencia y la psicocr&#237;tica. Y termin&#243; su historia en 1962 (&lt;i&gt;Obra abierta&lt;/i&gt;, de Eco), dejando afuera el posestructuralismo, posmodernismo, poscolonialismo, neomarxismo, narratolog&#237;a, teor&#237;a de la recepci&#243;n, cognitivismo, &lt;i&gt;New Historicism&lt;/i&gt;, los estudios culturales, etc. &#8220;&#191;No vamos a hablar de las teor&#237;as de los &#250;ltimos cincuenta a&#241;os?&#8221; pregunt&#233; t&#237;midamente. &#8220;Eh&#8230; bueno&#8221;, simul&#243; reflexionar desviando la mirada, &#8220;en realidad no pas&#243; nada significativo en los &#250;ltimos cincuenta a&#241;os de teor&#237;a literaria. Donc&#8230; voil&#224;!&#8221; (El mismo profesor dicta ahora un seminario cuyo alarmante t&#237;tulo es &#8220;T&#233;cnica de la disertaci&#243;n y de la explicaci&#243;n del texto&#8221;, sic).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Es justo se&#241;alar que hay excepciones. Por ejemplo, el profesor que dict&#243; el seminario de los A&#241;os Locos (especialista en literaturas europeas comparadas entre fines del siglo XIX y principios del XX) hizo un an&#225;lisis de las diferentes po&#233;ticas narrativas de la d&#233;cada del '20 como v&#237;a para introducir una reflexi&#243;n sobre la &#233;poca, provisto de bibliograf&#237;a cr&#237;tica pertinente y de un marco te&#243;rico que le permiti&#243; problematizar de un modo interesante los temas trabajados.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En cualquier caso, tal vez el s&#237;ntoma m&#225;s recurrente (y preocupante) del profesorado es aquel que podemos llamar la falacia del snob: el prejuicio de considerar que el valor del an&#225;lisis literario reside en el prestigio del objeto tratado antes que en el an&#225;lisis en s&#237;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Estudiantes&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#191;Qu&#233; es una maestr&#237;a? Nosotros (al menos en la UBA), despu&#233;s de hacer el CBC anual (ciclo b&#225;sico com&#250;n) y una carrera de cinco a&#241;os, obtenemos el t&#237;tulo de Licenciado (o Profesor) en Letras. No tenemos t&#237;tulos intermedios. Con ese t&#237;tulo se nos autoriza, por un lado, a ense&#241;ar en nivel medio y universitario, y por el otro, a hacer una maestr&#237;a o un doctorado (cursos de posgrado no correlativos, que s&#243;lo difieren en su importancia).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El sistema educativo europeo es diferente. Los estudiantes hacen una carrera de tres a&#241;os, que les da el t&#237;tulo que en Francia se llama &#8220;Licence&#8221;, el cual no los habilita a ning&#250;n tipo de ejercicio profesional. A los dos a&#241;os de estudio siguientes los llaman &#8220;Master&#8221;, per&#237;odo que, en rigor, todav&#237;a forma parte de sus estudios de grado. Reci&#233;n despu&#233;s est&#225;n habilitados para hacer un doctorado. Por eso no resulta extra&#241;o encontrar que la mayor&#237;a de los estudiantes europeos de Erasmus Mundus tiene apenas entre 20 y 23 a&#241;os.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Otra caracter&#237;stica significativa es la heterogeneidad de formaci&#243;n de los estudiantes. En la UBA, la carrera de Letras tiene tres orientaciones: Cl&#225;sicas, Ling&#252;&#237;stica y Literatura. La tercera consiste, por un lado, en una serie de cursos &#8211;relativamente introductorios&#8211; sobre ling&#252;&#237;stica, gram&#225;tica y lenguas (cl&#225;sicas y extranjeras), y por el otro, en una serie de cursos &#8211;m&#225;s en profundidad&#8211; sobre teor&#237;a literaria y diferentes literaturas (nacionales y comparadas). En Europa esto no es as&#237;. Existen, en cambio, tres tipos de carreras afines a esta descripci&#243;n:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;. Las filolog&#237;as: griega, inglesa, etc., que estudian paralelamente la gram&#225;tica de una lengua particular y la historia de una cultura particular, sin ahondar demasiado en ninguno de los dos aspectos (o sea, sin llegar a formar ni ling&#252;istas ni historiadores), y donde la teor&#237;a literaria est&#225; mayormente limitada a las diferentes escuelas ecd&#243;ticas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;2&lt;/strong&gt;. Los traductorados p&#250;blicos y otros traductorados de menor rango (donde los estudiantes se forman para ser int&#233;rpretes, pero sin alcanzar la autorizaci&#243;n de traducir documentos legales, por ejemplo).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;3&lt;/strong&gt;. Cultura X (inglesa, francesa, alemana, etc.), un tipo de carreras surgidas en los &#250;ltimos a&#241;os, donde se realizan cursos heterog&#233;neos respecto de una cultura nacional (lengua, historia, geograf&#237;a, literatura, etc.), pero sin profundizar en ninguna disciplina espec&#237;fica, de modo que usualmente los estudiantes podr&#225;n aspirar a devenir int&#233;rpretes, pero raramente investigadores.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por otra parte, dentro de la carrera de Filosof&#237;a est&#225; la orientaci&#243;n de est&#233;tica, en la que podr&#237;a incluirse la teor&#237;a literaria como sub-disciplina, pero por lo general no se incluye. Historia del arte tradicionalmente se inclina m&#225;s &#8211;casi completamente de hecho&#8211; hacia las artes pl&#225;sticas que hacia la literatura. Y, hasta donde s&#233;, Sociolog&#237;a del Arte no existe como carrera.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;S&#233; que mi panorama a este respecto es bastante parcial. Pero, en definitiva, lo que pude comprobar dentro de los grupos de estudiantes heterog&#233;neos de los que particip&#233; hasta ahora, es que, vengan de una carrera u otra, finalmente casi ning&#250;n estudiante europeo tiene una educaci&#243;n formal en teor&#237;a literaria: casi ninguno la tuvo como materia. Y los profesores no se ven preocupados por reponerla. No dir&#237;a que &#8220;la teor&#237;a literaria ha muerto&#8221; (declaraci&#243;n con la que inaugur&#243; Vitagliano su curso de &#8220;Teor&#237;a literaria III&#8221; del 2007 en la UBA); pero s&#237; que, evidentemente, ha quedado en gran medida fuera de la divisi&#243;n del conocimiento de la academia europea. [&lt;a href='#nb4-4' class='spip_note' rel='footnote' title='Como excepci&#243;n, en las universidades m&#225;s importantes de Alemania, como por (...)' id='nh4-4'&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Pol&#237;ticas acad&#233;micas&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En este r&#225;pido recorrido intent&#233; destacar tres aspectos que creo sintom&#225;ticos de un proyecto pol&#237;tico-educativo particular.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;1.&lt;/strong&gt; Un programa muy general y muy heterog&#233;neo en t&#233;rminos tanto tem&#225;ticos como disciplinares.&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;2.&lt;/strong&gt; Profesores sobre todo especializados en un per&#237;odo o una cultura nacional, pero normalmente m&#225;s inclinados a proveer informaci&#243;n hist&#243;rica que herramientas te&#243;ricas y cr&#237;ticas.&lt;br /&gt;
&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt; Estudiantes informados sobre un idioma y (a lo sumo) una cultura nacional.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#191;C&#243;mo interpretar este panorama? Mi hip&#243;tesis es que, en &#250;ltima instancia, el &#250;nico concepto en el que encuentran justificaci&#243;n estos tres aspectos es el de &#8220;cultura general&#8221; (en este caso definida en t&#233;rminos europeos, naturalmente). 1. Formar parte de la &#8220;cultura general&#8221; es lo &#250;nico que tienen en com&#250;n la Gioconda (pintura, Renacimiento) y Proust (literatura, s. XX), Esquilo (teatro, Grecia) y De Sica (cine, Italia). 2. Difundir la &#8220;cultura general&#8221; es el enfoque primordial de los seminarios: leer autores can&#243;nicos para reconfirmar tautol&#243;gicamente su valor hist&#243;rico. 3. Dif&#237;cilmente sea m&#225;s que &#8220;cultura general&#8221; lo que busca quien estudia una carrera como &#8220;Cultura francesa&#8221;. Por &#250;ltimo, cabe agregar que la &#8220;cultura general&#8221; se encuentra asimismo sostenida como valor final -impl&#237;cita o expl&#237;citamente- detr&#225;s de una multiplicidad de detalles secundarios de la maestr&#237;a: el criterio de selecci&#243;n de los eventos (obras de teatro, conciertos, conferencias) a los que nos hacen asistir grupalmente, muchas de las concepciones de lengua que se barajan, el tipo de preguntas ret&#243;ricas con las que insisten ciertos profesores durante las clases, etc.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En el programa de CLE que figura en Internet, se anuncia como proyecto educativo la formaci&#243;n de investigadores: &#8220;The main objective of the Masters Course is to train a cultural operator / a researcher / a teacher to have a good range of methodologies and a high cultural appreciation of the different contexts of European culture which enable a comparison with other culturs.&#8221; El &lt;i&gt;investigador&lt;/i&gt; es una figura profesional activa. Se define de modo prospectivo: sus conocimientos son herramientas que le permiten generar nuevo conocimiento.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Sin embargo, las tres observaciones anteriores apuntan a una direcci&#243;n diferente. La cultura general no es otra cosa que un c&#250;mulo de objetos culturales sedimentados en el imaginario popular (y acad&#233;mico) como canon: aquello que &#8220;hay que saber&#8221;. En el mundo de la literatura, los autores, obras, movimientos y estilos que gozan de mayor prestigio social. Frente a esta &#8220;alta cultura&#8221;, los dem&#225;s objetos culturales son relegados a la categor&#237;a de contra-cultura, cultura baja, de masas, de entretenimiento, trivial, etc. No hace falta decirlo de nuevo &#8211;fue tratado largamente, por ejemplo por Huyssen en &lt;i&gt;After the Great Divide&lt;/i&gt;, 1986&#8211;: esta divisi&#243;n es pol&#237;tica, no ontol&#243;gica. Es, de hecho, sobre la base de ella que se construyen los mitos nacionales, como los que ejemplarmente permitieron la unificaci&#243;n cultural de los estados-naci&#243;n europeos en el siglo XIX: el establecimiento de una lengua est&#225;ndar, de los relatos de pr&#243;ceres, de los cl&#225;sicos nacionales, etc.