Aproximaciones a la historia de la Teoría Literaria en la carrera de Letras de la UBA

Parte IV (1976-1985)

por Juan Manuel Lacalle, Majo Migliore

En mayo de este año presentamos la tercera entrega de nuestra investigación sobre los programas de Teoría Literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. En esta ocasión abordaremos el período comprendido entre 1976 y 1985, último año en que se dicta “Introducción a la literatura”, en consonancia con la sanción y puesta en práctica gradual del último Plan de Estudios de la carrera. Como es usual, incluiremos al final del artículo los programas digitalizados para que puedan consultar y ver con más detalle. Dado que nos vamos acercando a nuestro presente, quisiéramos adelantar un segundo objetivo general. El siguiente paso, una vez que lleguemos a los últimos años de los programas en esta Universidad, será ampliar el espectro hacia el estudio de la enseñanza de la Teoría Literaria en otras Universidades y ámbitos actuales. En este sentido, quisiéramos comenzar mencionando algunas actividades en las que pudimos participar desde la publicación de la tercera parte, aunque solo sea para que realicen el ejercicio de husmear, a través de los títulos en los programas, qué trabajos se presentaron allí. Entre septiembre y octubre tuvieron lugar las I Jornadas de Teoría Literaria y Práctica Crítica (ver programa), convocadas en torno al centenario del nacimiento de Roland Barthes, en la Universidad Nacional de Mar del Plata y el IV Congreso Internacional Cuestiones Críticas (ver programa) en la Universidad Nacional de Rosario. Sirva también la oportunidad para recordar las publicaciones periódicas dependientes de cada Facultad (nueva invitación a la curiosidad). Recomendamos, entonces, un recorrido por Estudios de Teoría Literaria (UNMdP) y por el sitio del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria (UNR). Por otra parte, el pasado 26 de agosto se realizó un Homenaje a Josefina Ludmer (ver panel) del que participaron una gran cantidad de docentes, investigadores y quienes fueron sus alumnos durante los cursos ofrecidos en el período dictatorial y, sobre todo, en los seminarios de grado y posgrado que se dictaron en 1984 y 1985 que, de alguna manera, anticiparon la cátedra de “Teoría Literaria II”. Quisiéramos, para comenzar, rescatar dos fragmentos del panel que se encuentran relacionados con los años que vamos a transitar. Por un lado, Adriana Rodríguez Pérsico expresaba:

Quiero remontarme más atrás de los seminarios realizados en épocas democráticas. Quiero recordar los años en que grupos de pibes muy jóvenes iniciábamos una búsqueda. Así, de manera intransitiva. Buscábamos conocimientos, guías, ideas, compromisos. Poco antes de la Dictadura encontramos todo eso, y aún más, en los cursos que Josefina Ludmer dictaba en su casa de Viamonte y Riobamba. Estudiamos allí formalismo ruso, semiótica soviética, psicoanálisis, posestructuralismo.

Por otro lado, Claudia Kozak recuerda:

Una carrera de Letras que habíamos cursado en Dictadura y que no nos convencía absolutamente para nada, pero que seguíamos cursando. A mí no me convencía, de eso estoy segura. Y en el año 82, más o menos por esa época, esperábamos ansiosos llegar al ‘cuarto’ de la carrera para cursar Teoría literaria. La única materia de teoría literaria del programa de estudios estaba en el cuarto año, la carrera era escolar. Seis materias anuales todos los años, durante cinco años. En el cuarto estaba teoría literaria. Ansiosamente fuimos al curso que lamentablemente daba Raúl Castagnino. Y la verdad que eso no era teoría literaria. Nosotros no sabíamos, la verdad, qué era teoría literaria, pero nos parecía que eso no podía ser.

¿Teoría Literaria?

