Revista Luthor, nro. 63 (octubre 2026)ISSN 1853-3272

Reseña

El placer como problema

Sobre Por un mañana voluptuoso de Bruno Grossi y Alain Robbe-Grillet

Franco J. Mateu

Reseña de Por un mañana voluptuoso, de Bruno Grossi y Alain Robbe-Grillet, que reivindica el erotismo y la pornografía como problema estético frente a la moral ascética y a la teoría crítica académica. Se lee el libro con las categorías de Rita Felski (encantamiento, shock, reconocimiento) como una intervención contra la hermenéutica de la sospecha vuelta hábito. Su apuesta es una crítica que reconozca el placer como forma de conocimiento y al lector como un cuerpo.


Por un mañana voluptuoso podría tener la rara virtud de irritar a casi todos. A quienes profesan la moralidad de izquierda en sus variantes más ascetas les resultará sospechoso en tanto monta una defensa teórica del erotismo y la pornografía. A quienes profesan la teoría crítica en sus variantes más académicas les parecerá frívolo, complaciente, evasivo. Este doble rechazo no es accidental: es exactamente el terreno en el que el ensayo de Bruno Grossi -y los textos de Alain Robbe-Grillet que lo acompañan- elige instalarse y desde el que formula sus apuestas más originales.

La estructura del volumen abre con “Pornografía abstracta”, un extenso ensayo introductorio de Grossi que, con rigor y elegancia, reconstruye la dimensión erótica y sensorial de la obra tardía de Robbe-Grillet, dimensión que la crítica temprana —con Barthes y Foucault a la cabeza— había sistemáticamente desatendido o traducido de inmediato al vocabulario del estructuralismo primero, de la deconstrucción y la distancia crítica luego, del feminismo al final. Le siguen tres ensayos y dos entrevistas del propio Robbe-Grillet, en los que el autor de El año pasado en Marienbad expone, con su habitual mezcla de provocación y rigor, su programa erótico-estético: una defensa de la superficie brillante, del placer sensible, de la pornografía como cuestión estética y no meramente moral.

Las hipótesis de Grossi son, en su formulación más condensada, las siguientes: que la crítica ha impuesto a Robbe-Grillet una imagen formalista e impersonal que obtura los elementos subjetivos, oníricos, violentos y eróticos que pueblan su obra desde los años sesenta; que la dimensión sensorial de esa obra demanda otra lógica de lectura, capaz de atender a las atracciones elementales y a la fascinación que los cuerpos, objetos y superficies generan en el lector-espectador; y que ese dispositivo singular -la alianza entre autorreferencialidad formal, material sexual cargado de agresividad y voluntad política emancipatoria- exige una reflexión estética que piense simultáneamente las “salidas del texto” (Barthes 1984) y su relación paradójica con las exigencias ético-políticas.

Por su parte, los textos de Robbe-Grillet reunidos en el volumen formulan sus propias apuestas: contra la posición prohibicionista que supone que las imágenes sexuales provocarán en el lector una mimética reproducción de su violencia, el escritor francés postula el valor catártico de la pornografía, su capacidad para resignificar las pasiones; y contra la estética humanista que cifra el valor del arte en la elevación espiritual del individuo, reclama el derecho soberano del placer sensible, sin la coartada de una profundidad que lo ennoblezca.

Ambas propuestas son, en cualquier lectura académica convencional, fácilmente calificables de decadentes, evasivas y acríticas. El elogio del placer, la defensa de lo superficial, la reivindicación de la pornografía como problema estético legítimo: todo ello suena, desde cierta izquierda cultural, a concesión al mercado, a frivolidad burguesa, a despolitización. Y sin embargo, es precisamente aquí donde el libro se vuelve más interesante, porque instala la pregunta por el placer allí donde el pensamiento crítico acostumbra a introducir el recelo: en el cuerpo del lector, en su participación física más que intelectual con la obra de arte.