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La figura profesional a la que aspira quien tiene como objetivo la adquisici&#243;n de &#8220;cultura general&#8221; es la del &lt;i&gt;cultivado&lt;/i&gt;. Para ser cultivado basta con informarse. La cultura general es, por definici&#243;n, superficial, fosilizada, canonizante, mitologizante, no problem&#225;tica: busca precisamente mantener una unidad consolatoria de origen y pertenencia. De manera que el hombre cultivado es inherentemente pasivo: no se forma para generar conocimiento, sino para &lt;i&gt;asimilar&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;reproducir&lt;/i&gt; informaci&#243;n preestablecida como verdadera, consistente y prestigiosa.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Idealmente, una de las tareas de la teor&#237;a y la cr&#237;tica literaria (y de todo estudio social del arte) es problematizar la manera en que los imaginarios sociales dividen los objetos literarios en esferas de diferente estatus: reflexionar sobre la naturaleza de estas esferas y las relaciones hist&#243;ricas que se establecen entre ellas. Por el contrario, profundizar esta divisi&#243;n reproduciendo sistem&#225;ticamente el discurso tautol&#243;gico de la &#8220;cultura general&#8221; (alta, europea, etc.), como conocimiento pasivo que es necesario adquirir para ser cultivado, es un proyecto educativo regresivo, decadente y colonialista. Que, en este caso, apunta a la unificaci&#243;n, naturalizaci&#243;n y difusi&#243;n de un mito, ya no nacional, sino continental, de Europa como bloque. [&lt;a href='#nb4-5' class='spip_note' rel='footnote' title='lo que se puede leer en otra de las partes del programa: &#8220;These profiles [&#8230;] (...)' id='nh4-5'&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No es casual que sea precisamente (la &#233;lite econ&#243;mica de pa&#237;ses que forman) la Uni&#243;n Europea la que financia a Erasmus como instituci&#243;n, y en el marco de la cual se estableci&#243; este modelo educativo que pr&#225;cticamente borr&#243; la teor&#237;a literaria de los programas universitarios.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;a name=&quot;3&quot;&gt;&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;3. &lt;/a&gt;Gustavo Riva: &#8220;Literatura Alemana en la Edad Media Europea&#8221;
(Universidades de Porto, Bremen, Palermo)&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt; Desde hace un a&#241;o y medio me encuentro cursando la maestr&#237;a de Erasmus Mundus GLITEMA (German Literature in the European Middle Ages) organizada por las universidades de Porto, Bremen y Palermo. Ya he pasado al menos algunos meses en todas esas instituciones y ahora me encuentro en proceso de escritura de la tesis. Mi visi&#243;n que trata de ir un poco m&#225;s all&#225; de mi estricta experiencia personal y lograr algunas observaciones de amplitud m&#225;s general es absolutamente parcial y subjetiva, pero tal vez tenga alg&#250;n que otro acierto.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Comentarios de los aspectos m&#225;s espec&#237;ficos del programa probablemente interesen a pocos. Se trata, despu&#233;s de todo, de un tema que realmente no mueve multitudes: la literatura medieval alemana. Esa s&#250;per especificidad y el desarrollo del conocimiento del idioma alem&#225;n son, tal vez, los puntos m&#225;s fuertes de la maestr&#237;a para alguien que busca una especializaci&#243;n despu&#233;s de una formaci&#243;n tan abarcadora como la que ofrece un grado en la UBA. [&lt;a href='#nb4-6' class='spip_note' rel='footnote' title='La UBA ofrece la posibilidad de elegir materias con gran libertad, pudiendo (...)' id='nh4-6'&gt;6&lt;/a&gt;] Poder dedicarse intensivamente a un tema as&#237; de concreto durante dos a&#241;os genera, si bien no necesariamente conocimiento, al menos s&#237; una cierta erudici&#243;n y una gran familiaridad con el asunto - que por otra parte hubiese sido imposible estudiar en la Argentina. La maestr&#237;a brinda la posibilidad de entrar en contacto con algunas de las figuras m&#225;s destacadas del &#225;rea, aunque el trato cotidiano es con profesores que, mejores o peores, no son los grandes nombres de la disciplina. La mayor&#237;a de los cursos son dados por estos 3 o 4 profesores que siempre se repiten y hay algunos seminarios intensivos (20 horas en una semana aproximadamente) dictados por profesores invitados; algunos m&#225;s apasionantes que otros.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	M&#225;s importante que discusiones acerca de esta maestr&#237;a en particular me parece que tal vez sea m&#225;s relevante notar algunos aspectos generales acerca de la manera de analizar la literatura propios de estas universidades y de los seminarios que ofrecen.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Algo que se nota a primera vista es la diferencia en la cantidad de lecturas. Se da poco para leer por seminario o de una clase a otra y la bibliograf&#237;a secundaria es escas&#237;sima. Nunca me he sentido sobrepasado por la cantidad de obligaciones de la manera en que era tarea cotidiana en la UBA. Esto genera dos formas distintas de encarar la lectura. En la UBA uno trata de seleccionar, de leer lo que parece m&#225;s urgente o lo que resulta m&#225;s interesante. Personalmente me parece que esa suerte de shock y sobredosis continuos, si bien un poco neur&#243;tica, brinda a los sobrevivientes un panorama y un horizonte de posibilidades mucho m&#225;s amplio y genera una formaci&#243;n m&#225;s completa, aunque m&#225;s no sea de o&#237;das. Lo bueno de una dosis m&#225;s moderada de lecturas es que el trabajo en clase se ve beneficiado, pues los alumnos por lo general han le&#237;do lo que ten&#237;an que leer y se puede discutir al respecto. [&lt;a href='#nb4-7' class='spip_note' rel='footnote' title='Es decir, se ahorran esas escenas hip&#243;critas en que el profesor fingiendo (...)' id='nh4-7'&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Otra ventaja de la bibliograf&#237;a de esta maestr&#237;a - aunque no parece ser generalizable - es que suele ser m&#225;s moderna. En la UBA muy pocas veces discutimos problem&#225;ticas verdaderamente actuales y tendemos a perdernos en discusiones de los a&#241;os ochenta. La contracara de esto es que circula mucha informaci&#243;n de manual, especialmente en Alemania, donde los manuales universitarios son una peque&#241;a industria. Constantemente salen nuevos al mercado. Estos muchas veces facilitan una introducci&#243;n r&#225;pida a ciertas problem&#225;ticas, pero el lado negativo es que pocos parecen dedicarse a leer los textos originales. Los estudiantes alemanes no tienen necesidad de luchar contra abstrusos textos de Foucault sobre la Biopol&#237;tica, porque tienen a mano el &lt;a href=&quot;https://www.metzlerverlag.de/index.php?mod=bookdetail&amp;isbn=978-3-476-02192-2&quot; class='spip_out' rel='external'&gt;&lt;i&gt;Foucault Handbuch&lt;/i&gt;&lt;/a&gt; que genera a partir de las varias y a veces contradictorias observaciones de Foucault una teor&#237;a coherente, con definiciones y orden. Para dar un ejemplo, en el &#250;nico seminario sobre teor&#237;a literaria de mi maestr&#237;a uno de los m&#243;dulos fue An&#225;lisis del Discurso, donde se vieron dos art&#237;culos &lt;i&gt;sobre &lt;/i&gt; las implicaciones de Foucault, pero nada &lt;i&gt;de &lt;/i&gt; Foucault y la discusi&#243;n se limit&#243; a c&#243;mo se puede aplicar o no el an&#225;lisis del discurso a la literatura medieval.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Una de las ventajas m&#225;s evidentes de estar en Europa son las bibliotecas. Especialmente en Alemania ir a la biblioteca es una experiencia que bordea el asombro. Una humilde investigaci&#243;n como la que emprendo en mi tesis de maestr&#237;a sobre la leyenda de San Alejo en el siglo XIII hubiese sido imposible sin esas bibliotecas que me permiten en pocos minutos acceder a ediciones del siglo XIX de textos medievales, a traducciones en ingl&#233;s o franc&#233;s de textos bizantinos, a libros sobre hagiograf&#237;a publicados en el a&#241;o 2010, a reproducciones de frescos romanos y a casi lo que sea que considere necesario. Esto da lugar a algo que en la UBA resultaba absurdo: el trabajo en la biblioteca. Es decir, la biblioteca no es (solamente) un lugar para tomar mate, sino un lugar para investigar, leer, escribir y aburrirse.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Otro aspecto curioso es la abundante participaci&#243;n en clase del alumnado. Los alumnos no s&#243;lo no tienen miedo de interrumpir la clase constantemente, sino que lo hacen con absoluta naturalidad. Las clases magistrales tienden a reducirse y se privilegia el trabajo por parte de los alumnos. El ideal pareciera ser que los profesores solo est&#233;n para guiar a los alumnos. La parte negativa de esto es que las clases magistrales tambi&#233;n cumplen una funci&#243;n y los alumnos no siempre pueden suplir por su propio trabajo lo que un buen profesor podr&#237;a dar en pocos minutos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	En cuanto al tema m&#225;s espec&#237;fico de Luthor, la teor&#237;a literaria, se encuentra casi absolutamente ausente. Esto no es algo inesperado dado el tema, ya que el estudio de las literaturas medievales suele privilegiar un acercamiento filol&#243;gico y no uno te&#243;rico. En el caso particular de esta maestr&#237;a podr&#237;a decir que los textos se analizan desde una perspectiva 'cl&#225;sica': desde el contexto hist&#243;rico y literario, pero sobre todo en un an&#225;lisis inmanente sin grandes presupuestos te&#243;ricos detr&#225;s. Problemas estrictamente filol&#243;gicos o de cr&#237;tica textual ocupan asimismo poco espacio. Esto tiene ventajas y desventajas. Entre lo positivo se encuentra el rigor metodol&#243;gico. La cr&#237;tica posmoderna parece a veces ser un vale para reproducir un estilo inentendible y un contenido nulo. En este sentido este m&#233;todo privilegia la comunicabilidad del lenguaje y la b&#250;squeda de un sustento para las afirmaciones.