La asignatura “Teoría Literaria” aparece enunciada por primera vez en el Plan no aprobado de 1969 donde, en realidad, solo se modificaba el nombre de “Introducción a la literatura” por “Teoría literaria” en el ciclo introductorio (conjuntamente con las “introducciones” a gramática, historia y filosofía). Luego, en 1974 la materia también reemplaza a “Introducción a la literatura” en el denominado ciclo básico. No obstante, como vimos en nuestra entrega anterior, el dictado queda trunco. No deja de resultar irónico que la teoría literaria (siempre y cuando la asociemos con una práctica, compleja y variada, de cuestionamiento permanente) pueda completar su cursada recién en la Dictadura. Otro detalle llamativo es que, si uno hace un recorrido por las tablas de equivalencias de los distintos Planes de Estudio, las asignaturas que analizamos hasta el momento suelen validarse entre sí. Por ejemplo, “Lectura y comentario de textos” por “Introducción a la literatura” o “Introducción a la literatura” por la misma materia en otro Plan. Sin embargo, en las equivalencias para quienes cursaron de acuerdo con el Plan de 1959 y quienes comenzaban con el Plan de 1976, la materia que habilitaba la aprobación de “Teoría Literaria” era un octavo curso de Lenguas Clásicas (a pesar de que hay un lugar dedicado a “asignaturas sin equivalencias”). Esto resulta aún más peculiar cuando vemos que en el Plan de 1976 la materia “Teoría Literaria” ya no es una asignatura introductoria, sino que pertenece a la orientación específica de Letras Modernas. Nos interesa destacar, entonces, no solo que se concluye el dictado sino, también, que a partir de ahora conviven “Introducción” y “Teoría” como dos materias complementarias de una misma formación.

Volviendo a lo que nos compete, “Teoría Literaria” desde su primer dictado completo en 1977, y hasta el fin de la Dictadura, estuvo a cargo del profesor Raúl Castagnino (sobre quien habíamos visto una breve presentación en la segunda parte de este recorrido). Lo primero que cabe aclarar es una pequeña distinción que se da a partir de 1982, cuando se incorpora entre paréntesis el subtítulo “Teoría y fenomenología de la literatura”. [1] Recordemos que la producción de Castagnino durante estos años incluye su Fenomenología de lo poético (1980), además de varios libros dedicados específicamente al arte dramático (hoy en día, el Instituto de Artes del Espectáculo de la Facultad lleva su nombre). La teoría será enunciada en este conjunto de programas como una forma de “introducción al fenómeno literario”.

En el programa de 1977, Raúl Castagnino retoma la estructura de “parte general” y “parte especial” que utilizaba años atrás en los programas de “Introducción”. Quisiéramos destacar el lugar que se da a la ciencia como parte de la tríada que conforma con la crítica y la teoría. Algunas formas puntuales, y no excluyentes, de mencionar esta perspectiva son “ciencia de la literatura” y “ciencia literaria”. En este caso, la parte especial está dedicada a los géneros literarios y a una serie de apartados denominados “categorías del acto creador por la palabra”, que se subdividen en poesía, epos y teatro. Las primeras dos son introducidas como “la experiencia lírica” y “la experiencia narrativa” (que incluye, por ejemplo, la narratología). Esto pasará a renombrarse, tres años después, como “fenomenología de lo poético” y ya para 1981 se decide, también, por las denominaciones “fenomenología del epos” y “fenomenología del hecho teatral”. Retomando el análisis del programa de 1977, en todas las unidades se observa una buena cantidad de bibliografía del propio Castagnino que sería interesante, en otra oportunidad, trabajar separadamente, dado su carácter prolífico. Por último, en el segmento “Fuentes de la teoría literaria” figuran Platón, Aristóteles, Horacio y Boileau. Otros autores que resuenan en la bibliografía son Alfonso Reyes y los ya clásicos Wellek y Warren.

Una pregunta que subyace en todos los programas queda explicitada en 1979: “teoría literaria: ¿introducción apriorística al fenómeno literario o a partir de él?”. Se trata del gran dilema que tenemos como lectores (sobre todo cuando, de alguna manera, conectamos lectura con trabajo y estudio). En 1980 queda aún más claro este movimiento en el punteo del comienzo, especialmente entre el tercero y el quinto ítems (atribuciones apriorísticas, proposiciones simultaneístas y deslindes a posteriori). Por otra parte, y en relación con este interrogante, la conexión entre la teoría literaria y disciplinas afines (enunciada tanto como relaciones “interdisciplinarias” como de “interferencia”) también tiene un lugar particular y ayuda a definir la especificidad de la disciplina, así sea por la negativa. En otro orden, la tercera unidad de 1981 resulta novedosa y anticipa lo que vendrá: “Fenomenología de la recepción del hecho literario”, con apartados sobre elementos activos y pasivos, la idea de coparticipación recreadora y de obras abierta y ambigua. Además de los tres espacios dedicados a la fenomenología de la narrativa, la poesía y el teatro, la serie de “fenomenologías” se amplía hacia la hermenéutica, la ciencia y la expresión.