Es aquí donde resulta productivo leer este libro desde el proyecto poscritico de Rita Felski, tal como lo formula en su influyente, aunque poco transitado en Argentina, Uses of Literature (2008). Felski parte de un diagnóstico que Grossi comparte (o imagino que comparte) aunque no cite: la hermenéutica de la sospecha se ha vuelto, en el ámbito académico, un hábito automatizado, una postura de vigilancia permanente que lee contra el placer, asumiendo el peor escenario posible y redescubriendo su propio pronóstico sombrío en cada texto. “When skepticism has become routinized, self-protective, even reassuring -escribe Felski-, it is time to become suspicious of our entrenched suspicions” (2008, p22). Frente a esa hermenéutica de la sospecha, Felski propone no abolir la reflexión conceptual sino devolverle peso igual a los aspectos cognitivos y afectivos de la respuesta estética, reconocer que la literatura tiene un “visceral impact on our psyche” (2008, p16) que la crítica ha descuidado sistemáticamente. En este sentido, el libro de Grossi y Robbe-Grillet puede leerse como un caso ejemplar de lo que Felski dice de los modos de relación que la obra de arte genera:

1) El encantamiento es, para Felski, un estado de intensa implicación, una sensación de estar tan enteramente absorbido en un objeto estético que nada más parece importar. Se trata de una experiencia de intensidad perceptiva y afectiva, comparable a la embriaguez o al sueño, en la que la parte analítica de la mente retrocede y el lector es atraído irresistiblemente hacia el texto. Es lo que Grossi argumenta acerca de la obra de Robbe-Grillet:

Solo basta recordar las gomas de borrar en Las gomas, el ciempiés en La celosía, la nieve en En el laberinto, la caricia que deviene estrangulamiento en La inmortal, la escenificación de la mujer encadenada en Trans-Europ-Express, la fábrica en El edén y después o la motociclista entallada en cuero de La bella cautiva para que se restituya una vertiginosa sensación de vida, para que una certeza magnética, eléctrica o animal se despierte en nosotros, para que, en suma, los signos abstractos se conviertan en una existencia casi háptica (2026, p39)

Estos elementos no demandan una lectura cognitivo-interpretativa sino una participación más física que intelectual. La categoría de fascinación atraviesa así el ensayo de Grossi, aunque el autor no la desarrolle de manera sistemática. Cuando habla de la “dialéctica de fascinación y distancia crítica” (2026, p13) en los relatos de Robbe-Grillet, cuando describe cómo “la fascinación que nos había poseído”(2026, p16) es interrumpida de forma disonante en una escena clave de Trans-Europ-Express, cuando señala que “un cierto pudor teórico es lo que ha impedido asumir la importancia de dichas atracciones elementales y estúpidas como la causante secreta de la fascinación por su obra” (2026, p39): en todos esos momentos, Grossi está describiendo fenómenos que Felski elogia y que la crítica ha tendido a demonizar como pasividad o a traducir de inmediato al lenguaje de la desmitificación.

2) El libro de Grossi también convoca lo que Felski llama shock: la experiencia de ser perturbado, desestabilizado, sacudido por lo que uno lee. El imaginario sado-másoquista de Robbe-Grillet, la descripción lenta y obsesiva de la tortura a una jovencita en “Historia de ratas”, el erotismo frío y asocial que el francés reivindica: todo ello produce en el lector afectos intensos -ya sean de placer o de rechazo- que no pueden ser neutralizados por ningún procedimiento crítico. Es precisamente ese carácter perturbador, ese potencial para generar zozobra en el lector, lo que hace que la obra de Robbe-Grillet sea difícil de domesticar bajo ningún programa político o moral. Y es exactamente eso lo que la crítica convencional ha tendido a gestionar traduciendo la incomodidad en distancia analítica.

3) A la vez, hay en el libro una lógica de reconocimiento -otra de las categorías de Felski-aunque invertida: lo que el lector reconoce en la obra de Robbe-Grillet no es una imagen consoladora de sí mismo sino, por el contrario, una zona oscura y perturbadora de su propia vida afectiva y erótica. El libro nos propone que la pornografía abstracta del francés dice algo verdadero acerca de cómo funcionan el deseo, el placer y la violencia en nuestra experiencia cotidiana, algo que la moral convencional suprime y que la crítica teórica sublima en jerga especializada.