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Esta perspectiva tiene, sin embargo, dos aspectos negativos. Por un lado en muchos casos veces se basa en el sentido com&#250;n y reproduce prejuicios propios de la perspectiva hist&#243;rica del cr&#237;tico. No es raro, por ejemplo, que se trabaje con conceptos de autor o de obra propios de la modernidad. La &#250;nica forma de sortear esos prejuicios es con la reflexi&#243;n acerca de los propios postulados y procedimientos, algo que es propio de un acercamiento te&#243;rico. Por otro lado, suele no tener un alcance o inter&#233;s m&#225;s all&#225; de lo muy espec&#237;fico del texto a trabajar. Dicho en otras palabras, analizar las relaciones de parentesco en &lt;i&gt;Parzival&lt;/i&gt; es absolutamente irrelevante si se lo piensa de una manera inmanente. Es necesario incluir ese an&#225;lisis en una problem&#225;tica de mayor alcance sobre las relaciones de los personajes dentro de la ficci&#243;n o de la funci&#243;n ideol&#243;gica o social de las relaciones de parentesco. Por otra parte, se hecha de lado un &#233;nfasis mayor en aspectos de la filolog&#237;a cl&#225;sica, como la reflexi&#243;n sobre la especificidad de la textualidad medieval o la relaci&#243;n entre historia y literatura.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	En este sentido, creo desde mi humilde lugar, que la inclusi&#243;n de una perspectiva m&#225;s te&#243;rica para acercarse a los fen&#243;menos pre-modernos podr&#237;a resultar productiva. Esta perspectiva, por otra parte, se practica en varias universidades de Europa y Estados Unidos. Adem&#225;s, los m&#225;s influyentes medievalistas de los &#250;ltimos 50 a&#241;os has sido aquellos que combinaron el rigor de la filolog&#237;a con un acercamiento te&#243;rico al fen&#243;meno literario como H.R. Jauss, W. Haug, W. R&#246;cke o J-D. M&#252;ller. [&lt;a href='#nb4-8' class='spip_note' rel='footnote' title='En el &#225;mbito de la medieval&#237;stica argentina es el tipo de enfoque que (...)' id='nh4-8'&gt;8&lt;/a&gt;] Estos autores desarrollaron trabajos que no solo ayudan a &#8220;entender&#8221;&lt;i&gt;un&lt;/i&gt; texto, sino que son productivos para entender otros textos o fen&#243;menos. Otras perspectivas que intentan combinar la filolog&#237;a con la teor&#237;a literaria como la &lt;i&gt;new philology&lt;/i&gt; apenas se trabajan en la maestr&#237;a (solo un seminario se dedic&#243; al tema y gracias a dos profesores invitados) y la mayor parte del tiempo son contempladas con cierto desd&#233;n no siempre justo. Como ya dije, la ausencia de una perspectiva con mayor &#233;nfasis en la teor&#237;a literaria no puede considerarse una falta o un error. Los textos se trabajan desde perspectivas apropiadas. Pero es al menos mi creencia personal que un mayor &#233;nfasis en la reflexi&#243;n te&#243;rica podr&#237;a resultar altamente productivo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	Ahora bien &#191;Vale la pena? La formaci&#243;n no es, en principio, mejor o peor en Argentina o en Europa - aunque s&#237; se pueden envidiar las bibliotecas y los comedores escolares del viejo continente. Sin duda, vale la pena el viaje si uno va en busca de aquello que no puede encontrar en una universidad argentina, si el tema (como es mi caso) no existe en la curricula. Lo interesante es que, para quien tenga ganas, por el motivo que sea, incluso los no estrictamente acad&#233;micos, es mucho m&#225;s factible de lo que uno tal vez se imagina. Con la misma cantidad de trabajo y regalo de plusval&#237;a que un alumno necesita para sobrevivir en Buenos Aires se puede vivir en Europa e ingresar en las universidades p&#250;blicas es un tr&#225;mite en la mayor&#237;a de los casos gratuito.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;p&gt;[&lt;a href='#nh4-1' id='nb4-1' class='spip_note' title='Notas 4-1' rev='footnote'&gt;1&lt;/a&gt;] Tal como explica muy claramente el sitio de la secretar&#237;a de investigaci&#243;n: &lt;a href=&quot;http://secinves.com.ar/guias/el-recorrido-tipo-de-un-investigador&quot; class='spip_url spip_out' rel='nofollow external'&gt;http://secinves.com.ar/guias/el-rec...&lt;/a&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh4-2' id='nb4-2' class='spip_note' title='Notas 4-2' rev='footnote'&gt;2&lt;/a&gt;] Un ejemplo muy transparente: En el 2007 curs&#233; el seminario de grado que dict&#243; Miguel Vedda sobre &#8220;Literatura trivial&#8221;, y para aprobarlo escrib&#237; una monograf&#237;a de un poco m&#225;s de 20 p&#225;ginas sobre Jack London y Julio Verne, que tom&#243; algo como un mes de trabajo, y quiz&#225;s incluso un poco m&#225;s. En el 2011, curs&#233; otro seminario sobre el tema dictado por el mismo Miguel Vedda dentro de la maestr&#237;a de la que estoy hablando, esta vez sobre un corpus diferente de textos, algo m&#225;s extensos. Pero el trabajo final para el seminario consisti&#243; en un cuasi parcial domiciliaro de 4 p&#225;ginas de extensi&#243;n. Evidentemente, la monograf&#237;a en el grado implicaba mucho m&#225;s trabajo de investigaci&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh4-3' id='nb4-3' class='spip_note' title='Notas 4-3' rev='footnote'&gt;3&lt;/a&gt;] De todas formas, la carrera de Letras en la UBA es bastante err&#225;tica en este sentido, ya que debido a la escasez de correlatividades casi nadie puede presuponer nada, lo que no impide que muchos lo hagan. Dir&#237;a que en general, en la maestr&#237;a se cuidan m&#225;s de evitar esto, quiz&#225;s demasiado&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh4-4' id='nb4-4' class='spip_note' title='Notas 4-4' rev='footnote'&gt;4&lt;/a&gt;] Como excepci&#243;n, en las universidades m&#225;s importantes de Alemania, como por ejemplo la de Berl&#237;n y la de M&#250;nich, existe la carrera de Literatura General y Comparada que se asemeja bastante al modelo de Letras de la UBA.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh4-5' id='nb4-5' class='spip_note' title='Notas 4-5' rev='footnote'&gt;5&lt;/a&gt;] lo que se puede leer en otra de las partes del programa: &#8220;These profiles [&#8230;] also aim at overcoming the rigid nationalistic idea of literary cultures which have contributed to the creation of a European culture, with the aim of gaining a unitary vision of the common cultural heritage.&#8221;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh4-6' id='nb4-6' class='spip_note' title='Notas 4-6' rev='footnote'&gt;6&lt;/a&gt;] La UBA ofrece la posibilidad de elegir materias con gran libertad, pudiendo incluso cursar materias de otras carreras y facultades que se consideren pertinentes. La falta de correlativas hace que sea posible (y com&#250;n) que alumnos del &#250;ltimo y del primer a&#241;o cursen juntos. Sin embargo, tambi&#233;n posibilita armar el propio camino, siguiendo las propias inclinaciones e intereses.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh4-7' id='nb4-7' class='spip_note' title='Notas 4-7' rev='footnote'&gt;7&lt;/a&gt;] Es decir, se ahorran esas escenas hip&#243;critas en que el profesor fingiendo indignaci&#243;n se queja de que los alumnos no leen para las clases, como si eso no fuese esperable&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh4-8' id='nb4-8' class='spip_note' title='Notas 4-8' rev='footnote'&gt;8&lt;/a&gt;] En el &#225;mbito de la medieval&#237;stica argentina es el tipo de enfoque que propone, por ejemplo, Leonardo Funes.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Los &#250;ltimos pasos de la novela de formaci&#243;n alemana: Berlin Alexanderplatz</title>
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		<dc:date>2012-02-26T23:20:00Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Mart&#237;n Koval</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Integraci&#243;n social y p&#233;rdida de la identidad&lt;/p&gt;

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&lt;a href="http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?rubrique10" rel="directory"&gt;8&lt;/a&gt;


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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;El siglo burgu&#233;s, el &#8220;largo siglo XIX&#8221;, comprende un segmento temporal que va desde el &#250;ltimo tercio del siglo XVIII (en particular, la Revoluci&#243;n Francesa) hasta la Primera Guerra Mundial (Kocka 1995: 784). La fe en el progreso, en las ciencias, en la raz&#243;n, en el &lt;i&gt;sentido de la vida&lt;/i&gt;, puesta en crisis a partir de las primeras d&#233;cadas del siglo XX (y, mucho antes, por el Romanticismo) es, a muy grandes rasgos, lo que caracteriza la &lt;i&gt;mentalidad burguesa&lt;/i&gt; (ib&#237;d.: 805), es decir, el contenido mental de la clase que lleva a cabo, hasta c. a. 1848, los cambios revolucionarios y que, a partir de entonces, da inicio a un acuertelamiento de signo conservador (lo que Kocka llama &#8220;feudalizaci&#243;n de la clase media&#8221; [ib&#237;d.: 802]). El proceso de expansi&#243;n, consolidaci&#243;n y canonizaci&#243;n del g&#233;nero &lt;i&gt;novela&lt;/i&gt; est&#225; &#237;ntimamente vinculado a este periodo hist&#243;rico, a las ideas de la clase media, de la burgues&#237;a.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Hay un subg&#233;nero novel&#237;stico en el que la fe en la raz&#243;n y el progreso se presentan, &lt;i&gt;a priori,&lt;/i&gt; de forma exacerbada: la novela de formaci&#243;n/educaci&#243;n o &lt;i&gt;Bildungsroman.&lt;/i&gt; Es a la luz del contexto hist&#243;rico-intelectual reci&#233;n aludido que resulta de inter&#233;s procurar encontrar, en los textos literarios pertenecientes en mayor o menor medida a este subg&#233;nero, claves que permitan dar cuenta de las transformaciones de la mentalidad burguesa a lo largo de &lt;i&gt;su&lt;/i&gt; siglo. En vista de esto, se podr&#237;an contrastar textos de finales del siglo XVIII con otros de finales del siglo XIX/comienzos del XX a fin de establecer diferencias espec&#237;ficas. En lo que respecta a los comienzos del subg&#233;nero novel&#237;stico, ser&#237;a productivo trabajar, por ejemplo, con el modo en que en su &lt;i&gt;Wilhelm Meisters Lehrjahre&lt;/i&gt; [Los a&#241;os de aprendizaje de Wilhelm Meister] (1795/96), J.W.Goethe reelabora el motivo de la &lt;i&gt;sociedad secreta&lt;/i&gt; presente en Der Geisterseher [El visionario] (1787/89), de Friedrich Schiller: la imposibilidad psicol&#243;gica del Pr&#237;ncipe de madurar y volverse un sujeto racional en este &#250;ltimo caso, lo pone a expensas de individuos macabros y nocivos; nada m&#225;s ajeno al proceso de racionalizaci&#243;n y maduraci&#243;n de Wilhelm Meister, para cuya feliz resoluci&#243;n cuenta con el apoyo de la &lt;i&gt;Sociedad de la Torre.