Uno de los textos que nos gustaría rescatar de la bibliografía de 1982 es Elementos para una teoría del texto literario (1972) de Walter Mignolo, ya que se observa en varias de las unidades. Una curiosidad del programa de 1983 es la inclusión de lecturas de Leonardo Da Vinci en su corpus, en coincidencia con su consideración en Misceláneas de lo literario (1998). Otro aspecto que llama la atención, en contraste con los programas más actuales, es la importancia dada al oficio del escritor y la escritura como práctica, mediante enunciados como: “quehaceres literarios básicos”, “el oficio de escritor”, “artes de escribir”, “Roberto Arlt: escritor fracasado”. En otro orden, la cuarta unidad, sobre la historia y las tradiciones (-ismos y generaciones) concluye: “Aplicación textual: cómo se perfila un gusto literario según diferentes ópticas”. De alguna manera, esto se relaciona con otro tipo de expresiones, no alejadas completamente de las anteriores, como: “hedonismo”, “literatura y sinfronismo”, “literatura de fines evasivos” y “funciones y fines lúdicos de lo literario”.

Si bien detectamos muchos rasgos novedosos (por ejemplo, dedicar una sección a los “enfoques actuales de la teoría literaria”), todavía la “actitud crítica” está más relacionada con el “juicio de valor”. Quedan flotando algunas preguntas fenomenológicas como recordatorio de que lo analizado es solo lo programático y no las clases en sí (acá, nos permitimos remitirlos a los criterios de investigación de nuestra primera entrega). ¿Cuál es el lugar de la experiencia del otro y del lector en este período? ¿La idea de una expresión aislada e incontaminada del mundo implica sacrificar la historia humana? ¿Cómo funciona la relación entre los elementos activos y los pasivos en la literatura? ¿Qué se daba exactamente en esas clases como “coparticipación recreadora”? ¿Cómo es la relación entre la “apertura” y la “ambigüedad” de una “obra”? ¿Qué se decía exactamente sobre la “explicación historicista por lo extratextual”?

El adiós a la introducción

El título “Introducción a la literatura” es acorde con el enfoque didáctico de las cátedras que por estos años se harán cargo de la materia. No olvidemos que se trataba no solo de una asignatura del primer año del Plan de 1976 (junto con “Gramática Española I”, “Introducción a la filosofía”, “Latín y cultura latina I”, “Griego y cultura griega I”), sino que, además, los estudiantes de Letras compartían su cursada con alumnos de carreras distintas. Ellos también la tenían como parte de su formación humanística inicial y esto hacía que la matrícula superase los cuatrocientos alumnos. Pero el abordaje pedagógico trasciende estas circunstancias y tiene que ver, antes que nada, con una manera de concebir la literatura y, sobre todo, con una forma de práctica crítica que se adjudica la función de revelar un mensaje cifrado en los textos.