La identificación de las categorías felskianas en Grossi/Robbe-Grillet sería ociosa si estas no nos permitirían figurar un movimiento revulsivo que el propio libro dibuja en filigrana. Porque de hecho Por un mañana voluptuoso resulta, así leído, algo más que un libro de crítica literaria: es una intervención sobre cómo se lee, cómo se piensa y cómo se escribe en el espacio académico, pero también sobre qué rol ocupa el placer en esa determinada configuración. Y en esa dimensión, la tentativa de Grossi es prácticamente única en Argentina y en América Latina, campos académicos reacios, históricamente, a reconocer que la relación con la literatura pasa por el cuerpo, por los afectos, por la zozobra y el encantamiento, antes que por la lucidez desmitificadora y el compromiso político. Sin embargo uno podría pensar que esas posiciones no están completamente ausentes de nuestras discusiones, aunque a decir la verdad uno está tentado de afirmar que estas son más declaradas que practicadas: el cuerpo tan abusivamente comentado siempre fue el ajeno, nunca el propio. De hecho, el academicismo latinoamericano, en sus variantes más dominantes, ha sido durante décadas solemne aun cuando buscara afirmar la desterritorialización y la libre circulación de los flujos libidinales: implícita o explícitamente se asumió que la misión del intelectual era develar las estructuras ocultas del poder, desenmascarar las ideologías dominantes, producir lecturas que interrumpan la recepción ingenua y encandilada de los lectores comunes.

No faltará por lo tanto quienes vinculen las ideas del libro con el turbo-capitalismo, la subjetividad individualista y la prácticas consumistas en boga. No obstante, lejos de buscarle la falta y querer correrlo por izquierda sería interesante invertir, aunque sea por un momento, el orden de la prueba: qué es lo que el libro ilumina sobre aquellos que podrían criticarlo. Sobre todo porque el espíritu crítico universitario, que tiene su genealogía en el marxismo, el posestructuralismo, los estudios culturales y el feminismo en su versión más moralizante, fue durante años sumamente rentable en términos académicos y discursivos: producía cierta imagen del intelectual como figura vigilante, autónoma, inmune a los efectos que denuncia, pagado de sí mismo y muy optimista sobre sus efectos políticos. El problema, que la realidad argentina de los últimos años vuelve imposible de ignorar, es que ese optimismo resultó radicalmente infundado. Quince años de inversión masiva en pensamiento crítico no solo no produjeron el efecto emancipatorio esperado, sino que, por una astucia irónica de la historia, desembocaron en el triunfo del neoliberalismo más salvaje y de una derecha cuasi fascista que hace del anti-intelectualismo su más eficaz argumento electoral. El pensamiento crítico no solo no evitó ese desenlace: en cierto modo lo propició, al producir un campo intelectual encerrado en sus propios códigos, cada vez más alejado de las experiencias afectivas y materiales de los sectores a los que decía representar.

En ese contexto, la propuesta de Grossi adquiere una urgencia que trasciende el interés por un oscuro escritor francés. No se trata, claro, de que el erotismo de Robbe-Grillet vaya a resolver ningún problema político; se trata de algo más modesto y quizás más importante: se trata de reconocer que el placer no es una concesión a la ideología sino una forma de conocimiento; y que ningún pensamiento crítico que ignore esa dimensión puede aspirar a transformar algo. En su ensayo Felski dice: “My argument is not a populist defense of folk reading over scholarly interpretation, but an elucidation of how, in spite of their patent differences, they share certain affective and cognitive parameters” (2008, p14). Algo análogo puede decirse de Por un mañana voluptuoso: no es una reivindicación del consumo acrítico de pornografía ni una renuncia a la reflexión conceptual. Es, más bien, la apuesta por una crítica que incorpore la fascinación peligrosa como parte constitutiva de su objeto y de su método; que reconozca que el lector es un cuerpo antes que una conciencia vigilante; y que el placer, incluso el placer oscuro e incómodo que propone Robbe-Grillet, merece un pensamiento que esté a su altura. Para esas ideas, en Argentina y en América Latina, casi no hay tradición. Por un mañana voluptuoso comienza a crearla.

Referencias bibliográficas

Barthes, R. (1984) Las salidas del texto. En El susurro del lenguaje. Buenos Aires: Paidós, [1972]

Felski, R. (2008) Uses of literature. Oxford-Malden: Blackwell

Grossi, B.; Robbe-Grillet, A. (2026), Por un mañana voluptuoso, Santiago de Chile-Rosario: Bulk editores-Nube Negra.