&lt;/i&gt; Por razones de espacio, no desarrollaremos esta posibilidad de trabajo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por otra parte, en lo que respecta al &#8220;ocaso&#8221; del subg&#233;nero, resulta conveniente pensar en obras que ponen en escena el &lt;i&gt;sinsentido de la vida,&lt;/i&gt; la derrota del individuo ante las coacciones de la sociedad, que critican o ponen en duda el ideal burgu&#233;s ilustrado-racional de &lt;i&gt;Bildung&lt;/i&gt; (esto es, entre otras cosas, la idea ut&#243;pica de que el mejoramiento &#233;tico del individuo equivale al mejoramiento de la sociedad). Las siguientes novelas han sido pensadas, por diferentes cr&#237;ticos y en mayor o menor medida sobre la base de lo que reci&#233;n se ha dicho, como representaci&#243;n literaria del fin o acabamiento del &lt;i&gt;Bildungsroman: Der gr&#252;ne Heinrich&lt;/i&gt; [Enrique el verde] (1854/55; 1879/80) de Gottfried Keller (H. R. Jauss), [&lt;a href='#nb5-1' class='spip_note' rel='footnote' title='&#8220;&#191;C&#243;mo puede la educaci&#243;n est&#233;tica tener lugar si la historia ya no es un (...)' id='nh5-1'&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;i&gt;L'&#233;ducation sentimentale&lt;/i&gt; [La educaci&#243;n sentimental] (1869) de Gustave Flaubert (G. Luk&#225;cs), [&lt;a href='#nb5-2' class='spip_note' rel='footnote' title='V. su Teor&#237;a de la novela.' id='nh5-2'&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;i&gt;Amerika&lt;/i&gt; de Franz Kafka (1927) (G. Neumann), [&lt;a href='#nb5-3' class='spip_note' rel='footnote' title='La p&#233;rdida de identidad (y del nombre) como negaci&#243;n del modelo goetheano de (...)' id='nh5-3'&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;i&gt;Berlin Alexanderplatz &lt;/i&gt;(1929) de Alfred D&#246;blin (W. Benjamin), &lt;i&gt;Die Blechtrommel&lt;/i&gt; [El tambor de hojalata] (1959) de G&#252;nter Grass (G. Mayer) et. al.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;La culminaci&#243;n hist&#243;rica de la novela de formaci&#243;n&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Dadas las caracter&#237;sticas espec&#237;ficas del largo siglo XIX alem&#225;n, su unidad en tanto periodo hist&#243;rico (v. Kocka &lt;i&gt;ut supra&lt;/i&gt;), y en vista de que la novela de formaci&#243;n nace y se desarrolla en el transcurso del mismo, no parece ser correcto buscar su culminaci&#243;n demasiado lejos temporalmente de la Primera Guerra Mundial. &lt;i&gt;Der gr&#252;ne Heinrich&lt;/i&gt; es una novela temprana en este sentido; &lt;i&gt;Die Blechtrommel,&lt;/i&gt; por su parte, est&#225; situada en un contexto hist&#243;rico-intelectual muy posterior (el nazismo, la Segunda Guerra Mundial y la Posguerra). Es en la llamada &lt;i&gt;Modernidad Cl&#225;sica&lt;/i&gt; [Klassische Moderne] (c. a. 1890-1930) que hay que buscar la cr&#237;tica m&#225;s radical y definitiva del modelo narrativo del &lt;i&gt;Bildungsroman&lt;/i&gt;: en novelas como &lt;i&gt;Amerika, Berlin Alexanderplatz&lt;/i&gt; y &#8211;agregamos&#8211; &lt;i&gt;Der Untertan&lt;/i&gt; [El s&#250;bdito], de Heinrich Mann (1906; publ. 1914, 2 meses antes del estallido de la guerra).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Las consideraciones de Luk&#225;cs sobre &lt;i&gt;L'&#233;ducation sentimentale,&lt;/i&gt; en particular, son iluminadoras para comprender el agotamiento del subg&#233;nero &lt;i&gt;novela de educaci&#243;n&lt;/i&gt; (que aqu&#237; llamamos &lt;i&gt;de formaci&#243;n&lt;/i&gt;). El autor de &lt;i&gt;Historia y conciencia de clase&lt;/i&gt; sostiene en su &lt;i&gt;Teor&#237;a de la novela&lt;/i&gt; que la novela (del &lt;i&gt;romanticismo de la desilusi&#243;n&lt;/i&gt;, en particular) es &#8220;un combate contra las potencias del tiempo&#8221; (1971: 133) librado por medio de la &lt;i&gt;resignaci&#243;n&lt;/i&gt;. La idea es que el h&#233;roe debe resignar la &#8220;simple y feliz vida &lt;i&gt;in rem&lt;/i&gt;&#8221;, esto es, la posibilidad de hallar &#8220;el sentido&#8221; en el momento presente de su vida, que s&#243;lo es concebible como una sucesi&#243;n an&#225;rquica de acontecimientos. Esta renuncia, prosigue, se expresa en dos &#8220;vivencias de la temporalidad&#8221;: esperanza y recuerdo (ib&#237;d.: 134), las cuales triunfan sobre el tiempo, en la medida en que proporcionan respectivamente una &#8220;visi&#243;n sin&#243;ptica de la vida como unidad transcurrida &lt;i&gt;ante rem&lt;/i&gt; y [una] captaci&#243;n sin&#243;ptica de esa vida &lt;i&gt;post rem&lt;/i&gt;&#8221; (&#237;d.). Esto es: producen la ilusi&#243;n de abolir la escisi&#243;n entre tiempo interior y mundo; mediante ellos vuelve a imperar, fugazmente, la totalidad &#8211;entendida como una ligaz&#243;n del individuo con su &#8220;patria trascendental&#8221;&#8211;. Se trata, as&#237;, de vivencias &#8220;capaces de aprehender el sentido de la realidad en un mundo privado de Dios&#8221; (ib&#237;d.: 135). Luk&#225;cs encuentra en &lt;i&gt;La educaci&#243;n sentimental&lt;/i&gt; de Flaubert la concreci&#243;n m&#225;s clara de todo esto: esta novela es &#237;ndice del momento hist&#243;rico-intelectual en que la &lt;i&gt;novela de educaci&#243;n&lt;/i&gt; deviene &lt;i&gt;novela del romanticismo de la desilusi&#243;n.&lt;/i&gt; La f&#243;rmula &lt;i&gt;sentido de la vida&lt;/i&gt;, a&#250;n vigente en la primera, aparece puesta en duda en esta &#250;ltima: s&#243;lo perdura ahora en la forma de una &lt;i&gt;subjetividad contemplativa alienada&lt;/i&gt; de la realidad. De modo que la noci&#243;n de &lt;i&gt;educaci&#243;n sentimental&lt;/i&gt; alude en Luk&#225;cs a un abandono resignado, por parte del h&#233;roe, de la realidad socio-hist&#243;rico y a un repliegue desesperado en su interioridad an&#237;mica.&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt; &lt;i&gt;Berlin Alexanderplatz&lt;/i&gt; &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Berlin Alexanderplatz: &#191;L'&#233;ducation sentimentale alemana?&lt;/i&gt; [&lt;a href='#nb5-4' class='spip_note' rel='footnote' title='Berl&#237;n Alexanderplatz, el &#8220;fruto m&#225;s maduro del futurismo berlin&#233;s&#8221; (Muschg (...)' id='nh5-4'&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En su &#8220;Krisis des Romans. Zu D&#246;blins &#8216;Berlin Alexanderplatz'&#8221; [&#8220;Crisis de la novela. Acerca de &lt;i&gt;Berl&#237;n Alexanderplatz&lt;/i&gt;&#8221;] (1930), Walter Benjamin sostiene que &lt;i&gt;Berlin Alexanderplatz&lt;/i&gt; es &#8220;el estadio m&#225;s extremo, vertiginoso, tard&#237;o y radical de la vieja novela de formaci&#243;n burguesa&#8221; (III, 236): en la conversi&#243;n del criminal Franz Biberkopf en peque&#241;oburgu&#233;s asalariado, en hombre promedio, Benjamin vislumbra el agotamiento del subg&#233;nero. Con todo, agrega algo m&#225;s: sostiene lukacsianamente que la novela de D&#246;blin es &#8220;&lt;i&gt;L'&#233;ducation sentimentale&lt;/i&gt; del criminal&#8221;. En este contexto, refiere a los conceptos de &#8220;esperanza&#8221; y &#8220;recuerdo&#8221;, extra&#237;dos de la &lt;i&gt;Teor&#237;a de la novela&lt;/i&gt; de Luk&#225;cs, para aludir a la &lt;i&gt;p&#233;rdida del sentido de la vida&lt;/i&gt; en la biograf&#237;a del h&#233;roe novelesco. &#191;Hay que deducir de las palabras del autor de &lt;i&gt;Calle de direcci&#243;n &#250;nica que Berl&#237;n Alexanderplatz&lt;/i&gt; ocupa la misma posici&#243;n hist&#243;rico-literaria que la pesimista novela de Flaubert? Esta parece ser la estrategia argumentativa de Benjamin. Con todo, es posible preguntarse si esto es correcto, en vista del contenido narrado por la novela vanguardista de la que aqu&#237; se trata.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;Berlin Alexanderplatz y el Bildungsroman&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La obra del psiquiatra Alfred D&#246;blin es el primer &lt;i&gt;Gro&#946;stadtroman&lt;/i&gt; [novela de la gran ciudad] alem&#225;n [&lt;a href='#nb5-5' class='spip_note' rel='footnote' title='Ha sido comparada, en este sentido, con Manhattan Transfer (1925) de John (...)' id='nh5-5'&gt;5&lt;/a&gt;], no es un &lt;i&gt;Bildungsroman&lt;/i&gt;. [&lt;a href='#nb5-6' class='spip_note' rel='footnote' title='Entre otras, por las siguientes razones: 1) que el h&#233;roe, Franz Biberkopf, a (...)' id='nh5-6'&gt;6&lt;/a&gt;] De cualquier modo, guarda cierta relaci&#243;n de parentesco con este &#250;ltimo subg&#233;nero (como advierte l&#250;cidamente el autor de &lt;i&gt;El origen del drama barroco alem&#225;n&lt;/i&gt;); b&#225;sicamente, por el hecho de que problematiza y discute las condiciones en las que se lleva a cabo la &lt;i&gt;integraci&#243;n social&lt;/i&gt; del individuo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;La violencia institucional&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No se verifica en el desarrollo del h&#233;roe ning&#250;n proceso de mejoramiento o maduraci&#243;n gradual, sino m&#225;s bien de &#8220;destrucci&#243;n f&#237;sica y an&#237;mica&#8221; (Jacobs, 1983: 249). No en &#250;ltima instancia esto es as&#237; a causa de la &lt;i&gt;violencia institucional&lt;/i&gt; representada en la novela. En el pasado del presente narrado, Franz Biberkopf ha trabajado honradamente (hay una obsesi&#243;n, a lo largo de la novela, con el &lt;i&gt;trabajo honrado&lt;/i&gt;) como pe&#243;n de alba&#241;il y mozo de cuerda. Antes de eso ha combatido &#8220;por los prusianos en las trincheras&#8221; (2007: 95), durante la Primera Guerra Mundial. En la propia conciencia del h&#233;roe, esta experiencia, as&#237; como la de haber estado cuatro a&#241;os preso, constituyen factores de degradaci&#243;n de su humanidad y de negaci&#243;n de sus posibilidades de llegar a ser feliz (&#8220;Me han hecho polvo. He estado en Tegel a la sombra y por qu&#233;. Primero con los prusianos en las trincheras y luego en [la c&#225;rcel] de Tegel. Ya no soy un ser humano&#8221; [&#237;d.]). Se trata de una violencia institucional sufrida en carne propia: a estas dos experiencias hay que sumar la del manicomio de Buch, al final de la novela (ib&#237;d.: 475ss.). De modo que son tres las instituciones que act&#250;an sobre el h&#233;roe para volverlo socialmente &#250;til: el ej&#233;rcito, la c&#225;rcel y el manicomio. Muy diferente es la suerte de Wilhelm Meister o de Heinrich Lee, por cierto. [&lt;a href='#nb5-7' class='spip_note' rel='footnote' title='Habr&#237;a que incluir dentro de estos razonamientos la cuesti&#243;n del dinero. (...)' id='nh5-7'&gt;7&lt;/a&gt;] La &lt;i&gt;violencia institucional&lt;/i&gt; sufrida por Biberkopf es inherente al sistema, es una suerte de dios perverso al que no pueden sustraerse los diferentes individuos que habitan el &lt;i&gt;milieu&lt;/i&gt; marginal berlin&#233;s. En el &lt;i&gt;Wilhelm Meister&lt;/i&gt;, el episodio de mayor violencia es el del asalto en el que el h&#233;roe resulta gravemente herido: no es menor el detalle de que esta desgracia es explicada en los t&#233;rminos de una casualidad. No parece azaroso, por otro lado, que sean muchos los personajes de &lt;i&gt;Berl&#237;n Alexanderplatz&lt;/i&gt; que son o han sido &#8220;corregidos&#8221; por las instituciones de castigo: adem&#225;s de Franz Biberkopf, est&#225;n, entre otros, la muchacha Emmi (&#8220;tiene ya el reformatorio [&#8230;] a sus espaldas&#8221; [2007: 305]), Pums (ib&#237;d.: 285), el nietzscheano Willi (ib&#237;d.: 339) y el diab&#243;lico Reinhold.