Desde 1976 hasta la finalización de su dictado, Delfín Leocadio Garasa (para una breve presentación pueden ingresar a nuestro artículo anterior) retoma la titularidad, durante todos los años, de al menos una de las cátedras de “Introducción a la literatura”. Será siempre la persona a cargo con excepción de la segunda cátedra de 1978 (Salvador) y las terceras de 1979, 1980 (Maturo), 1984 y 1985 (Pezzoni). Recordemos que Garasa ya había ocupado ese cargo entre 1963 y 1973. Durante la “primavera camporista” fue expulsado de la Facultad y quedan al frente de la materia Aníbal Ford, Ángel Núñez y Juan Gelman. Garasa vuelve en 1976 y pasa a ser titular de la única cátedra de “Introducción” que se dicta ese año. Es notable que entre su partida y su vuelta los programas no sufran prácticamente ninguna modificación. Si comparamos el de 1973, con el de 1976 podemos ver que las unidades son prácticamente iguales, aunque se estructuren en distinto orden. Veamos en detalle las del programa de 1973: “I. Delimitaciones de la literatura, II. Tendencias fundamentales de la literatura III. Enfoques de la obra literaria, IV. El género narrativo, V. El género dramático”. De hecho, si nos retrotraemos aún más, su primer programa, de 1963, también es muy similar. La gran novedad siempre viene de la mano de una bibliografía permanentemente actualizada. Queremos remarcar una pequeña modificación en la unidad acerca de los “enfoques”. Por un lado, estos son los que se consideran en 1969: “biográfico, histórico, comparativo, estilístico y estructural”. Por otro lado, en el programa de 1976 (y posteriores) encontramos estos otros: “biográfico-psicológico, histórico sociológico (tengamos en cuenta que en 1973 publica su Literatura y sociología), mítico, simbólico o arquetípico, estilístico y estructuralismo literario”. El cambio del enfoque comparativo por el mítico no es menor ya que, como veremos, esta categoría ocupará un lugar central en programas posteriores. La constante es una preocupación por el “ordenamiento del hecho literario” a través de “épocas, ciclos, generaciones”, “movimientos, escuelas, doctrinas” y “géneros”. De todos los criterios clasificatorios, el ordenamiento a través de géneros literarios es el privilegiado por Garasa (de las seis unidades, le dedica tres). Esta preferencia se podía observar en “Teoría literaria”, dado que Los géneros literarios (1969) es su libro más citado en los programas de Castagnino. A propósito de la teoría literaria, la mención brillaba por su ausencia en los programas de “Introducción”. Véase, por ejemplo, la primera unidad de 1978: “Introducción al curso. La obra literaria como hecho estético. Nociones generales sobre lectura, análisis, investigación y crítica literaria”. Si esta última enumeración fuera parte de un programa posterior al 85 sin duda contaría explícitamente con el término “teoría”.

En 1977 encontramos dos cátedras de la materia: una a cargo de Delfín Garasa y otra a cargo de Nélida Salvador [2]. Los programas de ambos continúan con las mismas unidades que ya mencionamos, con distintos corpora, y no podrían ser considerados como dos alternativas de enfoques diversos sino, más bien, como una división administrativa producto de la masividad de la materia. Sin ir más lejos, al año siguiente Garasa figura a cargo de las dos cátedras y se incorporan en la nómina del final dos nuevos docentes: Juan Bautista Aguilar [3] y Elisa Rey [4]. En 1979, por primera vez en la historia, las cátedras son tres: Garasa, Salvador y Maturo. Vemos también que, además de las unidades, se agrega a los programas un texto de fundamentación, ausente en los programas anteriores. Explica en su fundamentación Garasa:

Este curso introductorio a la literatura tiene por objeto brindar al estudiante una serie de conceptos literarios a fin de sistematizar sus lecturas y prepararlo para el estudio de las distintas literaturas nacionales. Para ello se limita inicialmente la noción de obra literaria y su ámbito propio, se dan normas de análisis de texto, se determinan rasgos y orientaciones de las diferentes tendencias literarias y se aborda una problemática de los principales géneros en que la producción literaria se divide.

Notemos que el objetivo del abordaje de tendencias, orientaciones y rasgos es “sistematizar las lecturas” para el estudio de literaturas nacionales y, no obstante un supuesto nacionalismo imperante en el momento, si vamos al corpus concreto, no se incluye ningún texto argentino. En cuanto a los otros dos programas, el que firma Maturo [5] es el que más se distingue. Sin embargo, el padrinazgo de Garasa queda asentado en la nota del final:

El presente programa ha sido elaborado sobre las pautas dadas por el titular de la cátedra en los años inmediatamente anteriores. Dado el carácter introductorio de esta asignatura, se intenta ofrecer un panorama de tendencias y movimientos, y especialmente proveer al estudiante los elementos fundamentales para la lectura, análisis y comprensión del texto literario. En la elección de las obras ha prevalecido la intención de combinar autores antiguos y modernos, y de incluir algunas obras de autores nacionales.