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;Nadie en quien confiar&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El concepto de &lt;i&gt;comunidad de destino&lt;/i&gt; [Gemeinschaft des Schicksals], elaborado por Luk&#225;cs en &lt;i&gt;Teor&#237;a de la novela&lt;/i&gt;, permite entender la &lt;i&gt;falta de sentido de la vida&lt;/i&gt; como la carencia de una comunidad de hombres y mujeres en la que el h&#233;roe pueda integrarse de un modo satisfactorio (es decir, de una forma tal que implique un mutuo mejoramiento).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;M&#225;s all&#225; de que se trate de un criminal m&#225;s o menos arrepentido, el rasgo de car&#225;cter m&#225;s importante de Franz Biberkopf es la &lt;i&gt;ingenuidad&lt;/i&gt; (la Muerte se lo hace ver en el manicomio: &#8220;eres un aborto con alucinaciones (&#8230;). El mundo necesita a otros tipos que no sean como t&#250;, m&#225;s inteligentes y menos insolentes, que vean c&#243;mo son las cosas, no de az&#250;car, sino de az&#250;car y mierda, todo mezclado&#8221; [ib&#237;d.: 491]). Hay varios episodios en los que, ingenuamente, el h&#233;roe procura establecer una relaci&#243;n de amistad, de confianza, con otros personajes, y sufre un desenga&#241;o.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;a) &lt;i&gt;Otto L&#252;ders&lt;/i&gt;. Le cuenta a L&#252;ders, t&#237;o de su novia Lina y socio suyo como vendedor de cordones de zapatos, que ha conocido a una viuda que le ha pagado a cambio de sexo (ib&#237;d.: 166ss.). L&#252;ders no s&#243;lo no comparte la felicidad de su colega, sino que, con intenciones ambiguas, se anuncia en lo de la viuda como socio de Biberkopf y roba en su casa. El resultado es que el h&#233;roe del relato pierde todo tipo de v&#237;nculo con la mujer y, para olvidar el frustrante episodio, se entrega al alcohol (ib&#237;d.: 169s.). Franz, con todo, revela ser &#8220;fuerte como una serpiente cobra&#8221; y logra reprimir la violencia que ha generado en su interior la traici&#243;n de L&#252;ders (&#8220;Diosdiosdi&#243;s, oye d&#233;jalo estar, hay que dominarse, canalla, no hay que ponerle a nadie la mano encima, ya hemos estado una vez en Tegel&#8221; [Ib&#237;d.: 190]).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;b) &lt;i&gt;Minna y Karl&lt;/i&gt;. Biberkopf cree que Minna y Karl (hermana y cu&#241;ado de la difunta Ida) no pueden guardarle rencor por el pasado (&#233;l no se siente asesino de su novia). Karl le muestra cu&#225;n equivocado est&#225; en su an&#225;lisis de la situaci&#243;n, lo trata de asesino y lo echa de su casa (ib&#237;d.: 220).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;c) &lt;i&gt;Pums, el vendedor de fruta&lt;/i&gt;. Desde que conoce a Pums (ib&#237;d.: 234), que es l&#237;der de una banda de delincuentes, hasta que se da cuenta de que est&#225; participando involuntariamente en un asalto (ib&#237;d.: 269), el h&#233;roe est&#225; convencido ingenuamente de que aquel es vendedor de fruta. En este episodio no s&#243;lo queda en claro la &lt;i&gt;ingenuidad extrema&lt;/i&gt; de Biberkopf, sino tambi&#233;n la &lt;i&gt;opacidad de los otros&lt;/i&gt;. Todos ocultan cosas, no hay nadie en quien confiar.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;d) &lt;i&gt;Reinhold.&lt;/i&gt; En un episodio estructuralmente similar al de L&#252;ders (confianza-desenga&#241;o), ya recuperado de la p&#233;rdida del brazo (el bestial Reinhold lo ha arrojado del autom&#243;vil) y convertido concientemente en delincuente, Biberkopf vuelve a confiar ingenuamente en Reinhold y le habla acerca de lo feliz que es con su nueva novia, Mieze, aun a sabiendas del tipo de visi&#243;n enfermiza que este &#250;ltimo tiene de las mujeres (mucho antes, Reinhold le hab&#237;a confesado que las mujeres &#8220;lo perd&#237;an&#8221; [ib&#237;d.: 242]): &#8220;Y empiezan a hablar de mujeres y Franz le habla de la Mieze, que se llamaba antes Sonja, gana su dinerito, y es una buena chica. Reinhold piensa entonces: eso est&#225; bien, se la quitar&#233; y luego lo llenar&#233; de mierda hasta aqu&#237;&#8221; (ib&#237;d.: 359). Mas Biberkopf no se limita a contarle a este acerca de su novia, sino que incluso lo invita a ocultarse en su casa para que pueda verla (ib&#237;d.: 390s.). El resultado de esta suma de errores del bienintencionado h&#233;roe, que no comprende la verdadera naturaleza animal de Reinhold, es que este, m&#225;s tarde, seduce a Mieze, trata de violarla, y ante la resistencia de esta (que ama fielmente a Biberkopf), la asesina.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;&#191;Saber mantenerse (ser honrado) o sacrificarse?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;Saber mantenerse&lt;/i&gt; (o &lt;i&gt;ser honrado&lt;/i&gt;), primero, y &lt;i&gt;sacrificarse,&lt;/i&gt; despu&#233;s, son las dos claves de la integraci&#243;n social: la primera resulta falsa; la segunda, verdadera. Se trata de dos &lt;i&gt;Leitmotive&lt;/i&gt; que atraviesan toda la novela y constituyen &lt;i&gt;a priori&lt;/i&gt; un factor de distanciamiento respecto de la novela de formaci&#243;n &lt;i&gt;goetheana:&lt;/i&gt; el motivo resignado de &lt;i&gt;saber mantenerse&lt;/i&gt; guarda a&#250;n cierta relaci&#243;n con el tipo de novelas de formaci&#243;n posgoetheanas (pi&#233;nsese sobre todo en la segunda versi&#243;n de &lt;i&gt;Der gr&#252;ne Heinrich&lt;/i&gt;); el motivo del &lt;i&gt;sacrificio&lt;/i&gt; del individuo y de la raz&#243;n, por el contrario, son nuevos en la tradici&#243;n subgen&#233;rica. En este t&#243;pico es posible encontrar, as&#237;, la cr&#237;tica m&#225;s radical a la ideolog&#237;a de la &lt;i&gt;Bildung&lt;/i&gt; ilustrada y clasicista.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El motivo del &lt;i&gt;sacrificio&lt;/i&gt; prevalece por sobre el de &lt;i&gt;saber mantenerse.&lt;/i&gt; El propio D&#246;blin lo explicita en su ep&#237;logo a la edici&#243;n de 1955. El autor explica all&#237; que al salir el berlin&#233;s Biberkopf de la c&#225;rcel, las opciones eras s&#243;lo dos: que &#8220;uno de los dos resulta[r]a destruido, Berl&#237;n o Franz Biberkopf. Y como Berl&#237;n sigui&#243; siendo lo que era, al penado se le ocurri&#243; cambiar. El tema interno es, por lo tanto que hay que sacrificarse, ofrecerse a s&#237; mismo en sacrificio&#8221;. Al final de la novela, elucida D&#246;blin, &#8220;el sacrificio se ha consumado silenciosamente. (&#8230;) [A]h&#237; est&#225;, como portero de f&#225;brica, vivo aunque averiado, la vida lo ha zarandeado poderosamente&#8221; (ib&#237;d.: 48).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El &lt;i&gt;sacrificio&lt;/i&gt; comienza a consumarse cuando Biberkopf se entera por los peri&#243;dicos de que Mieze ha sido asesinada (as&#237; como de que &#233;l es el principal sospechoso). La &lt;i&gt;identidad,&lt;/i&gt; la &lt;i&gt;conciencia de s&#237;&lt;/i&gt; del h&#233;roe se hace a&#241;icos. &#8220;Franz camina a pasitos y lo sabe: mi vida no es ya m&#237;a. No s&#233; lo que tengo que hacer ahora, pero Franz Biberkopf se ha acabado y ha llegado al fin&#8221; (ibid.: 455). Acto seguido, se entrega absurdamente a la polic&#237;a; &#8220;ha renunciado, ha maldecido de su vida&#8221; (ib&#237;d.: 466s.). La Muerte, en un di&#225;logo alucinatorio en el manicomio, infunde en &#233;l el &lt;i&gt;sentimiento de culpa,&lt;/i&gt; y lo trata de est&#250;pido e idealista (ib&#237;d.: 492ss.). Tiene lugar entonces la muerte simb&#243;lica del h&#233;roe, y su renacimiento en calidad de &lt;i&gt;hombre nuevo&lt;/i&gt; (ib&#237;d.: 499).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La recuperaci&#243;n de la libertad va acompa&#241;ada de un cambio de nombre (&#191;de una p&#233;rdida de identidad?): el h&#233;roe se llama ahora Franz Karl Biberkopf y trabaja &#8220;de portero auxiliar en una f&#225;brica de mediano tama&#241;o&#8221; (ib&#237;d.: 510). Sus tareas consisten en &#8220;anotar[r] los n&#250;meros, controla[r] los veh&#237;culos, [fijarse] en qui&#233;n entra y qui&#233;n sale&#8221; (ib&#237;d.: 511). Esta nueva posici&#243;n en la sociedad, con todo, es el corolario de un cambio al nivel de la conciencia del h&#233;roe. Este &lt;i&gt;ya no piensa por s&#237; mismo:&lt;/i&gt; ha dejado de hacer uso responsable y aut&#243;nomo de su raz&#243;n. Biberkopf ha sido, a lo largo de toda su vida, un individualista radical; [&lt;a href='#nb5-8' class='spip_note' rel='footnote' title='V&#233;ase su discusi&#243;n con el obrero anarquista, en el transcurso de la cual la (...)' id='nh5-8'&gt;8&lt;/a&gt;] ahora decide integrarse al colectivo, de forma extrema tambi&#233;n. Esto se verifica en los pensamientos (&#191;De qui&#233;n? &#191;Del h&#233;roe? &#191;Del narrador? &#191;De la masa?) citados al final de la novela: &#8220;Muchas desgracias ocurren cuando se va solo&#8221;; &#8220;&#191;qu&#233; es entonces el Destino? Solo, es m&#225;s fuerte que yo. Si somos dos, ya es m&#225;s dif&#237;cil ser m&#225;s fuerte que yo. Si somos diez, m&#225;s dif&#237;cil a&#250;n. Y si somos mil o un mill&#243;n, es dificil&#237;simo&#8221; (ib&#237;d.: 511). El paso marcial del final contribuye a pensar que colectivizaci&#243;n del individuo y p&#233;rdida de la identidad coinciden en el desenlace (Jacobs, 1983: 250ss.). El supuesto final ut&#243;pico est&#225;, en realidad, te&#241;ido de escepticismo: la incorporaci&#243;n de Biberkopf al conjunto social va acompa&#241;ada de la idea de que el proceso de formaci&#243;n-integraci&#243;n satisfactoria ha fracasado (&#8220;al hombre se le ha dado la Raz&#243;n, los burros, en cambio, se integran en una corporaci&#243;n&#8221; [2007: 511]). Muy lejos ha quedado el &lt;i&gt;equilibrio&lt;/i&gt; que caracteriza la conclusi&#243;n de los &lt;i&gt;Lehrjahre&lt;/i&gt; goetheanos. La &lt;i&gt;violencia institucional,&lt;/i&gt; de un lado, y la inexistencia de &lt;i&gt;comunidad de destino&lt;/i&gt; alguna (aquellos en los que el h&#233;roe conf&#237;a ciegamente son en realidad desconocidos para &#233;l; la conciencia de los otros es opaca para el sujeto) conducen a un tipo de integraci&#243;n y de superaci&#243;n de los conflictos individuales que es insatisfactoria porque supone la p&#233;rdida de la identidad y de la autonom&#237;a individuales. El precio de la integraci&#243;n es la &lt;i&gt;desaparici&#243;n de la personalidad&lt;/i&gt; (Kracauer 2006: 265). La masa reemplaza a la goetheana &lt;i&gt;comunidad de destino.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;El aut&#233;ntico aporte de Benjamin&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Berlin Alexanderplatz&lt;/i&gt; no es una &lt;i&gt;novela de formaci&#243;n&lt;/i&gt;. Sin embargo, conserva un parentesco estructural y tem&#225;tico con ella. Puede ser entendida como una radicalizaci&#243;n esc&#233;ptica del motivo de la integraci&#243;n social del h&#233;roe &#8211;que es un factor central e ineludible en el subg&#233;neto&#8211;. M&#225;s aun: como una exacerbaci&#243;n de cierto pesimismo presente ya en novelas del Realismo po&#233;tico como &lt;i&gt;Der gr&#252;ne Heinrich&lt;/i&gt; e (impl&#237;citamente) &lt;i&gt;Der Nachsommer&lt;/i&gt; [El veranillo de San Mart&#237;n] (1856). La posibilidad de entender la futurista novela de D&#246;blin de este modo se la debemos a Benjamin. [&lt;a href='#nb5-9' class='spip_note' rel='footnote' title='Esto es lo que no logra ver Jacobs, quien rechaza sin m&#225;s la pertenencia de (...)' id='nh5-9'&gt;9&lt;/a&gt;] Tambi&#233;n es importante su aporte a los fines de poder defender la tesis de que el &lt;i&gt;Bildungsroman&lt;/i&gt; es un subg&#233;nero hist&#243;rico, ya acabado (como muy tarde en el contexto de los a&#241;os anteriores y posteriores a la Primera Guerra Mundial). De cualquier modo, creemos que su tesis de que esta novela berlinesa constituye &lt;i&gt;L'&#233;ducation sentimental&lt;/i&gt; del criminal es incorrecta: supone pensar que la historia de Franz Biberkopf puede ser analizada desde la perspectiva del lukacsiano &lt;i&gt;romanticismo de la desilusi&#243;n.&lt;/i&gt; La tendencia en Alemania, en lo que respecta a las novelas que pensamos como &#250;ltimo estadio del desarrollo del &lt;i&gt;Bildungsroman (Der Untertan, Amerika, Berlin Alexanderplatz&lt;/i&gt; et. al.), no parece ser tanto que los h&#233;roes crean un mundo interior alienado respecto de la realidad, sino la &lt;i&gt;demonizaci&#243;n&lt;/i&gt; de la sociedad en la que estos se ven obligados a integrarse. No parece tratarse de una cuesti&#243;n menor, sino de un rasgo anticipatorio en t&#233;rminos hist&#243;ricos (lo cual, a su vez, permite pensar que &lt;i&gt;Die Blechtrommel,&lt;/i&gt; por poner un ejemplo, no es sino un nuevo relato cr&#237;tico de una tendencia que ya hab&#237;a sido advertida mucho antes: la novela de Grass es demasiado tard&#237;a como para postular que el subg&#233;nero concluye con ella).&lt;/p&gt; &lt;hr class=&quot;spip&quot; /&gt;
&lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Bibliograf&#237;a&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Fuentes&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;D&#246;blin, Alfred (2007), &lt;i&gt;Berl&#237;n Alexanderplatz.&lt;/i&gt; Ed. y trad. de Miguel S&#225;enz. Madrid, C&#225;tedra.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Bibliograf&#237;a secundaria&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Benjamin, Walter, (1972) &#8220;Krisis des Romans. Zu D&#246;blins Berlin Alexanderplatz&#8221;. En: &lt;i&gt;Gesammelte Werke&lt;/i&gt; III. Suhrkamp, Fr&#225;nkfort d.M., pp. 230-236.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Jacobs, J&#252;rgen (1983 [1&#170; ed. en al. 1972]), &lt;i&gt;Wilhelm Meister und Seine Br&#252;der. Untersuchungen zum deutschen Bildungsroman&lt;/i&gt;. M&#250;nich: Wilhelm Fink.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Jauss, Hans Robert (1989), &#8220;The Literary Process of Modernism. From Rousseau to Adorno&#8221;. En: &lt;i&gt;Cultural Critique&lt;/i&gt; 11: 23-61.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Kocka, J&#252;rgen (1995), &#8220;The Middle Classes in Europe&#8221;. En: &lt;i&gt;The Journal of Modern History&lt;/i&gt; 67/4: 783-806.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Kracauer, Siegfried (2006 [1&#170; ed. en al. 1926]), &#8220;El ornamento de la masa&#8221;. En: &lt;i&gt;Est&#233;tica sin territorio&lt;/i&gt;. Ed. y trad. de Vicente Jarque. Cajamurcia, Valencia, pp. 257-274.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Luk&#225;cs, Gy&#246;rgy (1971), &lt;i&gt;Teor&#237;a de la novela.&lt;/i&gt; Trad. Manuel Sacrist&#225;n. Edhasa, Barcelona.
Mayer, Gerhart (1974), &#8220;Zum deutschen Antibildungsroman&#8221;. En: &lt;i&gt;Jahrbuch der Raabe-Gesellschaft:&lt;/i&gt; 41-64.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Muschg, Walter (2007), &#8220;Ep&#237;logo del editor alem&#225;n&#8221;. En: D&#246;blin, Alfred, &lt;i&gt;op. cit.&lt;/i&gt;, pp. 51-70.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Neumann, Gerhard (1985), &#8220;Der Wanderer und der Verschollene. Zum Problem der Identit&#228;t in Goethes &lt;i&gt;Wilhelm Meister&lt;/i&gt; und in Kafkas &lt;i&gt;Amerika&lt;/i&gt;-Roman&#8221;. En: Stern, J. P. y J.J. White (eds.), &lt;i&gt;Paths and Labyrinths.&lt;/i&gt; Nine Papers read at the Franz Kafka Symposium held at the Institute of Germanic Studies on 20 and 21 October 1983. London, University of London, pp. 43-65.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;p&gt;[&lt;a href='#nh5-1' id='nb5-1' class='spip_note' title='Notas 5-1' rev='footnote'&gt;1&lt;/a&gt;] &#8220;&#191;C&#243;mo puede la educaci&#243;n est&#233;tica tener lugar si la historia ya no es un protector sino un oponente?&#8221;, se pregunta Jauss (1989: 47), suponiendo que en Keller, a diferencia de Goethe, la historia configurada en las obras es contingente. De este modo este cr&#237;tico da a entender que la novela de formaci&#243;n es un subg&#233;nero espec&#237;ficamente acotado al Clasicismo alem&#225;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh5-2' id='nb5-2' class='spip_note' title='Notas 5-2' rev='footnote'&gt;2&lt;/a&gt;] V. su &lt;i&gt;Teor&#237;a de la novela.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh5-3' id='nb5-3' class='spip_note' title='Notas 5-3' rev='footnote'&gt;3&lt;/a&gt;] La p&#233;rdida de identidad (y del nombre) como negaci&#243;n del modelo goetheano de constituci&#243;n de una subjetividad por parte de Karl Ro&#946;man al final de Am&#233;rica es, seg&#250;n Neumann, el extremo m&#225;s radical al que puede llegar el Bildungsroman, con lo cual se cierra el subg&#233;nero en un sentido hist&#243;rico (1985: 45s.).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh5-4' id='nb5-4' class='spip_note' title='Notas 5-4' rev='footnote'&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;i&gt;Berl&#237;n Alexanderplatz,&lt;/i&gt; el &#8220;fruto m&#225;s maduro del futurismo berlin&#233;s&#8221; (Muschg 2007: 52), narra unos dos a&#241;os de la vida de Franz Biberkopf despu&#233;s de salir de la c&#225;rcel, donde ha pasado cuatro a&#241;os por haber asesinado a Ida, su ex novia. Decidido a ser honrado cueste lo que cueste, se gana la vida como vendedor ambulante (entre medio, con todo, viola a la hermana de Ida, entre otras cosas). Pero un fuerte disgusto con un tal L&#252;ders &#8211;este personaje le quita brutalmente una viuda con quien se sent&#237;a a gusto y a quien ofrec&#237;a sexo a cambio de dinero&#8211;, a quien entretanto ha conocido, le hace perder sus estribos en el alcohol. Sin quererlo realmente se involucra con una banda de delincuentes liderada por el mafioso Pums. Reinhold, uno de los esbirros de este &#250;ltimo, arroja del auto (en el que escapan una noche luego de un asalto) a Franz para deshacerse de &#233;l (ya que sospecha de su ingenuidad), este es arrollado por otro veh&#237;culo y pierde el brazo derecho. Ya recuperado y en pareja con la muy joven Sonja (a quien rebautiza como Mieze), una chica de la calle, quien lo ama sinceramente, decide dedicarse concientemente al crimen organizado, pues entrev&#233; que la honradez y el trabajo no conducen a nada en la vida. En un acto del que luego se arrepiente, se jacta de su relaci&#243;n con la bella Mieze ante el duro de Reinhold, quien sospecha nuevamente de la ingenuidad de Franz (piensa que no lo ha perdonado por haberlo arrojado del auto y por haber perdido en consecuencia su brazo), seduce a la muchacha y, en vista de que esta procura mantenerse fiel a Biberkopf, la asesina. Reinhold culpa por el crimen a este &#250;ltimo, por lo que el h&#233;roe se ve obligado a andar de inc&#243;gnito. Pero abatido por las circunstancias y el Destino, y entendiendo que en parte es culpable de la muerte de Mieze, se entrega: balea a un polic&#237;a y su identidad es descubierta. Es internado en un manicomio, en donde sufre una experiencia alucinatoria en la que dialoga con la Muerte y con sus amantes muertas. A duras penas no muere: renace y se convierte. Se cambia el nombre (en realidad se a&#241;ade el segundo nombre Karl) y obtiene un trabajo como portero auxiliar de una f&#225;brica. Al final, en un giro inesperado, se alude, no sin iron&#237;a, a la utop&#237;a de lo colectivo: Franz entiende que s&#243;lo diluyendo su subjetividad en el colectivo, perdiendo su individualidad, dejando de lado su raz&#243;n, su independencia, es posible encontrar un sentido en la vida.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh5-5' id='nb5-5' class='spip_note' title='Notas 5-5' rev='footnote'&gt;5&lt;/a&gt;] Ha sido comparada, en este sentido, con &lt;i&gt;Manhattan Transfer&lt;/i&gt; (1925) de John Dos Passos (Jacobs 1983: 248), autor del que D&#246;blin toma, en efecto, muchos elementos. Otra influencia central es la de la novela &lt;i&gt;Ulysses&lt;/i&gt; (1918/1920) de James Joyce.