La última afirmación sí quedará plasmada en el corpus, que contiene a escritores como Ernesto Sábato y Leopoldo Marechal. En relación con la estructura del programa es la primera vez desde 1963 que difiere su ordenamiento. Maturo organiza la materia en dos partes: en la primera encontramos una preocupación por definir e historizar la literatura y en la segunda por clasificarla (siempre a partir de los tres géneros más abarcadores que encontrábamos en los programas y en el libro de Garasa: lírico, narrativo y dramático). Algunos ensayos que quisiéramos destacar, para vincular con lo que se puede ir viendo en los programas, son: Claves simbólicas de García Márquez (1972), Introducción a la crítica hermenéutica (1983), La mirada del poeta. Ensayos sobre el conocimiento y el lenguaje poético (1996), Marechal: el camino de la belleza (1999), La opción por América. Ensayos sobre la identidad cultural de América Latina (2009), Cortázar: razón y revelación (2014) y La poesía. Un pensamiento auroral (2014). Vemos aquí tres vertientes que confluyen: el trabajo con autores argentinos y latinoamericanos, la perspectiva teórica (novedosa para la Facultad) de la hermenéutica y la especificidad genérica de la poesía.

Pero volvamos a los programas. En 1980 las cátedras siguen siendo tres. Tomaremos nuevamente el programa de Maturo. Aquí, queremos destacar un cambio en relación con el programa del 1979. La tercera unidad se titula “El mito y la literatura”, es decir, toda una unidad para lo que antes era solo un enfoque. Lo resaltamos porque el análisis fenomenológico y el abordaje de la literatura a partir del mito son marcas propias de la perspectiva de Maturo. En “Hermenéutica nacional”, uno de los capítulos de Políticas de la crítica. Historia de la crítica literaria en la Argentina (1999), Oscar Blanco y Laura Estrín realizan un abordaje del grupo crítico que conforma Maturo con, entre otros integrantes, Lidia Ameztoy, Graciela Ricci, Eugenio Castelli y Edelweiss Serra. Algunos aspectos descriptos por Blanco y Estrín sobre la perspectiva teórica del grupo, nos servirán para comprender mejor los programas de Maturo, ya que la práctica crítica está ineludiblemente entramada, de una u otra manera, con la práctica docente: 1) la necesidad por encontrar un “más allá del símbolo”, teniendo en cuenta que la hipótesis semiológica fundante de este tipo de crítica se encuentra por fuera de la obra misma, en una especie de trascendencia; 2) la superficialidad en lo que respecta a postulaciones con algún compromiso teórico-crítico que, paradójicamente, se anuncia como una búsqueda de la profundidad del texto; 3) la “cita constante del objeto analizado”, relacionada con “el carácter mediador de la crítica, que ocupa exactamente el marco del símbolo”; 4) el rescate de algunas motivaciones éticas de esos escritores; 5) por último, y volviendo al comienzo, el carácter pedagógico en la textualidad de la propia crítica.

El programa de Garasa también se modifica en 1980. Esta vez dedica unidades enteras a algunos enfoques (ahora denominados “métodos”). Recuérdese que antes todos formaban parte de una misma unidad. De todos los métodos, Garasa indica que se verán los aportes de determinada corriente, lo que en alguna medida implica un reconocimiento. Por eso llama la atención que en la unidad sobre la “historicidad del hecho literario” Garasa tome otra postura: “Concepciones deterministas. Puntualizaciones y límites de la relación literatura-sociedad”. Se busca, así, desarrollar los puntos de vista extrínseco e intrínseco a la obra para que el alumno “entre en posesión” de los elementos que le permitirán una “lectura inteligente”. En lo que se refiere al programa de Nélida Salvador, no dedica unidades a los enfoques, aunque sí les cambia el nombre. En vez de anteponer a cada uno la palabra “enfoque”, Salvador agrega la palabra “crítica”, cuestión que no es menor: “crítica tradicional”, “crítica histórico pedagógica”, “crítica biográfico- psicológica”, para ejemplificar. Otro tipo de crítica, aparentemente más transversal y no ligada ya con el gusto, comienza a hacerse un hueco en los programas.