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh5-6' id='nb5-6' class='spip_note' title='Notas 5-6' rev='footnote'&gt;6&lt;/a&gt;] Entre otras, por las siguientes razones: 1) que el h&#233;roe, Franz Biberkopf, a diferencia de los h&#233;roes tradicionales de las novelas de formaci&#243;n (pi&#233;nsese en Agathon, Wilhelm Meister o Heinrich Lee), no es &#8220;problem&#225;tico&#8221;, en el sentido de que no experimenta una escisi&#243;n entre su &lt;i&gt;mundo interior&lt;/i&gt; y el mundo objetivo exterior (cuya sutura, en los mundos narrados de Wieland, Goethe, Keller et. al. se lleva a cabo por medio de un proceso de maduraci&#243;n). Franz act&#250;a sin m&#225;s (sale de la prisi&#243;n, tiene diferentes trabajos como vendedor ambulante, se prostituye, se enamora una y otra vez, vuelve a delinquir, etc.), sin consideraci&#243;n moral alguna, la realidad no es un &#8220;problema&#8221; para &#233;l (Jacobs 1983: 250). Como sostiene Muschg: &#8220;[Franz Biberkopf] vive en una armon&#237;a con su entorno, no hay para &#233;l nada interno ni externo. El mundo lo llena por completo, su alma est&#225; en &#233;l, apenas tiene un perfil personal&#8221; (2007: 57); 2) que el h&#233;roe es un criminal y proviene de un &lt;i&gt;milieu&lt;/i&gt; proletario (los h&#233;roes tradicionales son burgueses, pertenecen a la clase media acomodada [Wilhelm Meister] o a la peque&#241;a burgues&#237;a [Heinrich Lee]) (&#237;d.); 3) que no hay un proceso de mejoramiento y maduraci&#243;n gradual del h&#233;roe, sino, por el contrario, de &#8220;destrucci&#243;n f&#237;sica y an&#237;mica&#8221; (ib&#237;d.: 249); 4) que el &lt;i&gt;mandato paterno&lt;/i&gt; no desempe&#241;a rol alguno; 5) que el modo de la representaci&#243;n narrativa difiere grandemente del de los &lt;i&gt;Bildungsromane&lt;/i&gt;: el mon&#243;logo interior, el montaje, el estilo indirecto libre, entre otras cosas, rompen con las pretensiones de progresiva racionalidad y conciencia de s&#237; que est&#225;n en la base del &#8220;proyecto&#8221; &lt;i&gt;Bildungsroman.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh5-7' id='nb5-7' class='spip_note' title='Notas 5-7' rev='footnote'&gt;7&lt;/a&gt;] Habr&#237;a que incluir dentro de estos razonamientos la cuesti&#243;n del dinero. Franz Biberkopf y muchos otros personajes pertenecen a un &lt;i&gt;milieu&lt;/i&gt; marginal: muchos personajes, y muy en especial el h&#233;roe, se debaten entre el trabajo honrado a cambio de muy poco dinero, de un lado, y el delito, del otro. La historia del miserable carpintero Paul Gerner, que roba por necesidad y va a la c&#225;rcel, es ejemplar en este sentido. La novela pone en escena un c&#237;rculo vicioso que conduce de la pobreza a la prisi&#243;n y de all&#237; a la estandarizaci&#243;n social por medio de la violencia institucional.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh5-8' id='nb5-8' class='spip_note' title='Notas 5-8' rev='footnote'&gt;8&lt;/a&gt;] V&#233;ase su discusi&#243;n con el obrero anarquista, en el transcurso de la cual la ideolog&#237;a colectivista de este &#250;ltimo, basada en la noci&#243;n de &lt;i&gt;solidaridad,&lt;/i&gt; contrasta con el individualismo exacerbado de Biberkopf (ib&#237;d.: 332; v. tmb p. 348).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;[&lt;a href='#nh5-9' id='nb5-9' class='spip_note' title='Notas 5-9' rev='footnote'&gt;9&lt;/a&gt;] Esto es lo que no logra ver Jacobs, quien rechaza sin m&#225;s la pertenencia de &lt;i&gt;Berl&#237;n Alexanderplatz&lt;/i&gt; al subg&#233;nero novel&#237;stico, dejando as&#237; de lado la importante constataci&#243;n de Benjamin (que cita en nota al pie) (&#8220;&lt;i&gt;Berlin Alexanderplatz&lt;/i&gt; [&#8230;] no es una recuperaci&#243;n o continuaci&#243;n del &lt;i&gt;Bildungsroman&lt;/i&gt;. Los paralelismos estructurales con este modelo, reconocibles en el libro de D&#246;blin, no alcanzan para entenderlo en un sentido significativo como el ejemplo de una nueva variante, moderna, del tipo novel&#237;stico tradicional&#8221; [1983: 251]).&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Tetragramat&#243;n revisitado</title>
		<link>http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article38</link>
		<guid isPermaLink="true">http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?article38</guid>
		<dc:date>2012-02-26T22:15:00Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Ezequiel Vila</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Sobre la &lt;i&gt;Introducci&#243;n a la narratolog&#237;a&lt;/i&gt; de Mat&#237;as Mart&#237;nez y Michael Scheffel.&lt;/p&gt;

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&lt;a href="http://www.revistaluthor.com.ar/spip.php?rubrique10" rel="directory"&gt;8&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Introducci&#243;n a la Introducci&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A fines del a&#241;o pasado se edit&#243; por primera vez en castellano &lt;i&gt;Introducci&#243;n a la narratolog&#237;a. Hacia un modelo anal&#237;tico-descriptivo de la narraci&#243;n ficcional&lt;/i&gt; (ed. Las Cuarenta) de Mat&#237;as Mart&#237;nez y Michael Scheffel, ambos profesores de la universidad de Wuppertal (Alemania) y miembros del Centro de Investigaciones Narratol&#243;gicas que all&#237; funciona. El texto, originalmente publicado en Alemania en 1999 y actualizado en sus posteriores reediciones hasta 2010, mezcla para nosotros el sabor de lo ex&#243;tico y lo conocido. Desde el inesquivable G&#233;rard Genette a nuestro caro Lubom&#237;r Dole&#382;el pasando por un mosaico de variopintos te&#243;ricos alemanes, ingleses y norteamericanos, el libro ofrece una oportunidad inmejorable para repasar las bases y conocer nuevas perspectivas de un campo a veces olvidado en el &#225;mbito de los estudios literarios.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Hemos mencionado en otras ocasiones la diferencia de nuestro medio local respecto de la importancia que se le sigue dando a estos temas en otros lugares del mundo, fundamentalmente en Estados Unidos, en donde t&#233;rminos como &lt;i&gt;plot/story&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;flashback&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;suspension of disbelief &lt;/i&gt; son de uso extendido, no ya en disertaciones acad&#233;micas sino en los debates v&#237;a foros entre aficionados de cualquier serie televisiva o historieta. No es casualidad que el monstruo narratol&#243;gico que es TvTropes haya podido gestarse a partir de un sitio de fans de &lt;i&gt;Buffy, the vampire slayer&lt;/i&gt;. Si bien el panorama alem&#225;n parece distar de esta situaci&#243;n (aunque tambi&#233;n habr&#237;a que objetar la exclusividad anglosajona de estas comunidades online angloparlantes, pobladas de hablantes no nativos) Mart&#237;nez y Scheffel rescatan una tradici&#243;n de estudios narratol&#243;gicos internacionales y germanos y podemos suponer que ellos mismos dan un paso importante a ese respecto con este volumen.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por otra parte, la edici&#243;n de este libro por parte de Las Cuarenta aqu&#237; y ahora es afortunada en cuanto la presencia de materiales similares es casi nula. De los viejos libros de Genette apenas quedan unos cuantos ejemplares en alg&#250;n instituto perdido del edificio de 25 de Mayo; hace a&#241;os que la compilaci&#243;n &lt;i&gt;Analisis estructural del relato&lt;/i&gt;, un libro fundamental que re&#250;ne textos del estructuralismo temprano, circula &#250;nicamente (y, vale agregar, afortunadamente) en fotocopias o digitalizado; la recomendable &lt;i&gt;Introducci&#243;n a la narratolog&#237;a&lt;/i&gt; de Mieke Bal todav&#237;a es conseguible pero a un precio exorbitante para sus magras 150 p&#225;ginas. A&#250;n conociendo estos referentes la propuesta de Mart&#237;nez y Scheffel no carece de valor, a continuaci&#243;n me referir&#233; a algunos de sus puntos m&#225;s altos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Nomenclatura&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Quiz&#225;s uno de los inconvenientes m&#225;s irritantes de las herramientas narratol&#243;gicas pueda explicarse por analog&#237;a a la siguiente historieta:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_15 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;a href=&quot;http://xkcd.com/927/&quot; class=&quot;spip_out&quot;&gt;&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/local/cache-vignettes/L500xH283/standards-d5bc3.png' width='500' height='283' alt=&quot;&quot; style='height:283px;width:500px;' /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div id=&quot;referencia&quot;&gt;Fuente: XKCD&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Existen demasiados estudios que se ocupan de objetos similares en pleno desconocimiento uno de otro, tampoco suele haber una preeminencia clara de alguno de ellos en determinados &#225;mbitos acad&#233;micos. Mart&#237;nez y Scheffel aluden espec&#237;ficamente a este problema en el Pr&#243;logo cuando dicen sobre la narratolog&#237;a que:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;(...)ha llegado a establecerse como una de las pocas disciplinas b&#225;sicas de la teor&#237;a literaria -junto a la m&#233;trica, la ret&#243;rica y la estil&#237;stica-, pero, por otro lado, no ha producido hasta el d&#237;a de hoy conceptos unitarios, ni se ha sistematizado convincentemente. (Mart&#237;nez y Scheffel, 2011:13)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Una de las tentativas m&#225;s claras en direcci&#243;n a este prop&#243;sito en la &lt;i&gt;Introducci&#243;n...&lt;/i&gt; es el cruce de categor&#237;as similares o id&#233;nticas que realizan los autores y la correspondiente contextualizaci&#243;n. Uno de los ejemplos m&#225;s claros se observa en el caso de los niveles de la narraci&#243;n, tomando como punto de partida el trabajo de Genette (algo que ser&#225; una constante a lo largo de todo el libro) Mart&#237;nez y Scheffel pasan a recuperar algunas categor&#237;as cl&#225;sicas y muy difundidas para despu&#233;s proponer una estructura que las englobe a todas. Esta informaci&#243;n queda volcada en un cuadro comparativo, que aqu&#237; reproduzco parcialmente:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_17 spip_documents spip_documents_center'&gt;