En 1981 y 1983 Garasa firma los programas de todas las cátedras que dictan clases esos años. Los cambios que habíamos visto en los programas de 1979 y 1980 ya no figuran (más allá de que, seguramente, en todos esos años pudieron haber existido variaciones que no se reflejaban en la letra). En 1982, si bien Garasa es el titular que firma en primer lugar, se observa en los programas cierta estructura coincidente con los anteriores de Maturo y Salvador. Un dato curioso es que en octubre de 1983 Graciela Maturo organiza unas Jornadas en la Facultad, vinculadas con el nuevo enfoque hermenéutico y fenomenológico, para las que se trajo al propio Paul Ricoeur. De este evento queda un pequeño testimonio en su libro La razón ardiente. Aportes para una teoría literaria latinoamericana (2004).

Finalmente, en 1984 y 1985 ocurre algo inédito: cada cátedra tiene un programa diverso. Uno es semejante al de Maturo de 1980 (en donde se da un lugar preponderante al mito), el otro tiene reminiscencias con el de Nélida Salvador de ese mismo año y el tercero será firmado por primera vez por Enrique Pezzoni. Quedará, entonces, para un próximo encuentro el análisis de los programas de “Introducción a la literatura C” de 1984 y 1985 a cargo de Pezzoni, dado que anticipan lo que vendrá: el nuevo Plan de Estudios, la flamante “Teoría y Análisis Literario” (o literarios, a menos que la concepción teórica sea aún menos estrecha que la nuestra y más general) y las teorías literarias II y III.

Coda

José Luis De Diego señala en el cuarto capítulo de su tesis:

En paralelo, las respuestas de Antonio Pagés Larraya, Arturo Berenguer Carisomo, Raúl Castagnino o Jorge Cruz parecen confirmar, desde la explicitación de sus preferencias literarias y tendencias críticas, la obsolescencia de que se los acusa. Esta línea divisoria entre unos y otros se fracturará en años de la recuperación de la democracia y la disputa por las cátedras universitarias será el escenario de un progresivo desplazamiento de los viejos profesores, quienes de ser portadores de las ’concepciones arcaicas’ pasaron a ser identificados como los ’profesores de la dictadura’.

La vuelta de la democracia hacia fines de 1983 y la paulatina reorganización de la Universidad y de la carrera de Letras nos conducen a una nueva etapa. Nuevos actores pisan el suelo de la Facultad. Unos vuelven del exilio, otros de la denominada “universidad de las catacumbas". También arriban profesores que durante la Dictadura habían optado por espacios no tan intervenidos, como el profesorado Joaquín V. González. Otros no podrán volver. Dejamos, a modo de yapa (y porque probablemente no nos volvamos a encontrar hasta el año próximo), un adelanto en forma de coda, de los programas de los seminarios dictados durante estos años de transición por Nicolás Bratosevich, Héctor Libertella, Josefina Ludmer y Nicolás Rosa; todos ellos conectados con lo que entendemos por teoría y, como resonará aún más por estos años, crítica literarias. Los dejamos, de esta manera, oyendo, hasta su paulatina extinción, el último acorde. Cada uno decida cuándo se apaga.

Bibliografía

Fuentes:

Los Programas de la FFyL de la UBA entre 1976 y 1985 editados por “Publicaciones de la FFyL” fueron consultados en la Biblioteca Central Prof. Augusto Raúl Cortázar. A continuación presentamos algunos programas digitalizados a modo de ejemplo:

Introducción a la literatura

1976 (Garasa) - 1977 (A-Garasa) - 1977 (B-Salvador) - 1978 (TM) - 1978 (TT) - 1979 (A-Garasa-Rey) - 1979 (B-Salvador-Aguilar) - 1979 (C-Maturo) - 1980 (A-Garasa-Rey) - 1980 (B-Salvador) - 1980 (C-Maturo) - 1981 (A-Garasa-Salvador-Rey) - 1981 (B-Garasa-Maturo-Aguilar) - 1982 (A-Garasa-Salvador-Rey) - 1982 (B-Garasa-Maturo-Aguilar) - 1983 (A-Garasa-Salvador-Rey) - 1983 (B-Garasa-Maturo-Aguilar) - 1984 (A-Garasa) - 1984 (B-Garasa) - 1984 (C-Pezzoni) - 1985 (A-Garasa-Salvador-Rey) - 1985 (B-Garasa) - 1985 (C-Pezzoni)