&lt;img src='http://www.revistaluthor.com.ar/IMG/png/tablamys.png' width='500' height='339' alt=&quot;&quot; style='height:339px;width:500px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Alcanza con ver la distribuci&#243;n del t&#233;rmino &#8220;historia&#8221; (y sus equivalentes) a lo largo de las seis columnas para entender las complicaciones que pueden surgir del di&#225;logo entre dos marcos te&#243;ricos narratol&#243;gicos quiz&#225;s similares. Si bien el problema de la unificaci&#243;n del c&#243;digo no queda resuelto, esta tabla de equivalencias ayuda a aclarar un poco el panorama y establece, no un standard, pero s&#237; un punto de comparaci&#243;n. Si bien esta tabla configura un caso extremo, no es tambi&#233;n un caso aislado: el texto establece estas identidades con frecuencia.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Como consecuencia de esta preocupaci&#243;n por la nomenclatura de los conceptos, Mart&#237;nez y Scheffel de alg&#250;n modo no dejan de historizar el derrotero de la disciplina, o al menos hacer un relato a partir de ciertas paradas obligadas, algo que ciertamente resulta dif&#237;cil de hallar en manuales de este estilo y que es especialmente &#250;til para quien se acerca por primera vez a la materia y no dispone de la competencia para separar las contribuciones cl&#225;sicas de reformulaciones o embates rupturistas. Ayuda a completar este cuadro el vasto apartado de referencias bibliogr&#225;ficas y el &#237;ndice de temas y autores que acompa&#241;an esta edici&#243;n. Es cierto que la contracara para este &#8220;salpic&#243;n&#8221; de teor&#237;as es que la mayor&#237;a de las veces el desarrollo conceptual de cada categor&#237;a y su puesta en funcionamiento en ejemplos carece de la profundidad y la insistencia de otros trabajos. Por ejemplo, la categor&#237;a de &#8220;focalizaci&#243;n&#8221; que en la &lt;i&gt;Introducci&#243;n a la narratolog&#237;a&lt;/i&gt; de Mieke Bal ocupa unas doce p&#225;ginas, en este estudio ocupa tan solo seis.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Ontolog&#237;a&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Otro de los elementos que distingue este libro de la mayor&#237;a de sus predecesores es el que se presenta en el primer cap&#237;tulo. Antes de ingresar a la pregunta por los niveles de la narraci&#243;n, antes de ingresar en los entuertos del tiempo y el espacio, antes de discutir los diferentes tipos de focalizadores y narradores, Mart&#237;nez y Scheffel se ocupan de un interrogante mucho m&#225;s primario: &#191;qu&#233; es la narraci&#243;n? Los autores ensayan algunas respuestas que los obligan a diferenciar dos tipos de narraciones: aquellas que componen relatos factuales y aquellas que componen relatos ficcionales. Los relatos factuales son aquellos que se narran en el marco del discurso cotidiano, sean reales o inventados. Los relatos ficcionales, en cambio, se narran en el marco del discurso po&#233;tico y escapan a cualquier tipo de correspondencia con nuestro mundo.
Mart&#237;nez y Scheffel hacen &#233;nfasis especialmente en la imposibilidad de que un discurso ficcional sea falso. Los objetos del discurso ficcional no se corresponden con los objetos del discurso factual:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;(...) para que pueda desplegar su efecto, tenemos que entender su discurso como el discurso aut&#233;ntico (aunque ficticio) de un hablante determinado (aunque ficticio) que no se refiere a la nada, sino a objetos determinados (aunque, en parte, ficticios). (Mart&#237;nez y Scheffel, 2011: 26-27)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Sobre este fundamento reposa el libro entero: los relatos ficcionales son parte de una doble comunicaci&#243;n. Por un lado, tiene lugar con ellos una situaci&#243;n comunicativa real entre un autor real y un lector real; pero dentro de &#233;sta hay una segunda situaci&#243;n comunicativa, imaginaria, en la que un narrador ficticio se dirige a un oyente/lector ficticio. Esta idea, deudora de las propuestas de Wayne Booth, permite aseverar que el autor real produce afirmaciones reales pero inaut&#233;nticas que al mismo tiempo son aut&#233;nticas pero imaginarias para el narrador ficticio.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;M&#225;s adelante, Mart&#237;nez y Scheffel discutir&#225;n a este respecto con las corrientes de narrativas de mundos posibles (Dole&#382;el, Pavel, Ryan). All&#237; se argumenta que al otorgarle a la ficci&#243;n un estatuto ontol&#243;gico diferente, la integraci&#243;n con el mundo del lector resulta menos compleja que en el caso de las narrativas de mundos posibles, las cuales entienden a la ficci&#243;n como la afirmaci&#243;n de otra factualidad posible. El choque entre estas perspectivas parece cuando menos interesante, aunque lamentablemente la confrontaci&#243;n se abandona con poco detalle. Sin embargo, es un ejemplo de utilidad para comprender el aporte de un problema puramente te&#243;rico, en un nivel elemental, a un estudio anal&#237;tico-descriptivo. El libro no se conforma con la compilaci&#243;n de corrientes diversas sino que se encarga de defender una postura te&#243;rica bajo la cual probar, incorporar o desechar aportes de diferentes sectores de la teor&#237;a literaria.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Interdisciplina&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Una cr&#237;tica que esta obra puede admitir tranquilamente es la del eclecticismo. Como mencionamos, se recogen trabajos de estructuralistas, del &lt;i&gt;new criticism&lt;/i&gt;, de rom&#225;nticos, del formalismo ruso, de fil&#243;logos, de narrat&#243;logos contempor&#225;neos. Los autores no dejan de estar al tanto de esta caracter&#237;stica:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class=&quot;spip&quot;&gt;
&lt;p&gt;Nuestra presentaci&#243;n es, en algunas partes, ecl&#233;ctica, pero no compilatoria. El hecho de que no se siga aqu&#237; un &#250;nico paradigma, sino que se re&#250;nen las perspectivas de diferentes tradiciones a fin de desarrollar un modelo de an&#225;lisis de la narraci&#243;n ficcional lo m&#225;s &#250;til posible, esperamos, ser&#225; considerado por las lectoras y los lectores como una ventaja. (Mart&#237;nez y Scheffel, 2011:14)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;De hecho, este eclecticismo manifiesto tiene que ver tanto con el objetivo de unificar un lenguaje espec&#237;fico de la disciplina como con la necesidad de generar un modelo de mayor ajuste descriptivo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por si esto fuera poco, el libro incluye un cap&#237;tulo extenso dedicado a modelos narratol&#243;gicos fuera del marco de la teor&#237;a literaria. Puntualmente, las corrientes extratextuales repasadas son: la socioling&#252;&#237;stica del relato cotidiano de Labov, Waletzky y van Dijk; la psicolog&#237;a cognitiva (Thorndyke, Brewer, Ong); algunas propuestas renovadas de la antropolog&#237;a cultural y la historiograf&#237;a (el caso que toma es el de Hayden White). M&#225;s all&#225; de la fortuna con que logre imponerse o aliarse con estas perspectivas, es ciertamente refrescante leer cualquier pol&#233;mica entre el an&#225;lisis formal y una corriente anal&#237;tica posterior a los a&#241;os 60.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El punto que Mart&#237;nez y Scheffel rescatan de la socioling&#252;&#237;stica es que en su investigaci&#243;n de comportamientos narrativos concretos entendemos algo del orden de la composici&#243;n que resulta dif&#237;cil encontrar de manera tan directa en los relatos ficcionales. Fundamentalmente, que todo relato est&#225; cargado de elementos evaluativos y afectivos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;De una forma parecida la psicolog&#237;a cognitiva vendr&#237;a a confirmar lo mismo desde otro &#225;rea de investigaci&#243;n, pero en este caso se hipotetiza una suerte de dial&#233;ctica din&#225;mica entre la construcci&#243;n de la representaci&#243;n del mundo a partir de las narraciones y la construcci&#243;n de los mundos narrativos a trav&#233;s de nuestra representaci&#243;n del mundo. Resulta particularmente &#250;til, adem&#225;s, para la propuesta te&#243;rica de este libro, la representaci&#243;n cognitiva de las acciones como un mecanismo independiente al &#8220;modo&#8221; en que se las relata; algo que los autores presentan como una confirmaci&#243;n a la separaci&#243;n entre el &#8220;qu&#233;&#8221; (primera parte del libro) y el &#8220;c&#243;mo&#8221; (segunda y m&#225;s abultada parte).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En cuanto a la antropolog&#237;a cultural, no hay ninguna diferencia sustancial que se recupere respecto del an&#225;lisis semi&#243;tico de la &#8220;estructura profunda&#8221; como lo conocemos en L&#233;vi-Strauss; sin embargo, el texto repone el derrotero de una disciplina que ha seguido vigente independientemente en su &#225;rea de inter&#233;s.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Quiz&#225;s el caso de menor di&#225;logo sea el de Hayden White, que los autores se encargan de sintetizar satisfactoriamente pero cuyo potencial de modificaci&#243;n o disputa con la narratolog&#237;a textualista queda completamente abandonado. Sobre todo, m&#225;s all&#225; de una peque&#241;a menci&#243;n, las implicancias que tiene el trabajo de White con la historia respecto de la divisi&#243;n fundamental del libro entre relato ficcional y relato factual quedan hu&#233;rfanas de interpretaciones.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Como toda introducci&#243;n, el libro de Mart&#237;nez y Scheffel se presenta como una oportunidad para abrir el panorama y empezar a conocer las herramientas de una disciplina b&#225;sica de nuestros estudios literarios. Si bien de a tramos carece de la profundidad que un estudioso experimentado desear&#237;a, gracias a su prodigalidad de enfoques logra ser un excelente mapa desde el cual planificar una incursi&#243;n m&#225;s prolongada a otros textos.&lt;/p&gt; &lt;hr class=&quot;spip&quot; /&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt; -Mart&#237;nez, Mat&#237;as y Michael Scheffel. 2011. &lt;i&gt;Introducci&#243;n a la narratolog&#237;a. Hacia un modelo anal&#237;tico-descriptivo de la narraci&#243;n ficcional&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Las Cuarenta.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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