Teoría Literaria

1977 - 1978 - 1979 - 1980 - 1981 - 1982 - 1983 - 1984 (Castagnino)

Seminarios

Josefina Ludmer

1985 - “Algunos problemas de teoría literaria” - 1985 - “Problemas del género gauchesco” 1984 - “Formas narrativas en la obra de A. Roa Bastos” 1984 - “Qué se lee en la literatura”

Héctor Libertella

1984 - “La crítica literaria en Hispanoamérica”

Nicolás Bratosevich

1985 - “Análisis semiótico-literario”

Nicolás Rosa

1985 - “Análisis textual de El entenado de J. J. Saer”

Bibliografía secundaria:

De Diego, Jośe Luis (2000). Campo intelectual y campo literario en la Argentina (1970-1986), Tesis de Posgrado presentada en la Universidad Nacional de La Plata (FaHCE).

Rosa, Nicolás et. al. (1999). Políticas de la crítica. Historia de la crítica literaria en la Argentina, Buenos Aires: Biblos.

Notas

[1] En relación con esto, y con el aporte que también Graciela Maturo hará desde esta nueva perspectiva en “Introducción”, resulta interesante, si bien tangencial, este artículo sobre la influencia de la fenomenología en el pensamiento de Amado Alonso.

[2] Nélida Salvador nació en 1932 en Mendoza y publicó una gran cantidad de libros de poemas y trabajos de investigación sobre Macedonio Fernández, Macedonio Fernández, creador de lo insólito (2003) y Macedonio Fernández. Precursor de la antinovela (1986). Además, escribió ensayos sobre revistas argentinas de vanguardia y varios libros de poesía. Entre ellos: Tránsito ciego (1958), Las fábulas insomnes (1962), Canto de extramuros (1963), Al acecho (1966), Tomar distancia (1980). Su poesía completa fue reunida por Corregidor bajo el título Clave del mundo. Obra poética (1958-1992).

[3] Entre las publicaciones de Juan Bautista Aguilar encontramos Romanticismo. Caracterización. Polémicas. Bibliografía (1965) escrito en colaboración con Teresita Frugoni de Fritzsche y Ubicación literaria y espiritual de Joaquín V. González (1959).

[4] Elisa Rey colaboró en el libro de Garasa Introducción a la literatura universal y es autora de artículos sobre Borges como, por ejemplo, “Borges o la pregunta por el ser” (1998-9) y “Polifonía y contrapunto en la narrativa de Borges”, y sobre García Lorca, “La negación de sentido en la lírica de Federico García Lorca” (1999), entre otros. Publicó en colaboración con Walter Rela el libro Felisberto Hernández: una valoración crítica. Recientemente manifestó públicamente su compromiso político, en tanto intelectual, con la alianza “Cambiemos” liderada por el PRO y Mauricio Macri.

[5] Graciela Maturo nació en 1928 en Santa Fe, estudió Letras en la Universidad de Cuyo y se doctoró en la Universidad del Salvador. En 1958 funda un “Grupo de amigos de la poesía” y entre 1960 y 1965 dirige la revista Azor, promovida por el mismo equipo. Antes de concursar su cargo de Adjunta en “Introducción a la literatura”, se abocó a la investigación en el Instituto de Literatura Argentina “Ricardo Rojas”, dirigido en aquel momento por Pagés Larraya. En 1969 empieza a dar clases en “Introducción” y cuando Paco Urondo asume la dirección del Departamento de Letras, se le ofrece a Maturo presentar algún proyecto para continuar en la Facultad. Ante esta posibilidad, presenta el “Seminario permanente de literatura latinoamericana”. Luego sí, retoma el dictado de las clases en “Introducción”. Durante ese período dirige la revista Megafón (1975-1989) y publica numerosos ensayos y poemarios. Entre otros poemarios publicó: Un viento hecho de pájaros (1960-9), El rostro (1961), El mar que en mí resuena (1965), Habita entre nosotros (1968), Canto de Eurídice (1982), Memoria del trasmundo (1995), Canto de Orfeo y Eurídice (1997), Cantata del Agua (1998) y en 2008 el Fondo Nacional de las Artes editó su Antología poética.

Para contactar a los autores escribir a:

lacallejuanmanuel@gmail.com
mariajosemigliore@gmail.com